domingo, 24 de septiembre de 2017

[Biblico] Semana del 7 al 13 de mayo de 2017

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Servicio Bíblico Latinoamericano
Semana del 30 de Abril al 6 de Mayo de 2017 – Ciclo A

Servicio Bíblico Latinoamericano
Semana del  7 al 13 de mayo del 2017 – Ciclo A
 Domingo 7 de mayo de 2017
4º Domingo de Pascua
María de San José (1967)

Hch 2,14a.36-41: Dios lo ha constituido Señor y Mesías
Salmo 22: El Señor es mi pastor, nada me falta
1Pe 2,20b-25: ¿Qué mérito tiene aguantar golpes cuando uno es culpable?
Jn 10,1-10: Yo soy la puerta de las ovejas



La 1ª lectura, tomada del libro de los Hechos, pertenece al discurso de Pedro, ante el pueblo reunido en Jerusalén, a raíz del hecho de Pentecostés. Después de interpretarles el fenómeno de las lenguas diversas en que hablaban los discípulos invadidos por el Espíritu Divino, Pedro evoca ante ellos la vida y la obra de Jesús, y les anuncia el "Kerygma", la proclamación solemne de la Buena Nueva, del Evangelio: Cristo ha muerto por nuestros pecados, ha sido sepultado y al tercer día Dios lo hizo levantarse de la muerte librándolo de la corrupción del sepulcro y sentándolo a su derecha, como habían anunciado los profetas. El texto es ya, evidentemente, una primera elaboración teológica del llamado «kerigma», o síntesis o núcleo de la predicación, no es lo que realmente pudo decir Pedro.
Lógicamente, esa formulación del kerigma está condicionada por su contexto social e histórico. No es que porque aparezca en el Nuevo Testamento ya haya de ser tenida como intocable e ininterpretable. Las palabras, las fórmulas, los elementos mismos que componen ese kerigma, hoy nos pueden parecer extraños, pueden incluso resultar ininteligibles para la mentalidad actual. Es normal, y por eso la comunidad cristiana tiene el deber de evolucionar, de recrear los símbolos. La fe no es un «depósito», donde estaría retenida y guardada, sino una fuente, un manantial, que se mantiene idéntico a sí mismo precisamente entregando siempre agua nueva.
En los países tropicales son casi desconocidos los rebaños de ovejas, cuidadas por su pastor. Eran y son muy comunes en el mundo antiguo de toda la cuenca del Mediterráneo. Muy probablemente Jesús fue pastor de los rebaños comunales en Nazaret, o acompañó al pastoreo a los muchachos de su edad. Por eso en su predicación abundan las imágenes tomadas de esa práctica de la vida rural de Palestina. En el evangelio de Juan la sencilla parábola sinóptica de la oveja perdida (Mt 18,12-14; Lc 15,3-7) se convierte en una bella y larga alegoría en la que Jesús se presenta como el Buen Pastor, dueño del rebaño por el cual se interesa, no como los ladrones y salteadores que escalan las paredes del redil para matar y robar. Él entra por la puerta del redil, el portero le abre. El saca a las ovejas a pastar y ellas conocen su voz. La alegoría llega a un punto culminante cuando Jesús dice ser "la puerta de las ovejas", por donde ellas entran y salen del redil a los pastos y al agua abundante. Por supuesto que en la alegoría el rebaño, las ovejas, somos los discípulos, los miembros de la comunidad cristiana. La alegoría del Buen Pastor está inspirada en el largo capítulo 34 del profeta Ezequiel en el que se reprocha a las autoridades judías no haber sabido pastorear al pueblo, y Dios promete enviar para ello a un descendiente de David.
La imagen del Buen Pastor tuvo un éxito notable entre los cristianos quienes, ya desde los primeros siglos de la Iglesia, representaron a Jesús como Buen Pastor cargando sobre sus hombros un cordero o una oveja. Tales representaciones se conservan en las catacumbas romanas y en numerosos sarcófagos antiguos de distinta procedencia. La imagen sugiere la ternura de Cristo y su amor solícito por los miembros de su comunidad, su mansedumbre y paciencia, cualidades que se asignan convencionalmente a los pastores, incluso su entrega hasta la muerte, pues, como dice en el evangelio de hoy "el buen pastor da la vida por sus ovejas".

La imagen de «ovejas y pastores» ha de ser manejada con cuidado, porque puede justificar la dualidad de clases en la Iglesia. Esta dualidad no es un temor utópico, sino que ha sido una realidad pesada y dominante. El Concilio Vaticano I (1869) declaró: «La Iglesia de Cristo no es una comunidad de iguales, en la que todos los fieles tuvieran los mismos derechos, sino que es una sociedad de desiguales, no sólo porque entre los fieles unos son clérigos y otros laicos, sino, de una manera especial, porque en la Iglesia reside el poder que viene de Dios, por el que a unos es dado santificar, enseñar y gobernar, y a otros no» (Constitución sobre la Iglesia, 1870). Pío XI por su parte escribió: «La Iglesia es, por la fuerza misma de su naturaleza, una sociedad desigual. Comprende dos categorías de personas: los pastores y el rebaño, los que están colocados en los distintos grados de la jerarquía, y la multitud de los fieles. Y estas categorías, hasta tal punto son distintas entre sí, que sólo en la jerarquía residen el derecho y la autoridad necesarios para promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y seguir dócilmente a sus pastores» (encíclica Vehementer Nos, 1906). La verdad es que estas categorías de «pastores y rebaño», a lo largo de la historia de la Iglesia han funcionado casi siempre –al menos en el segundo milenio– de una forma que hoy nos resulta sencillamente inaceptable. Hay que tener mucho cuidado de que nuestra forma de utilizarlas no vehicule una justificación inconsciente de es dualidad de clases en la Iglesia.
El Concilio Vaticano II (1962-65) supuso un cambio radical en este sentido, con aquella su insistencia en que más importante que las diferencias de ministerio o servicio en la Iglesia es la común dignidad de los miembros del Pueblo de Dios (el lugar emblemático sobre esto es el capítulo segundo de su declaración Lumen Gentium).
Como es sabido, en las últimas décadas se dio un retroceso claro hacia una centralización y falta de democracia. La queja de que Roma no ha valorado la «colegialidad episcopal» ha sido un clamor universal. La práctica de los Sínodos episcopales que se puso en marcha tras el Concilio, fue rebajada a reuniones meramente consultivas. Las Conferencias Episcopales Nacionales, verdaderos símbolos de la renovación conciliar, fueron declaradas por el cardenal Ratzinger como carentes de base teológica. Los «consejos pastorales» y los «consejos presbiterales» establecidos por la práctica posconciliar como instrumentos de participación y democratización, casi fueron abandonados, por falta de ambiente. La feligresía de una parroquia, o de una diócesis, puede tener unánimemente una opinión, pero si el párroco o el obispo piensa lo contrario, no hay nada que discutir en la estructura canónica clerical y autoritaria vigente actualmente en la Iglesia. «La voz del Pueblo, es la voz de Dios»... en todas partes menos en la Iglesia, pues en ésta, la única voz segura de Dios es la que declare la Jerarquía. Así la Iglesia se ha convertido –como ha repetido con frecuencia Hans Küng– en «la última monarquía absoluta de Occidente». A quien no está de acuerdo se le responde que «la Iglesia no es una democracia», y es cierto que no lo es, porque es mucho más que eso: es una comunidad, en la que todos los métodos participativos democráticos deberían quedarse cortos ante el ejercicio efectivo de la «comunión y participación». En semejante contexto eclesial, ¿se puede hablar de «el buen pastor y del rebaño a él confiado» con toda inocencia e  ingenuidad? El Concilio Vaticano II lo dijo con su máxima autoridad: «Debemos tener conciencia de las deficiencias de la Iglesia y combatirlas con la máxima energía» (Gaudium et Spes 43).
En la Iglesia de Aquel que dijo que «quien quisiera ser el primero sea el último y el servidor de todos», en algún sentido, todos somos pastores de todos, todos somos responsables y todos podemos aportar. No se niega el papel de la coordinación y del gobierno. Lo que se niega es su sacralización, la teología que justifica ideológicamente el poder autoritario que no se somete al discernimiento comunitario ni a la crítica democrática. ¿Que la Iglesia no es una democracia? Es cierto, debe ser mucho más que una democracia. Y, desde luego: no ha de ser un «rebaño». 

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 104 de la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El pastor y el lobo». 

Para la revisión de vida

          La imagen del Buen Pastor debe evocar en nosotros a esa persona que cuida y protege las ovejas encomendadas a su cuidado. ¿Tengo yo esa sensación de paz, seguridad y confianza que debe darme el sentirme en buenas manos, en las manos de Dios Padre que "pastorea mi alma"?

Para la reunión de grupo

-              Jesús resucitado es nuestro Maestro y Pastor, que nos muestra el camino que nos lleva a la Vida. Pero, a pesar de las advertencias de Jesús, luego nos hemos echado encima muchos «pastores», que muchas veces sólo son asalariados, o funcionarios, cuando no ambiciosos y engreídos, que quieren suplanta al único Pastor y que "sólo se predican a sí mismos". No puede ocurrir que, en la práctica, el pastoreo de Jesús queda opacado por tantos otros pastores intermedios que acaben impidiéndonos tener con él una relación tan directa con él como la que puede tener cualquier otro "pastor intermediario". ¿No habría que rescatar la idea de que, en realidad, Pastor sólo hay uno y todos nosotros tenemos igual derecho de relación directa con él?
-              La "apertura a los gentiles" que se dio en los tiempos primeros del cristianismo, no es un tema cerrado y concluido. Tiene proyecciones ulteriores en la historia colectiva de los discípulos, que siempre tienen que ir saliendo de sus guetos y abriéndose a nuevas formas de "gentilidad". ¿Será que también hoy la Iglesia está –estamos– muy encerrada en su lenguaje, en sus cosas, en un envejecido e inamovible estilo de celebrar, de creer, de organizar... que mantiene alejados a muchos "gentiles" de buena voluntad? Hoy los gentiles que esperan se les dé una buena noticia son el mundo de la increencia, de los alejados, los no practicantes, los que huyen de nuestra fría iglesia hacia experiencias religiosas más cálidas... ¿Qué deberíamos abrir? ¿Qué deberíamos abandonar? ¿Qué se debería incorporar?
-              Leer y comentar los párrafos del Vaticano I y de Pío XI transcritos en el comentario de más arriba. Compararlos con lo que dice el Vaticano II en el capítulo segundo de la Lumen Gentium, o concretamente en su número 32. Comentar.

Para la oración de los fieles

-              Para que quienes ejercen su ministerio en la Iglesia lo hagan desde el servicio y no desde el autoritarismo o el afán de dominio. Roguemos al Señor...
-              Para que los pobres y explotados de nuestra sociedad encuentren siempre en los cristianos apoyo y solidaridad. Roguemos...
-              Para que todos aquellos que escuchan la voz del Señor llamándoles al servicio de la Comunidad, respondan con valentía al llamado del Espíritu. Roguemos...
-              Para que los gobernantes estén siempre atentos a las inquietudes y necesidades de los pueblos, y den justa respuesta a sus aspiraciones de paz, justicia e igualdad. Roguemos...
-              Para que todos los que sufren persecución por causa de su fidelidad al Reino, se mantengan firmes y nunca duden del Amor de Dios, que resucita a los muertos. Roguemos...

Oración comunitaria

          Pastor bueno, puerta de la Vida, cuida de todos nosotros, y ya que nos alegramos por la alegría de la Pascua, danos fuerza para trabajar con coraje por el Reino, y el gozo de verlo crecer poco a poco en el mundo, de modo que la fraternidad universal sea cada día más real entre nosotros. Nosotros te lo pedimos con la mirada puesta en Jesús de Nazaret, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.

          Dios, nuestro Padre-Madre, que has dado a la Iglesia el gozo pascual de la Resurrección; concédenos también la paz y la confianza de saber que, en medio de los problemas y las dificultades de la vida, que nunca faltan, estamos siempre en tus manos, pues nos has hecho hijos e hijas tuyos y nada hemos de temer. Nosotros te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Buen Pastor. Amén.


Lunes 8 de mayo de 2017
Nuestra Señora de Luján. Pedro de Tarantasia (1174)

Hch 11,1-18: También a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión
Salmo 41: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo
Jn 10,11-18: El buen pastor da la vida por las ovejas



El Evangelio de Juan se escribió casi al final del siglo primero. Las comunidades recuerdan las palabras dichas por Jesús y además, las van complementando con lo que ya conocen de su pascua. Saben que realmente el Buen Pastor dio su vida por sus ovejas en la Cruz y saben que sus palabras fueron verdaderas porque el Padre Dios lo resucitó. La entrega martirial de Jesús les ha demostrado que en verdad es el Pastor que ha amado a su rebaño hasta el extremo. En este texto, también hay una denuncia contra los pastores que han olvidado a Jesús. Tal vez comenzaron como buenos pastores pero la rutina, el afán de poder o riquezas, los halagos de la vida cómoda los fue llevando a dominar al rebaño. Seguir al Buen Pastor exige conocerlo, escucharlo y amarlo. La Iglesia es una comunidad de hermanos y hermanas iguales en dignidad, en la que se diferencian carismas y servicios. Que el Espíritu nos ayude a ser la comunidad que da testimonio de Jesús Buen Pastor.


Martes 9 de mayo de 2017
Gregorio Ostiense (1044)


Hch 11,19-26: Hablaron a los griegos, anunciándoles al Señor
Salmo 86: Alaben al Señor todas las naciones
Jn 10,22-30: Yo y el Padre somos uno



Jesús se declara uno con el Padre. Es una pretensión escandalosa para los judíos. Le preguntan si es el Mesías y Jesús les dice: “Sí. Lo soy”, y lo dice de una manera tan directa que los judíos lo consideran una verdadera blasfemia. Los judíos no pueden creer porque no lo siguen. Solo en el seguimiento se descubre quién es Jesús, su persona y su misterio. Hay además dos agregados a la figura del Buen Pastor que nos llenan de confianza: Jesús da a su rebaño vida eterna, vida resucitada ya desde ahora. Y una nueva promesa que nos afianza en el seguimiento: “Nadie las arrancará de mi mano”¿Quiénes quieren arrancar las ovejas del rebaño? Los que niegan que Jesús es el Mesías. En las palabras de Jesús está la fuerza del amor actuando como seguridad para una comunidad perseguida, pequeña y frágil. Jesús agrega por qué son sus ovejas: porque se las ha dado el Padre. Y también las manos del Padre son fuertes y protectoras: nadie le arrancará nada a las manos del Padre. 


Miércoles 10 de mayo de 2017
Juan de Ávila, misionero (1569)


Hch 12,24–13,5a: Apártenme a Bernabé y a Saulo para la tarea
Salmo 66: Oh Dios, que todos los pueblos te alaben
Jn 12,44-50: Yo he venido al mundo como luz



“¿Cómo te llevaste el árbol por delante? –preguntó la madre poniendo un vendaje en la frente del niño– ¿Acaso no había luz?” “Luz había –dijo el niño– pero yo cerré los ojos”. Esta parábola refleja lo que pasó con los judíos del tiempo de Jesús y pasa con muchos de nosotros. En Jesús se estaba haciendo presente el Reino de Dios que es vida y vida en abundancia para todos, y ellos, los jefes judíos, cerraron los ojos. Era una situación como la nuestra: una gran desigualdad hablaba a las claras que la Alianza con Dios estaba quebrada en mil pedazos. En medio de esa situación, aparece Jesús y comienza una práctica liberadora en medio del pueblo empobrecido. Pero los jefes cerraron los ojos. Eran ciegos guiando a otros ciegos. Ciegos voluntarios, que no quisieron ver. Y al cerrar los ojos a la realidad de los hermanos y hermanas que recuperaban vida y dignidad en contacto con Jesús, los cerraron no sólo al Enviado de Dios, sino al Padre que lo había enviado.


Jueves 11 de mayo de 2017
Mayolo de Cluny (994)


Hch 13,13-25: Un salvador para Israel
Salmo 88: Cantaré eternamente las misericordias del Señor
Jn 13,16-20: Quien reciba al que envíe, me recibe a mí



Jesús ha terminado de lavar los pies de sus amigos. Sabe que lo esperan momentos trágicos pero se mantiene sereno y sigue instruyendo a sus amigos sobre cómo quiere que sea su comunidad: toda ella ministerial. Sabe que en el servicio hay una felicidad profunda que no se alcanza en el disfrute egoísta de los bienes. El servicio de Jesús, como su amor, no tiene límites, alcanza a todos, no se echa atrás ante la entrega, aunque le cueste la vida. Somos incapaces de entenderlo en todo su real significado. Pero el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, como dice Pablo, para que aprendamos que Jesús vivió así, rompiendo barreras, superando todo resentimiento, incluso contra Judas que, compartiendo el mismo pan, se levantó de la mesa y fue a concretar la venta de Jesús. Que aprendamos el sentido del servicio de Jesús para cumplir la misión que se nos dio el día de nuestro Bautismo y siguiendo al Maestro hagamos un mundo más justo, más digno de los hijos e hijas de Dios.


Viernes 12 de mayo de 2017
Domingo de la Calzada (1109). Nereo y Aquileo, mártires (s. I)


Hch 13,26-33: Dios ha cumplido la promesa resucitando a Jesús
Salmo 2: Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy
Jn 14,1-6: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida



Debía haber mucha incertidumbre en las comunidades del Discípulo Amado, quienes escribieron el evangelio que hoy conocemos como Evangelio de Juan. Las opiniones eran divergentes. Jesús tranquiliza a sus discípulos. No es necesario tener siempre la misma opinión. Lo diferente enriquece cuando hay diálogo y respeto. Lo que sí es necesario es tener a Jesús de Nazaret como referente. Él es el único camino que conduce a la verdad que nos lleva a la vida, un camino de esperanza, activo, siempre nuevo. Sin Jesús nos quedamos sin verdad. Sin Jesús no hay vida. Él nos ha encaminado hacia el Padre y su Espíritu nos llena de vida nueva en el amor y en la unidad. En medio de las inquietudes de nuestra vida, pensemos que está hablando hoy con nosotros y nos dice: “No se turbe el corazón de ustedes”. Démosle gracias y recemos con Santa Teresa: “Nada te turbe, Nada te espante, Todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza; Quien a Dios tiene nada le falta: Sólo Dios basta”.


Sábado 13 de mayo de 2017
Ntra. Sra de Fátima


Hch 13,44-52: Saben que nos dedicamos a los gentiles
Salmo 97: Los confines de la tierra han contemplado la victoria de Dios
Jn 14,7-14: Quien me ha visto a mí ha visto al Padre



Los judíos conocían a Dios pero no lo habían experimentado como Padre. La experiencia de Jesús es diferente: el conoce al Padre y actúa en su nombre. Cuando habla de Dios se refiere a su Padre y a su proyecto de vida. Ante el pedido de Felipe: “Muéstranos al Padre y eso nos basta”, Jesús le dice: “Felipe, eso es lo que estoy tratando de revelarles desde hace tres años: Quien me ve a mí, ve al Padre”. Cuando vemos a Jesús tratando con tanto cariño a los niños, a los enfermos; tratando con tanta delicadeza a las mujeres; estamos viendo la ternura del Padre que se manifiesta en El. Todo lo que Jesús ha dicho y hecho ha sido una progresiva revelación del Padre. Nadie conoce al Padre si no conoce a Jesús. Es urgente que los cristianos redescubramos la persona de Jesús de Nazaret. Debemos volver al Jesús histórico, el que vivió y actuó en la Palestina del siglo primero. En Él se ha revelado el Padre Dios, providente, misericordioso y lleno de ternura.



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In italiano: http://www.peacelink.it/users/romero/parola.htm

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