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correspondientes a la semana del 7 al 13 de mayo de 2017.
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Servicio
Bíblico Latinoamericano
Semana del 30 de Abril
al 6 de Mayo de 2017 – Ciclo A
Servicio
Bíblico Latinoamericano
Semana del 7 al 13 de mayo del 2017 – Ciclo A
Domingo 7 de mayo de 2017
4º Domingo de Pascua
María de San José (1967)
Hch 2,14a.36-41: Dios lo ha constituido Señor y
Mesías
Salmo 22: El Señor es mi pastor, nada me falta
1Pe 2,20b-25: ¿Qué mérito tiene aguantar golpes
cuando uno es culpable?
Jn 10,1-10: Yo soy la puerta de las ovejas
La 1ª lectura, tomada del libro de los Hechos, pertenece al discurso de Pedro,
ante el pueblo reunido en Jerusalén, a raíz del hecho de Pentecostés. Después
de interpretarles el fenómeno de las lenguas diversas en que hablaban los
discípulos invadidos por el Espíritu Divino, Pedro evoca ante ellos la vida y
la obra de Jesús, y les anuncia el "Kerygma",
la proclamación solemne de la Buena Nueva, del Evangelio: Cristo ha muerto por
nuestros pecados, ha sido sepultado y al tercer día Dios lo hizo levantarse de
la muerte librándolo de la corrupción del sepulcro y sentándolo a su derecha,
como habían anunciado los profetas. El texto es ya, evidentemente, una primera
elaboración teológica del llamado «kerigma», o síntesis o núcleo de la
predicación, no es lo que realmente pudo decir Pedro.
Lógicamente, esa formulación del kerigma está condicionada por su
contexto social e histórico. No es que porque aparezca en el Nuevo Testamento
ya haya de ser tenida como intocable e ininterpretable. Las palabras, las
fórmulas, los elementos mismos que componen ese kerigma, hoy nos pueden parecer
extraños, pueden incluso resultar ininteligibles para la mentalidad actual. Es
normal, y por eso la comunidad cristiana tiene el deber de evolucionar, de
recrear los símbolos. La fe no es un «depósito», donde estaría retenida y
guardada, sino una fuente, un manantial, que se mantiene idéntico a sí mismo
precisamente entregando siempre agua nueva.
En los países tropicales son casi desconocidos los rebaños de ovejas,
cuidadas por su pastor. Eran y son muy comunes en el mundo antiguo de toda la
cuenca del Mediterráneo. Muy probablemente Jesús fue pastor de los rebaños
comunales en Nazaret, o acompañó al pastoreo a los muchachos de su edad. Por
eso en su predicación abundan las imágenes tomadas de esa práctica de la vida
rural de Palestina. En el evangelio de Juan la sencilla parábola sinóptica de la oveja perdida (Mt
18,12-14; Lc 15,3-7) se convierte en una bella y larga alegoría en la que Jesús
se presenta como el Buen Pastor, dueño del rebaño por el cual se interesa, no
como los ladrones y salteadores que escalan las paredes del redil para matar y
robar. Él entra por la puerta del redil, el portero le abre. El saca a las
ovejas a pastar y ellas conocen su voz. La alegoría llega a un punto culminante
cuando Jesús dice ser "la puerta de las ovejas", por donde ellas
entran y salen del redil a los pastos y al agua abundante. Por supuesto que en
la alegoría el rebaño, las ovejas, somos los discípulos, los miembros de la
comunidad cristiana. La alegoría del Buen Pastor está inspirada en el largo
capítulo 34 del profeta Ezequiel en el que se reprocha a las autoridades judías
no haber sabido pastorear al pueblo, y Dios promete enviar para ello a un
descendiente de David.
La imagen del Buen Pastor tuvo un éxito notable entre los cristianos
quienes, ya desde los primeros siglos de la Iglesia, representaron a Jesús como
Buen Pastor cargando sobre sus hombros un cordero o una oveja. Tales
representaciones se conservan en las catacumbas romanas y en numerosos
sarcófagos antiguos de distinta procedencia. La imagen sugiere la ternura de
Cristo y su amor solícito por los miembros de su comunidad, su mansedumbre y
paciencia, cualidades que se asignan convencionalmente a los pastores, incluso
su entrega hasta la muerte, pues, como dice en el evangelio de hoy "el
buen pastor da la vida por sus ovejas".
La imagen de «ovejas y pastores» ha de ser manejada con cuidado,
porque puede justificar la dualidad de clases en la Iglesia. Esta dualidad no
es un temor utópico, sino que ha sido una realidad pesada y dominante. El
Concilio Vaticano I (1869) declaró: «La Iglesia de Cristo no es una comunidad
de iguales, en la que todos los fieles tuvieran los mismos derechos, sino que
es una sociedad de desiguales, no sólo porque entre los fieles unos son
clérigos y otros laicos, sino, de una manera especial, porque en la Iglesia
reside el poder que viene de Dios, por el que a unos es dado santificar,
enseñar y gobernar, y a otros no» (Constitución sobre la Iglesia, 1870). Pío XI
por su parte escribió: «La Iglesia es, por la fuerza misma de su naturaleza,
una sociedad desigual. Comprende dos categorías de personas: los pastores y el
rebaño, los que están colocados en los distintos grados de la jerarquía, y la
multitud de los fieles. Y estas categorías, hasta tal punto son distintas entre
sí, que sólo en la jerarquía residen el derecho y la autoridad necesarios para
promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto
a la multitud, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y seguir
dócilmente a sus pastores» (encíclica Vehementer Nos, 1906). La verdad
es que estas categorías de «pastores y rebaño», a lo largo de la historia de la
Iglesia han funcionado casi siempre –al menos en el segundo milenio– de una
forma que hoy nos resulta sencillamente inaceptable. Hay que tener mucho
cuidado de que nuestra forma de utilizarlas no vehicule una justificación
inconsciente de es dualidad de clases en la Iglesia.
El Concilio Vaticano II (1962-65) supuso un cambio radical en este sentido,
con aquella su insistencia en que más importante que las diferencias de
ministerio o servicio en la Iglesia es la común dignidad de los miembros del
Pueblo de Dios (el lugar emblemático sobre esto es el capítulo segundo de su
declaración Lumen Gentium).
Como es sabido, en las últimas décadas se dio un retroceso claro hacia
una centralización y falta de democracia. La queja de que Roma no ha valorado
la «colegialidad episcopal» ha sido un clamor universal. La práctica de los Sínodos
episcopales que se puso en marcha tras el Concilio, fue rebajada a reuniones
meramente consultivas. Las Conferencias Episcopales Nacionales, verdaderos
símbolos de la renovación conciliar, fueron declaradas por el cardenal
Ratzinger como carentes de base teológica. Los «consejos pastorales» y los
«consejos presbiterales» establecidos por la práctica posconciliar como
instrumentos de participación y democratización, casi fueron abandonados, por
falta de ambiente. La feligresía de una parroquia, o de una diócesis, puede
tener unánimemente una opinión, pero si el párroco o el obispo piensa lo
contrario, no hay nada que discutir en la estructura canónica clerical y
autoritaria vigente actualmente en la Iglesia. «La voz del Pueblo, es la voz de
Dios»... en todas partes menos en la Iglesia, pues en ésta, la única voz segura
de Dios es la que declare la Jerarquía. Así la Iglesia se ha convertido –como
ha repetido con frecuencia Hans Küng– en «la última monarquía absoluta de
Occidente». A quien no está de acuerdo se le responde que «la Iglesia no es una
democracia», y es cierto que no lo es, porque es mucho más que eso: es una
comunidad, en la que todos los métodos participativos democráticos deberían
quedarse cortos ante el ejercicio efectivo de la «comunión y participación». En
semejante contexto eclesial, ¿se puede hablar de «el buen pastor y del rebaño a
él confiado» con toda inocencia e
ingenuidad? El Concilio Vaticano II lo dijo con su máxima autoridad:
«Debemos tener conciencia de las deficiencias de la Iglesia y combatirlas con
la máxima energía» (Gaudium et Spes
43).
En la Iglesia de Aquel que dijo que «quien quisiera ser el primero sea
el último y el servidor de todos», en algún sentido, todos somos pastores de
todos, todos somos responsables y todos podemos aportar. No se niega el papel
de la coordinación y del gobierno. Lo que se niega es su sacralización, la
teología que justifica ideológicamente el poder autoritario que no se somete al
discernimiento comunitario ni a la crítica democrática. ¿Que la Iglesia no es
una democracia? Es cierto, debe ser mucho más que una democracia. Y, desde
luego: no ha de ser un «rebaño».
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 104 de la serie «Un
tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus),
de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El pastor y el lobo».
Para la revisión de vida
La imagen del Buen Pastor debe evocar en
nosotros a esa persona que cuida y protege las ovejas encomendadas a su
cuidado. ¿Tengo yo esa sensación de paz, seguridad y confianza que debe darme
el sentirme en buenas manos, en las manos de Dios Padre que "pastorea mi
alma"?
Para la reunión de grupo
-
Jesús resucitado es nuestro Maestro y Pastor, que nos muestra el
camino que nos lleva a la Vida. Pero, a pesar de las advertencias de Jesús,
luego nos hemos echado encima muchos «pastores», que muchas veces sólo son
asalariados, o funcionarios, cuando no ambiciosos y engreídos, que quieren
suplanta al único Pastor y que "sólo se predican a sí mismos". No
puede ocurrir que, en la práctica, el pastoreo de Jesús queda opacado por
tantos otros pastores intermedios que acaben impidiéndonos tener con él una
relación tan directa con él como la que puede tener cualquier otro "pastor
intermediario". ¿No habría que rescatar la idea de que, en realidad,
Pastor sólo hay uno y todos nosotros tenemos igual derecho de relación directa
con él?
-
La "apertura a los gentiles" que se dio en los tiempos
primeros del cristianismo, no es un tema cerrado y concluido. Tiene
proyecciones ulteriores en la historia colectiva de los discípulos, que siempre
tienen que ir saliendo de sus guetos y abriéndose a nuevas formas de
"gentilidad". ¿Será que también hoy la Iglesia está –estamos– muy
encerrada en su lenguaje, en sus cosas, en un envejecido e inamovible estilo de
celebrar, de creer, de organizar... que mantiene alejados a muchos
"gentiles" de buena voluntad? Hoy los gentiles que esperan se les dé
una buena noticia son el mundo de la increencia, de los alejados, los no
practicantes, los que huyen de nuestra fría iglesia hacia experiencias
religiosas más cálidas... ¿Qué deberíamos abrir? ¿Qué deberíamos abandonar?
¿Qué se debería incorporar?
-
Leer y comentar los párrafos del Vaticano I y de Pío XI transcritos en
el comentario de más arriba. Compararlos con lo que dice el Vaticano II en el
capítulo segundo de la Lumen Gentium, o concretamente en su número 32.
Comentar.
Para la oración de los fieles
-
Para que quienes ejercen su ministerio en la Iglesia lo hagan desde el
servicio y no desde el autoritarismo o el afán de dominio. Roguemos al Señor...
-
Para que los pobres y explotados de nuestra sociedad encuentren
siempre en los cristianos apoyo y solidaridad. Roguemos...
-
Para que todos aquellos que escuchan la voz del Señor llamándoles al
servicio de la Comunidad, respondan con valentía al llamado del Espíritu.
Roguemos...
-
Para que los gobernantes estén siempre atentos a las inquietudes y
necesidades de los pueblos, y den justa respuesta a sus aspiraciones de paz,
justicia e igualdad. Roguemos...
-
Para que todos los que sufren persecución por causa de su fidelidad al
Reino, se mantengan firmes y nunca duden del Amor de Dios, que resucita a los
muertos. Roguemos...
Oración comunitaria
Pastor bueno, puerta de la Vida, cuida de
todos nosotros, y ya que nos alegramos por la alegría de la Pascua, danos
fuerza para trabajar con coraje por el Reino, y el gozo de verlo crecer poco a
poco en el mundo, de modo que la fraternidad universal sea cada día más real
entre nosotros. Nosotros te lo pedimos con la mirada puesta en Jesús de
Nazaret, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.
Dios,
nuestro Padre-Madre, que has dado a la Iglesia el gozo pascual de la
Resurrección; concédenos también la paz y la confianza de saber que, en medio
de los problemas y las dificultades de la vida, que nunca faltan, estamos
siempre en tus manos, pues nos has hecho hijos e hijas tuyos y nada hemos de
temer. Nosotros te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Buen Pastor. Amén.
Lunes 8 de mayo de 2017
Nuestra Señora de Luján. Pedro de Tarantasia
(1174)
Hch 11,1-18: También a los gentiles les ha
otorgado Dios la conversión
Salmo 41: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo
Jn 10,11-18: El buen pastor da la vida por las
ovejas
El Evangelio de Juan se escribió casi al final del
siglo primero. Las comunidades recuerdan las palabras dichas por Jesús y
además, las van complementando con lo que ya conocen de su pascua. Saben que
realmente el Buen Pastor dio su vida por sus ovejas en la Cruz y saben que sus
palabras fueron verdaderas porque el Padre Dios lo resucitó. La entrega
martirial de Jesús les ha demostrado que en verdad es el Pastor que ha amado a
su rebaño hasta el extremo. En este texto, también hay una denuncia contra los
pastores que han olvidado a Jesús. Tal vez comenzaron como buenos pastores pero
la rutina, el afán de poder o riquezas, los halagos de la vida cómoda los fue
llevando a dominar al rebaño. Seguir al Buen Pastor exige conocerlo, escucharlo
y amarlo. La Iglesia es una comunidad de hermanos y hermanas iguales en
dignidad, en la que se diferencian carismas y servicios. Que el Espíritu nos
ayude a ser la comunidad que da testimonio de Jesús Buen Pastor.
Martes 9 de mayo de 2017
Gregorio Ostiense (1044)
Hch 11,19-26: Hablaron a los griegos, anunciándoles
al Señor
Salmo 86: Alaben al Señor todas las naciones
Jn 10,22-30: Yo y el Padre somos uno
Jesús se declara uno con el Padre. Es una
pretensión escandalosa para los judíos. Le preguntan si es el Mesías y Jesús
les dice: “Sí. Lo soy”, y lo dice de una manera tan directa que los judíos lo
consideran una verdadera blasfemia. Los judíos no pueden creer porque no lo
siguen. Solo en el seguimiento se descubre quién es Jesús, su persona y su
misterio. Hay además dos agregados a la figura del Buen Pastor que nos llenan
de confianza: Jesús da a su rebaño vida eterna, vida resucitada ya desde ahora.
Y una nueva promesa que nos afianza en el seguimiento: “Nadie las arrancará de
mi mano”¿Quiénes quieren arrancar las ovejas del rebaño? Los que niegan que
Jesús es el Mesías. En las palabras de Jesús está la fuerza del amor actuando
como seguridad para una comunidad perseguida, pequeña y frágil. Jesús agrega
por qué son sus ovejas: porque se las ha dado el Padre. Y también las manos del
Padre son fuertes y protectoras: nadie le arrancará nada a las manos del Padre.
Miércoles 10 de mayo de 2017
Juan de Ávila, misionero (1569)
Hch 12,24–13,5a: Apártenme a Bernabé y a Saulo
para la tarea
Salmo 66: Oh Dios, que todos los pueblos te alaben
Jn 12,44-50: Yo he venido al mundo como luz
“¿Cómo te llevaste el árbol por delante? –preguntó la madre poniendo un
vendaje en la frente del niño– ¿Acaso no había luz?” “Luz había –dijo el niño–
pero yo cerré los ojos”. Esta parábola refleja lo que pasó con los judíos del
tiempo de Jesús y pasa con muchos de nosotros. En Jesús se estaba haciendo
presente el Reino de Dios que es vida y vida en abundancia para todos, y ellos,
los jefes judíos, cerraron los ojos. Era una situación como la nuestra: una
gran desigualdad hablaba a las claras que la Alianza con Dios estaba quebrada
en mil pedazos. En medio de esa situación, aparece Jesús y comienza una
práctica liberadora en medio del pueblo empobrecido. Pero los jefes cerraron
los ojos. Eran ciegos guiando a otros ciegos. Ciegos voluntarios, que no
quisieron ver. Y al cerrar los ojos a la realidad de los hermanos y hermanas
que recuperaban vida y dignidad en contacto con Jesús, los cerraron no sólo al
Enviado de Dios, sino al Padre que lo había enviado.
Jueves 11 de mayo de 2017
Mayolo de Cluny (994)
Hch 13,13-25: Un salvador para Israel
Salmo 88: Cantaré eternamente las misericordias
del Señor
Jn 13,16-20: Quien reciba al que envíe, me recibe
a mí
Jesús ha terminado de lavar los pies de sus
amigos. Sabe que lo esperan momentos trágicos pero se mantiene sereno y sigue
instruyendo a sus amigos sobre cómo quiere que sea su comunidad: toda ella
ministerial. Sabe que en el servicio hay una felicidad profunda que no se
alcanza en el disfrute egoísta de los bienes. El servicio de Jesús, como su
amor, no tiene límites, alcanza a todos, no se echa atrás ante la entrega,
aunque le cueste la vida. Somos incapaces de entenderlo en todo su real
significado. Pero el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, como dice
Pablo, para que aprendamos que Jesús vivió así, rompiendo barreras, superando
todo resentimiento, incluso contra Judas que, compartiendo el mismo pan, se
levantó de la mesa y fue a concretar la venta de Jesús. Que aprendamos el
sentido del servicio de Jesús para cumplir la misión que se nos dio el día de
nuestro Bautismo y siguiendo al Maestro hagamos un mundo más justo, más digno
de los hijos e hijas de Dios.
Viernes 12 de mayo de 2017
Domingo de la Calzada (1109). Nereo y Aquileo,
mártires (s. I)
Hch 13,26-33: Dios ha cumplido la promesa
resucitando a Jesús
Salmo 2: Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy
Jn 14,1-6: Yo soy el camino, y la verdad, y la
vida
Debía haber mucha incertidumbre en las comunidades
del Discípulo Amado, quienes escribieron el evangelio que hoy conocemos como
Evangelio de Juan. Las opiniones eran divergentes. Jesús tranquiliza a sus
discípulos. No es necesario tener siempre la misma opinión. Lo diferente
enriquece cuando hay diálogo y respeto. Lo que sí es necesario es tener a Jesús
de Nazaret como referente. Él es el único camino que conduce a la verdad que
nos lleva a la vida, un camino de esperanza, activo, siempre nuevo. Sin Jesús
nos quedamos sin verdad. Sin Jesús no hay vida. Él nos ha encaminado hacia el
Padre y su Espíritu nos llena de vida nueva en el amor y en la unidad. En medio
de las inquietudes de nuestra vida, pensemos que está hablando hoy con nosotros
y nos dice: “No se turbe el corazón de ustedes”. Démosle gracias y recemos con
Santa Teresa: “Nada te turbe, Nada te espante, Todo se pasa, Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza; Quien a Dios tiene nada le falta: Sólo Dios
basta”.
Sábado 13 de mayo de 2017
Ntra. Sra de Fátima
Hch 13,44-52: Saben que nos dedicamos a los
gentiles
Salmo 97: Los confines de la tierra han
contemplado la victoria de Dios
Jn 14,7-14: Quien me ha visto a mí ha visto al
Padre
Los judíos conocían a Dios pero no lo habían
experimentado como Padre. La experiencia de Jesús es diferente: el conoce al
Padre y actúa en su nombre. Cuando habla de Dios se refiere a su Padre y a su
proyecto de vida. Ante el pedido de Felipe: “Muéstranos al Padre y eso nos
basta”, Jesús le dice: “Felipe, eso es lo que estoy tratando de revelarles
desde hace tres años: Quien me ve a mí, ve al Padre”. Cuando vemos a Jesús
tratando con tanto cariño a los niños, a los enfermos; tratando con tanta
delicadeza a las mujeres; estamos viendo la ternura del Padre que se manifiesta
en El. Todo lo que Jesús ha dicho y hecho ha sido una progresiva revelación del
Padre. Nadie conoce al Padre si no conoce a Jesús. Es urgente que los
cristianos redescubramos la persona de Jesús de Nazaret. Debemos volver al Jesús
histórico, el que vivió y actuó en la Palestina del siglo primero. En Él se ha
revelado el Padre Dios, providente, misericordioso y lleno de ternura.
Servicio Bíblico Latinoamericano
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