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Servicio
Bíblico Latinoamericano
Semana del 21 al 27 de Mayo de 2017 – Ciclo A
Domingo 21 de mayo de 2017
6º Domingo de Pascua
Teopombo, obispo y mártir (s. IV)
Hch 8,5-8.14-17: Les imponían las manos y recibían
el Espíritu Santo
Salmo 65: Aclamen al Señor, tierra entera
1Pe 3,15-18: Como poseía el Espíritu, fue devuelto
a la vida
Jn 14,15-21: Yo le pediré al Padre que les dé otro
Defensor
La 1ª
lectura, tomada del libro de los Hechos,
nos presenta a Felipe predicando a los samaritanos en su capital. Es una
noticia inusitada si tenemos en cuenta la enemistad tradicional entre judíos y
samaritanos, tan presente en los evangelios, en pasajes como la parábola del
buen samaritano (Lc 10,29-37), o la conversación de Jesús con la samaritana (Jn
4,1-42) o en otros pasajes más breves (Mt 10,5; Lc 9,51-56; 17,16; Jn 8,48).
Los judíos consideraban a los samaritanos como herejes y extranjeros (cfr. 2Re
17,24-41) pues, aunque adoraban al único Dios y vivían de acuerdo con su ley,
no querían rendir culto en Jerusalén, ni aceptaban ninguna revelación ni otras
normas que las contenidas en el Pentateuco. Los samaritanos pagaban a los
judíos con la misma moneda, pues los habían hostigado en los períodos de su
poderío y habían llegado a destruir su templo en el monte Garitzín. Por todo
esto nos parece sorprendente encontrar a Felipe predicando entre ellos, en su
propia capital, y con tanto éxito como sugiere el pasaje que leemos hoy, hasta
concluir con un hermoso final: que su ciudad, la de los samaritanos, "se
llenó de alegría".
Esta obra evangelizadora que rompe fronteras nacionales, que supera
odios y rivalidades ancestrales, provocando en cambio la unidad y la concordia
de los creyentes, es obra del Espíritu, como comprueban los apóstoles Pedro y
Juan, que con su presencia en Samaria confirman la labor de Felipe. Se trata de
una especie de Pentecostés, de venida del Espíritu sobre estos nuevos cristianos
procedentes de un grupo tan despreciado por los judíos. Para el Espíritu, no
hay barreras ni fronteras. Es Espíritu de unidad y de paz.
La 2ª lectura sigue siendo, como en los domingos anteriores, un
pasaje de la 1ª carta de Pedro.
Escuchamos una exhortación que con frecuencia se nos repite y recuerda: que los
cristianos debemos estar dispuestos a «dar razón de nuestra esperanza» a todo
el que nos la pida. ¿Por qué creemos, por qué esperamos, por qué nos empeñamos
en confiar en la bondad de Dios en medio de los sufrimientos de la existencia,
las injusticias y opresiones de la historia? Porque hemos experimentado el amor
del Padre, y porque Jesucristo ha padecido por nosotros y por todos, para
darnos la posibilidad de llegar a la plenitud de nuestra existencia en Dios.
Por esta misma razón el apóstol nos exhorta a mostrarnos pacientes en los
sufrimientos, contemplando al que es modelo perfecto para nosotros, a
Jesucristo, el justo, el inocente, que en medio del suplicio oraba por sus
verdugos y los perdonaba. La breve lectura termina con la mención del Espíritu
Santo por cuyo poder Jesucristo fue resucitado de entre los muertos.
A quince días de que termine la cincuentena pascual, la Iglesia
comienza a prepararnos para la gran celebración que la concluirá: la de
Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. La manifestación
pública de la Iglesia. Podríamos decir que su inauguración –teológicamente
hablando, no históricamente hablando–. En la lectura del evangelio de san
Juan, tomada de los discursos de despedida de Jesús que encontramos en los
capítulos 13 a 17 de su evangelio, el Señor promete a sus discípulos el envío
de un "Paráclito", un Defensor o Consolador, que no es otro que el
Espíritu mismo de Dios, su fuerza y su energía, Espíritu de verdad porque
procede de Dios que es la verdad en plenitud, no un concepto, ni una fórmula,
sino el mismo Ser Divino que ha dado la existencia a todo cuanto existe y que
conduce la historia humana a su plenitud.
Los grandes personajes de la historia permanecen en el recuerdo
agradecido de quienes les sobreviven, tal vez en las consecuencias benéficas de
sus obras a favor de la humanidad. Cristo permanece en su Iglesia de una manera
personal y efectiva: por medio del Espíritu divino que envía sobre los
apóstoles y que no deja de alentar a los cristianos a lo largo de los siglos.
Por eso puede decirles que no los dejará solos, que volverá con ellos, que por
el Espíritu establecerá una comunión de amor entre el Padre, los fieles y El
mismo.
El «mundo» (que en el lenguaje de Juan ya sabemos que tiene un sentido
bien negativo) no puede recibir el Espíritu. El mundo de la injusticia, de la
opresión contra los pobres, de la idolatría del dinero y del poder, de las
vanidades de las que tanto nos enorgullecemos a veces los humanos. En ese mundo
no puede tener parte Dios, porque Dios es amor, solidaridad, justicia, paz y
fraternidad. El Espíritu alienta en quienes se comprometen con estos valores,
esos son los discípulos de Jesús.
Esta presencia del Señor resucitado en su comunidad ha de manifestarse
en un compromiso efectivo, en una alianza firme, en el cumplimiento de sus
mandatos por parte de los discípulos, única forma de hacer efectivo y real el
amor que se dice profesar al Señor. No es un regreso al legalismo judío, ni
mucho menos. En el evangelio de Juan ya sabemos que los mandamientos de Jesús
se reducen a uno solo, el del amor: amor a Dios, amor entre los hermanos. Amor
que se ha de mostrar creativo, operativo, salvífico.
El evangelio de hoy no es dramatizado en la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/),
de los hermanos LÓPEZ VIGIL, puede recogerse algún otro que el animador de la
comunidad juzgue oportuno.
Para la revisión de vida
Con frecuencia entendemos el amor que nuestra
fe nos pide como una cuestión de sentimientos; pero, de ser así, ¿cómo entender
el amor al enemigo, que nos pide Jesús? El amor cristiano no es tanto un
sentimiento del corazón como una actitud de vida ante el prójimo, sea amigo o
enemigo. ¿Cómo muestro yo mi amor a Dios y al prójimo, con sentimentalismos o,
como Él nos dice, cumpliendo su voluntad?; ¿vivo mi fe como un «asunto del
corazón» o como un asunto de mi vida entera?; ¿recuerdo y vivo aquello de
«obras son amores y no buenas razones»?
Para la reunión de grupo
-
En el evangelio de hoy Jesús nos promete la compañía del Espíritu en
la comunidad. Él nos llevará a la verdad completa, y gracias a Él no estaremos
solos. Sin embargo, en la historia de la Iglesia –y probablemente, en nuestra
propia infancia- nuestra formación cristiana dejó a un lado al Espíritu. Dios,
sin más especificación, era Dios Padre, y Cristo era el protagonista del
proyecto del Padre. El Espíritu con frecuencia brillaba por su ausencia. ¿A qué
se debe este olvido del Espíritu en nuestra historia cristiana? ¿Qué
consecuencias ha podido traer?
-
Por otra parte, es verdad que decir de un grupo que es pentecostal,
espiritual, pentecostalista o espiritualista, carismático… son calificaciones
con frecuencia entendidas como negativas. ¿Por qué? ¿En qué peligros se basa
este temor?
-
El Espíritu es la fuerza que nos capacita para cumplir la tarea que
Dios nos asigna a personas y comunidades; sin Espíritu, la religión se queda en
magia; con Espíritu se convierte en vida; ¿cómo celebra nuestra Iglesia los
sacramentos: como ritos mágicos, como celebraciones folclóricas? ¿En qué
sentido?
Para la oración de los fieles
-
Por la Iglesia, para que siempre sea consciente de que su vida no está
en sus normas e instituciones sino en dejarse llegar por el Espíritu, y no se
anuncie a sí misma sino el Reino de Dios. Roguemos al Señor.
-
Por todos los creyentes, para que sintamos siempre el gozo y la
alegría de haber recibido la Buena Noticia y sintamos también el impulso de
anunciarla a los demás. Roguemos al Señor.
-
Por todos los que ya no esperan nada ni de Dios ni de los hombres,
para que nuestro testimonio les abra una puerta a la esperanza. Roguemos al
Señor.
-
Por los jóvenes, esperanza del mundo del mañana, para que se preparen
a construir un mundo mejor, más solidario, más justo y más fraterno. Roguemos
al Señor.
-
Por todos los pobres del mundo, para que los cristianos, con nuestra
fraternidad solidaria, seamos causa real de su esperanza en verse libres de sus
limitaciones. Roguemos al Señor.
-
Por todos nosotros, para que formemos una verdadera comunidad en la
que se alimente nuestra fe y nuestra esperanza, de modo que podamos transmitir
nuestro amor a los demás. Roguemos al Señor.
Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que en Jesús de Nazaret,
nuestro hermano, has hecho renacer nuestra esperanza de un cielo nuevo y una
tierra nueva; te pedimos que nos hagas apasionados seguidores de su Causa, de
modo que sepamos transmitir a nuestros hermanos, con la palabra y con las
obras, las razones de la esperanza que sostiene nuestra lucha. Por Jesucristo.
Lunes 22 de mayo de 2017
Joaquina de Vedruna, fundadora (1854). Rita de
Casia (1457)
Hch 16,11-15: El Señor le abrió el corazón para
aceptar lo que decía Pablo
Salmo 149: El Señor ama a su pueblo
Jn 15,26–16,4a: El Espíritu de la verdad dará
testimonio de mí
La
comunidad de discípulos está compartiendo los últimos momentos de la vida del
Maestro y Amigo. Sienten la angustia de Jesús, que abre su corazón. Les habla
de su intimidad con el Padre, de la fortaleza que recibirán de parte de Dios
para no fallar en las pruebas. Les anuncia las persecuciones que sufrirán y
que, de hecho, en la época en que se escribe el evangelio de Juan, ya están
sufriendo. Están siendo expulsados de las sinagogas y denunciados a las
autoridades romanas. Estas dos grandes estructuras, la institución judía
(sinagoga) y el imperio, son los poderes de muerte que no han conocido a Jesús
ni a su Padre y se oponen al proyecto de Dios. La comunidad se siente incapaz
de hacer frente a semejante sistema de muerte. Y Jesús les promete que nunca
estarán solos. Los hermanos se fortalecen mutuamente recordando lo que Él ya se
los había dicho, así pueden mantener la paz en sus corazones y continuar dando
testimonio porque el Espíritu es su fortaleza y su Defensor.
Martes 23 de mayo de 2017
Juan Bautista Rossi (1764)
Hch 16,22-34: Cree en el Señor Jesús y te salvarás
tú y tu familia
Salmo 137: Señor, tu derecha me salva
Jn 16,5-11: Si no me voy, no vendrá a ustedes el
Defensor
Los
profetas están ayudando a la comunidad a comprender lo que Jesús les había
dicho y que ellos están viviendo a fines del primer siglo. Ayudan a descubrir
que en la comunidad perseguida y amenazada está actuando el Espíritu Santo
prometido. La memoria del Señor los sostiene. El Espíritu demuestra que, con la
resurrección, Dios ha confirmado que Jesús tenía razón. Por tanto, quienes lo
condenaron (la institución judía y el imperio romano), han cometido un
verdadero pecado de injusticia. Ellos creían haber triunfado, pero Dios ha
salido en favor de la víctima y condena a los verdugos. La resurrección de
Jesús es la sentencia de Dios. Dios mismo reivindica las vidas entregadas de
tantos mártires, hombres y mujeres, que a lo largo de la historia han dado sus vidas
por el Reino. En la resurrección de Jesús están siendo reivindicados mártires
como Monseñor Romero y Angelelli, cientos de animadoras de comunidad y
servidores de la Palabra, asesinados en América Latina.
Miércoles 24 de mayo de 2017
Ntra. Sra. María Auxiliadora, Vicente de
Lerins (450)
Hch 17,15.22–18,1: Eso que veneran sin conocerlo,
se lo anuncio yo
Salmo 148: Llenos están el cielo y la tierra de tu
gloria
Jn 16,12-15: El Espíritu los guiará a la verdad
La
revelación de Dios es histórica y progresiva. Dos mil años de historia han
hecho progresar la fe del pueblo de Dios, aunque también hemos sufrido desvíos.
Como pueblo de Dios, hemos avanzado en la fe fundamentada en la memoria de
Jesús y en las primeras comunidades. Con altibajos, errores y pecados, la
verdad se ha ido abriendo camino. Hoy tenemos más claro que los Derechos
Humanos son inalienables, creemos que el varón y la mujer son iguales y tienen
la misma dignidad, que el fin de la evangelización es el Reino de Dios, que la
opción por los pobres forma parte intrínseca de la fe. Antes se decía que fuera
de la Iglesia no había salvación. Hoy tenemos claro que Dios salva como quiere
y donde quiere. La salvación se realiza no sólo en las religiones, sino en la
vida de cada día, en las ciencias, en la luchas en defensa de las causas de la
vida. Esto es verdad y, como dijo Jesús: la verdad nos hace libres.
Jueves
25 de mayo de 2017
María Magdalena de Pazzi (1607)
(Ascensión del Señor en algunos países, ver
Domingo 28)
Hch 18,1-8: Pablo predicaba en la sinagoga
Salmo 97: El Señor revela a las naciones su
victoria
Jn 16,16-20: Su tristeza se convertirá en gozo
Qué embotados y escasos de entendimiento se ve a
los discípulos. La crisis está a la puerta. Son incapaces de acompañar a Jesús
en estos últimos momentos de su vida. Frente a su embotamiento destaca la
lucidez y coraje de Jesús. La serenidad y confianza de que su muerte, aunque
los hará tocar fondo en su fe, se convertirá en gozo cuando lo vean vencedor de
la muerte. Cuántas veces estamos como los discípulos, abatidos, decepcionados.
Cuántas cosas no entendemos. La cruz de Jesús es una de las realidades más
difíciles de asimilar. ¿Por qué Dios intervino después de la Cruz? ¿Por qué no
se adelantó impidiendo que lo mataran? Dios interviene en la historia, pero no
es intervencionista. La historia tiene autonomía y los seres humanos libertad.
De no ser así, la dignidad que gozamos sería una farsa. Dios intervendrá
dejando claro que su amor ha sido absoluto y que la fidelidad de Jesús ha llegado
hasta las últimas consecuencias. Si fuéramos capaces de sintonizar con los
sentimientos del Padre, nos abandonaríamos en sus manos.
Viernes
26 de mayo de 2017
Mariana de Jesús (1645), Felipe Neri, fundador
(1595)
Hch 18,9-18: Muchos de esta ciudad son pueblo mío
Salmo 46: Dios es el rey del mundo
Jn 16,20-23a: Nadie les quitará la alegría
Los
discípulos han experimentado la muerte de Jesús como un fracaso. Aún no han
experimentado la alegría que brota de la entrega que lleva a la resurrección.
El Reino de Dios sufre dolores de parto. Como mujer que está por dar a luz, la
humanidad se siente estremecida ante la vida que se abre camino en medio de
tantos sufrimientos. Necesitamos, como pide Francisco, recuperar la alegría del
Evangelio. Necesitamos una Iglesia dispuesta a perder el miedo. Que anuncie el
proyecto igualitario de Jesús, y denuncie el discurso vacío de políticos,
sacerdotes, periodistas que al mal le llaman bien y al bien le llaman mal. El
mundo de hoy vive una ilusión de alegría, una mascarada de felicidad hecha de
drogas, alcohol, sexo, que lleva al sin sentido. Sin embargo, desde las
sorpresas de Dios, creemos que hay futuro y esperanza porque Cristo Resucitó y
su resurrección derramó sobre el mundo el Espíritu de vida. Pidamos al Señor
que nuestra fe sea tan fuerte que venza la tristeza y se convierta en signo de
esperanza y testimonio.
Sábado 27 de mayo de 2017
Agustín de Canterbury (605)
Hch 18,23-28: Apolo demostraba que Jesús era el
Mesías
Salmo 46: Dios es el rey del mundo
Jn 16,23b-28: El Padre los quiere, porque ustedes
me quieren y creen
Jesús habla
directamente del amor infinito de Dios Padre, que nos ama tal como somos. La
pascua de Jesús nos ha introducido de lleno en la intimidad del Padre. Nada
falta para que experimentemos su amor salvador y liberador, su ternura de
Padre-Madre. Somos nosotros quienes nos desconectamos de Dios cuando sentimos
las exigencias de obrar de acuerdo a su voluntad. Nos desconectamos porque no
nos gusta que nos hablen de coherencia, de honestidad, de renuncia a un
consumismo desenfrenado que está trayendo desastres para el planeta.
Hagamos espacio en nuestra vida para que Dios reine en ella. Viviendo
como Jesús, de cara al bien común, a la verdad, buscando el diálogo y el
respeto, pediremos al Padre los bienes del Reino y Él nos los concederá.
Volvamos al Padre, y dejemos penetrar en nuestros corazones estas maravillosas
palabras que pueden colmarnos de felicidad: “El Padre mismo los ama, porque
ustedes me han amado y han creído en mí”.
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