lunes, 25 de septiembre de 2017

[Biblico] Semana del 21 al 27 de mayo de 2017

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Servicio Bíblico Latinoamericano
Semana del  21 al 27 de Mayo de 2017 – Ciclo A

Domingo 21 de mayo de 2017
6º Domingo de Pascua
Teopombo, obispo y mártir (s. IV)

Hch 8,5-8.14-17: Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo
Salmo 65: Aclamen al Señor, tierra entera
1Pe 3,15-18: Como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida
Jn 14,15-21: Yo le pediré al Padre que les dé otro Defensor



La 1ª lectura, tomada del libro de los Hechos, nos presenta a Felipe predicando a los samaritanos en su capital. Es una noticia inusitada si tenemos en cuenta la enemistad tradicional entre judíos y samaritanos, tan presente en los evangelios, en pasajes como la parábola del buen samaritano (Lc 10,29-37), o la conversación de Jesús con la samaritana (Jn 4,1-42) o en otros pasajes más breves (Mt 10,5; Lc 9,51-56; 17,16; Jn 8,48). Los judíos consideraban a los samaritanos como herejes y extranjeros (cfr. 2Re 17,24-41) pues, aunque adoraban al único Dios y vivían de acuerdo con su ley, no querían rendir culto en Jerusalén, ni aceptaban ninguna revelación ni otras normas que las contenidas en el Pentateuco. Los samaritanos pagaban a los judíos con la misma moneda, pues los habían hostigado en los períodos de su poderío y habían llegado a destruir su templo en el monte Garitzín. Por todo esto nos parece sorprendente encontrar a Felipe predicando entre ellos, en su propia capital, y con tanto éxito como sugiere el pasaje que leemos hoy, hasta concluir con un hermoso final: que su ciudad, la de los samaritanos, "se llenó de alegría".
Esta obra evangelizadora que rompe fronteras nacionales, que supera odios y rivalidades ancestrales, provocando en cambio la unidad y la concordia de los creyentes, es obra del Espíritu, como comprueban los apóstoles Pedro y Juan, que con su presencia en Samaria confirman la labor de Felipe. Se trata de una especie de Pentecostés, de venida del Espíritu sobre estos nuevos cristianos procedentes de un grupo tan despreciado por los judíos. Para el Espíritu, no hay barreras ni fronteras. Es Espíritu de unidad y de paz.
La 2ª lectura sigue siendo, como en los domingos anteriores, un pasaje de la 1ª carta de Pedro. Escuchamos una exhortación que con frecuencia se nos repite y recuerda: que los cristianos debemos estar dispuestos a «dar razón de nuestra esperanza» a todo el que nos la pida. ¿Por qué creemos, por qué esperamos, por qué nos empeñamos en confiar en la bondad de Dios en medio de los sufrimientos de la existencia, las injusticias y opresiones de la historia? Porque hemos experimentado el amor del Padre, y porque Jesucristo ha padecido por nosotros y por todos, para darnos la posibilidad de llegar a la plenitud de nuestra existencia en Dios. Por esta misma razón el apóstol nos exhorta a mostrarnos pacientes en los sufrimientos, contemplando al que es modelo perfecto para nosotros, a Jesucristo, el justo, el inocente, que en medio del suplicio oraba por sus verdugos y los perdonaba. La breve lectura termina con la mención del Espíritu Santo por cuyo poder Jesucristo fue resucitado de entre los muertos.
A quince días de que termine la cincuentena pascual, la Iglesia comienza a prepararnos para la gran celebración que la concluirá: la de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. La manifestación pública de la Iglesia. Podríamos decir que su inauguración –teológicamente hablando, no históricamente hablando–. En la lectura del evangelio de san Juan, tomada de los discursos de despedida de Jesús que encontramos en los capítulos 13 a 17 de su evangelio, el Señor promete a sus discípulos el envío de un "Paráclito", un Defensor o Consolador, que no es otro que el Espíritu mismo de Dios, su fuerza y su energía, Espíritu de verdad porque procede de Dios que es la verdad en plenitud, no un concepto, ni una fórmula, sino el mismo Ser Divino que ha dado la existencia a todo cuanto existe y que conduce la historia humana a su plenitud.
Los grandes personajes de la historia permanecen en el recuerdo agradecido de quienes les sobreviven, tal vez en las consecuencias benéficas de sus obras a favor de la humanidad. Cristo permanece en su Iglesia de una manera personal y efectiva: por medio del Espíritu divino que envía sobre los apóstoles y que no deja de alentar a los cristianos a lo largo de los siglos. Por eso puede decirles que no los dejará solos, que volverá con ellos, que por el Espíritu establecerá una comunión de amor entre el Padre, los fieles y El mismo.
El «mundo» (que en el lenguaje de Juan ya sabemos que tiene un sentido bien negativo) no puede recibir el Espíritu. El mundo de la injusticia, de la opresión contra los pobres, de la idolatría del dinero y del poder, de las vanidades de las que tanto nos enorgullecemos a veces los humanos. En ese mundo no puede tener parte Dios, porque Dios es amor, solidaridad, justicia, paz y fraternidad. El Espíritu alienta en quienes se comprometen con estos valores, esos son los discípulos de Jesús.
Esta presencia del Señor resucitado en su comunidad ha de manifestarse en un compromiso efectivo, en una alianza firme, en el cumplimiento de sus mandatos por parte de los discípulos, única forma de hacer efectivo y real el amor que se dice profesar al Señor. No es un regreso al legalismo judío, ni mucho menos. En el evangelio de Juan ya sabemos que los mandamientos de Jesús se reducen a uno solo, el del amor: amor a Dios, amor entre los hermanos. Amor que se ha de mostrar creativo, operativo, salvífico.

El evangelio de hoy no es dramatizado en la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, puede recogerse algún otro que el animador de la comunidad juzgue oportuno. 

Para la revisión de vida

          Con frecuencia entendemos el amor que nuestra fe nos pide como una cuestión de sentimientos; pero, de ser así, ¿cómo entender el amor al enemigo, que nos pide Jesús? El amor cristiano no es tanto un sentimiento del corazón como una actitud de vida ante el prójimo, sea amigo o enemigo. ¿Cómo muestro yo mi amor a Dios y al prójimo, con sentimentalismos o, como Él nos dice, cumpliendo su voluntad?; ¿vivo mi fe como un «asunto del corazón» o como un asunto de mi vida entera?; ¿recuerdo y vivo aquello de «obras son amores y no buenas razones»?

Para la reunión de grupo

-              En el evangelio de hoy Jesús nos promete la compañía del Espíritu en la comunidad. Él nos llevará a la verdad completa, y gracias a Él no estaremos solos. Sin embargo, en la historia de la Iglesia –y probablemente, en nuestra propia infancia- nuestra formación cristiana dejó a un lado al Espíritu. Dios, sin más especificación, era Dios Padre, y Cristo era el protagonista del proyecto del Padre. El Espíritu con frecuencia brillaba por su ausencia. ¿A qué se debe este olvido del Espíritu en nuestra historia cristiana? ¿Qué consecuencias ha podido traer?
-              Por otra parte, es verdad que decir de un grupo que es pentecostal, espiritual, pentecostalista o espiritualista, carismático… son calificaciones con frecuencia entendidas como negativas. ¿Por qué? ¿En qué peligros se basa este temor?
-              El Espíritu es la fuerza que nos capacita para cumplir la tarea que Dios nos asigna a personas y comunidades; sin Espíritu, la religión se queda en magia; con Espíritu se convierte en vida; ¿cómo celebra nuestra Iglesia los sacramentos: como ritos mágicos, como celebraciones folclóricas? ¿En qué sentido?

Para la oración de los fieles

-              Por la Iglesia, para que siempre sea consciente de que su vida no está en sus normas e instituciones sino en dejarse llegar por el Espíritu, y no se anuncie a sí misma sino el Reino de Dios. Roguemos al Señor.
-              Por todos los creyentes, para que sintamos siempre el gozo y la alegría de haber recibido la Buena Noticia y sintamos también el impulso de anunciarla a los demás. Roguemos al Señor.
-              Por todos los que ya no esperan nada ni de Dios ni de los hombres, para que nuestro testimonio les abra una puerta a la esperanza. Roguemos al Señor.
-              Por los jóvenes, esperanza del mundo del mañana, para que se preparen a construir un mundo mejor, más solidario, más justo y más fraterno. Roguemos al Señor.
-              Por todos los pobres del mundo, para que los cristianos, con nuestra fraternidad solidaria, seamos causa real de su esperanza en verse libres de sus limitaciones. Roguemos al Señor.
-              Por todos nosotros, para que formemos una verdadera comunidad en la que se alimente nuestra fe y nuestra esperanza, de modo que podamos transmitir nuestro amor a los demás. Roguemos al Señor.

Oración comunitaria

          Dios, Padre nuestro, que en Jesús de Nazaret, nuestro hermano, has hecho renacer nuestra esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva; te pedimos que nos hagas apasionados seguidores de su Causa, de modo que sepamos transmitir a nuestros hermanos, con la palabra y con las obras, las razones de la esperanza que sostiene nuestra lucha. Por Jesucristo.


Lunes 22 de mayo de 2017
Joaquina de Vedruna, fundadora (1854). Rita de Casia (1457)

Hch 16,11-15: El Señor le abrió el corazón para aceptar lo que decía Pablo
Salmo 149: El Señor ama a su pueblo
Jn 15,26–16,4a: El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí



La comunidad de discípulos está compartiendo los últimos momentos de la vida del Maestro y Amigo. Sienten la angustia de Jesús, que abre su corazón. Les habla de su intimidad con el Padre, de la fortaleza que recibirán de parte de Dios para no fallar en las pruebas. Les anuncia las persecuciones que sufrirán y que, de hecho, en la época en que se escribe el evangelio de Juan, ya están sufriendo. Están siendo expulsados de las sinagogas y denunciados a las autoridades romanas. Estas dos grandes estructuras, la institución judía (sinagoga) y el imperio, son los poderes de muerte que no han conocido a Jesús ni a su Padre y se oponen al proyecto de Dios. La comunidad se siente incapaz de hacer frente a semejante sistema de muerte. Y Jesús les promete que nunca estarán solos. Los hermanos se fortalecen mutuamente recordando lo que Él ya se los había dicho, así pueden mantener la paz en sus corazones y continuar dando testimonio porque el Espíritu es su fortaleza y su Defensor.


Martes 23 de mayo de 2017
Juan Bautista Rossi (1764)


Hch 16,22-34: Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia
Salmo 137: Señor, tu derecha me salva
Jn 16,5-11: Si no me voy, no vendrá a ustedes el Defensor



Los profetas están ayudando a la comunidad a comprender lo que Jesús les había dicho y que ellos están viviendo a fines del primer siglo. Ayudan a descubrir que en la comunidad perseguida y amenazada está actuando el Espíritu Santo prometido. La memoria del Señor los sostiene. El Espíritu demuestra que, con la resurrección, Dios ha confirmado que Jesús tenía razón. Por tanto, quienes lo condenaron (la institución judía y el imperio romano), han cometido un verdadero pecado de injusticia. Ellos creían haber triunfado, pero Dios ha salido en favor de la víctima y condena a los verdugos. La resurrección de Jesús es la sentencia de Dios. Dios mismo reivindica las vidas entregadas de tantos mártires, hombres y mujeres, que a lo largo de la historia han dado sus vidas por el Reino. En la resurrección de Jesús están siendo reivindicados mártires como Monseñor Romero y Angelelli, cientos de animadoras de comunidad y servidores de la Palabra, asesinados en América Latina. 


Miércoles 24 de mayo de 2017
Ntra. Sra. María Auxiliadora, Vicente de Lerins (450)


Hch 17,15.22–18,1: Eso que veneran sin conocerlo, se lo anuncio yo
Salmo 148: Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria
Jn 16,12-15: El Espíritu los guiará a la verdad



La revelación de Dios es histórica y progresiva. Dos mil años de historia han hecho progresar la fe del pueblo de Dios, aunque también hemos sufrido desvíos. Como pueblo de Dios, hemos avanzado en la fe fundamentada en la memoria de Jesús y en las primeras comunidades. Con altibajos, errores y pecados, la verdad se ha ido abriendo camino. Hoy tenemos más claro que los Derechos Humanos son inalienables, creemos que el varón y la mujer son iguales y tienen la misma dignidad, que el fin de la evangelización es el Reino de Dios, que la opción por los pobres forma parte intrínseca de la fe. Antes se decía que fuera de la Iglesia no había salvación. Hoy tenemos claro que Dios salva como quiere y donde quiere. La salvación se realiza no sólo en las religiones, sino en la vida de cada día, en las ciencias, en la luchas en defensa de las causas de la vida. Esto es verdad y, como dijo Jesús: la verdad nos hace libres.


Jueves 25 de mayo de 2017
María Magdalena de Pazzi (1607)
(Ascensión del Señor en algunos países, ver Domingo 28)


Hch 18,1-8: Pablo predicaba en la sinagoga
Salmo 97: El Señor revela a las naciones su victoria
Jn 16,16-20: Su tristeza se convertirá en gozo



Qué embotados y escasos de entendimiento se ve a los discípulos. La crisis está a la puerta. Son incapaces de acompañar a Jesús en estos últimos momentos de su vida. Frente a su embotamiento destaca la lucidez y coraje de Jesús. La serenidad y confianza de que su muerte, aunque los hará tocar fondo en su fe, se convertirá en gozo cuando lo vean vencedor de la muerte. Cuántas veces estamos como los discípulos, abatidos, decepcionados. Cuántas cosas no entendemos. La cruz de Jesús es una de las realidades más difíciles de asimilar. ¿Por qué Dios intervino después de la Cruz? ¿Por qué no se adelantó impidiendo que lo mataran? Dios interviene en la historia, pero no es intervencionista. La historia tiene autonomía y los seres humanos libertad. De no ser así, la dignidad que gozamos sería una farsa. Dios intervendrá dejando claro que su amor ha sido absoluto y que la fidelidad de Jesús ha llegado hasta las últimas consecuencias. Si fuéramos capaces de sintonizar con los sentimientos del Padre, nos abandonaríamos en sus manos.


Viernes 26 de mayo de 2017
Mariana de Jesús (1645), Felipe Neri, fundador (1595)


Hch 18,9-18: Muchos de esta ciudad son pueblo mío
Salmo 46: Dios es el rey del mundo
Jn 16,20-23a: Nadie les quitará la alegría



Los discípulos han experimentado la muerte de Jesús como un fracaso. Aún no han experimentado la alegría que brota de la entrega que lleva a la resurrección. El Reino de Dios sufre dolores de parto. Como mujer que está por dar a luz, la humanidad se siente estremecida ante la vida que se abre camino en medio de tantos sufrimientos. Necesitamos, como pide Francisco, recuperar la alegría del Evangelio. Necesitamos una Iglesia dispuesta a perder el miedo. Que anuncie el proyecto igualitario de Jesús, y denuncie el discurso vacío de políticos, sacerdotes, periodistas que al mal le llaman bien y al bien le llaman mal. El mundo de hoy vive una ilusión de alegría, una mascarada de felicidad hecha de drogas, alcohol, sexo, que lleva al sin sentido. Sin embargo, desde las sorpresas de Dios, creemos que hay futuro y esperanza porque Cristo Resucitó y su resurrección derramó sobre el mundo el Espíritu de vida. Pidamos al Señor que nuestra fe sea tan fuerte que venza la tristeza y se convierta en signo de esperanza y testimonio.


Sábado 27 de mayo de 2017
Agustín de Canterbury (605)


Hch 18,23-28: Apolo demostraba que Jesús era el Mesías
Salmo 46: Dios es el rey del mundo
Jn 16,23b-28: El Padre los quiere, porque ustedes me quieren y creen



Jesús habla directamente del amor infinito de Dios Padre, que nos ama tal como somos. La pascua de Jesús nos ha introducido de lleno en la intimidad del Padre. Nada falta para que experimentemos su amor salvador y liberador, su ternura de Padre-Madre. Somos nosotros quienes nos desconectamos de Dios cuando sentimos las exigencias de obrar de acuerdo a su voluntad. Nos desconectamos porque no nos gusta que nos hablen de coherencia, de honestidad, de renuncia a un consumismo desenfrenado que está trayendo desastres para el planeta.
Hagamos espacio en nuestra vida para que Dios reine en ella. Viviendo como Jesús, de cara al bien común, a la verdad, buscando el diálogo y el respeto, pediremos al Padre los bienes del Reino y Él nos los concederá. Volvamos al Padre, y dejemos penetrar en nuestros corazones estas maravillosas palabras que pueden colmarnos de felicidad: “El Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído en mí”.



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