domingo, 24 de septiembre de 2017

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Servicio Bíblico Latinoamericano
Semana del 30 de Abril al 6 de Mayo de 2017 – Ciclo A

Domingo 30 de abril de 2017
Domingo 3º de Pascua
José Benito Cottolengo (1842), Pio V (1572)

Hch 2,14.22-33: Discurso de Pedro en Jerusalén tras la resurrección de Jesús
Salmo 15: Señor, me enseñas el sendero de la vida
1Pe 1,17-21: Han sido redimidos con la sangre de Cristo
Lc 24,13-35: Los discípulos de Emaús



En la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, encontramos a Pedro pronunciando su primera predicación pospascual, dirigida tanto a los judíos presentes como a todos los habitantes de Jerusalén. El sermón es de tipo «kerigmático» (referentea la predicación del núcleo fuerte del kerigma, del anuncio esencial), con la presentación de tres aspectos de la vida de Jesús, que componen el credo de fe más antiguo del cristianismo: un Jesús histórico, acreditado por Dios con milagros, prodigios y señales; su muerte a mano de las autoridades judías, y finalmente, su resurrección obrada por Dios para salvación de toda la humanidad.
Pedro termina su discurso con un sello de autenticidad: de todo esto, «nosotros somos testigos» (Hch 2,32). Creer en Jesús resucitado era reconocerlo como Mesías, lo que según las Escrituras, abría las puertas para su segunda venida y el fin del mundo. Esto explica las actitudes de recogimiento y miedo que llevan a los discípulos a encerrarse bajo llave. Sin embargo, Pentecostés cambia para siempre las cosas, pues antes que miedo por el fin del mundo, el Espíritu les indica que el mundo apenas comienza, y que la iglesia que acaba de nacer tiene el compromiso de contribuir en la reconstrucción de este mundo con la clave del amor. Así comenzó la Iglesia su misión, cambiando los miedos del fin del mundo, por la alegría, el optimismo y el compromiso de hacer que cada mañana el mundo nazca con más amor, justicia y paz.
La referencia a la primitiva comunidad cristiana nos hace descubrir la importancia que la praxis del amor y de la solidaridad tuvo en el surgimiento del cristianismo. No fue sin más una teoría, sino un cambio de vida, una praxis, una transformación social, lo que estaba en juego. Importante tenerlo presente, cuando tantos piensan que el cristianismo es cuestión de aceptar intelectualmente un paquete de verdades, teorías o dogmas.
En la segunda lectura, el apóstol Pedro hace un llamado a mantener la fidelidad a Dios aún en situaciones de destierro, desplazamiento, marginación o exclusión, porque Dios, en un nuevo Éxodo, nos libera de una sociedad sometida a leyes injustas e inhumanas, que protegen sólo al que paga con oro o plata. Esta liberación fue asumida por Jesús con el sello de su propia sangre, como una opción de amor, consciente y voluntaria, por los hombres y mujeres del mundo entero. El precio que debemos pagar a Jesús por tanta generosidad, no es con oro ni plata, sino, dando vida a los hermanos que siguen muriendo, víctimas de la injusticia y la deshumanización. Eso será realmente «devolver con la misma moneda».
En el evangelio, dos discípulos, que no eran del grupo de los once (v. 33) se dirigen a Emaús. Probablemente se trata de un hombre y una mujer, casados, (también había mujeres discípulas), que regresaban a su pueblo natal frustrados por los últimos acontecimientos de la capital. Mientras conversaban, Jesús se acerca y comienza a caminar con ellos, al fin y al cabo es el Emmanuel. Pero ellos no pueden reconocerlo, sus ojos están cerrados. ¿Por qué? Porque en el fondo todavía tenían la idea de un mesías profeta-nacionalista, que conquistaría el mundo entero para ser dominado por las autoridades de Israel, un mesías necesariamente triunfador... Por eso, estaban viendo en la cruz y en la muerte del maestro, el fracaso de un proyecto en el cual habían puesto sus esperanzas.
Serán las Escrituras las primeras gotas que Jesús echa en los ojos del corazón de estos discípulos, para que puedan ver y entender que no es con el triunfalismo mesiánico, sino con el sufrimiento del siervo de Yavé, como se conquista el Reino de Dios; un sufrimiento que no es masoquismo, sino un cargar conscientemente con las consecuencias de la opción de amar a la humanidad, actitud difícil de entender en una sociedad dominada por un poder de dominio que mata a quien se interpone en su camino. Por la vida, hasta dar la misma vida, es el testimonio de Jesús ante sus dos compañeros.
El relato de los discípulos de Emaús es una pieza bellísima, evidentemente teológica, literaria. No es, en absoluto, una narración ingenua directa de un hecho tal como sucedió. Es una composición elaborada, simbólica, que quiere dar un mensaje. Y como todo símbolo, que no lleva adjunto un manual de explicación, permanece «abierto», es decir, es susceptible de múltiples interpretaciones. Y desde cada nuevo contexto social, en cada nueva hora de la historia, los creyentes se confrontarán con ese símbolo y extraerán nuevas lecciones...
En una página adjunta (http://servicioskoinonia.org/biblico/textos/emaus.htm) presentamos una glosa a este texto de Lucas, leído desde la situación psicológica de los «militantes latinoamericanos en los 90». La situación, actualmente, por fortuna, ha cambiado, pero las situaciones de depresión, de derrota y de desánimo, lamentablemente forman parte esencial de nuestra vida, por lo que puede ser interesante leer la interpretación que allí se ofrece del tema de Emaús desde América Latina. En todo caso, sugerimos su lectura más como una memoria de nuestro pasado, que algo correspondiente a la coyuntura de hoy.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 127 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Por el camino de Emaús». El guión, el audio y el comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/article/127-por-el-camino-de-emaus 

Para la revisión de vida

          Pedro proclama lo esencial de su fe, y lo que debe ser también el núcleo de nuestra fe: que Jesús fue rechazado y muerto por su compromiso con el amor y la justicia, pero que Dios se puso de su parte resucitándolo, y que él y los demás apóstoles son testigos de esta «parcialidad» de Dios. ¿Me siento yo también testigo de que la razón la lleva el amor y la justicia? ¿Acaso en otra cosa consiste el ser cristiano?

Para la reunión de grupo

-              El contexto histórico del testimonio de los apóstoles sobre la resurrección de Jesús es siempre un ambiente de persecución: las autoridades "políticas y religiosas" de Israel persiguen a quien crea y sobre todo a quien proclame esa resurrección. ¿Por qué? Este porqué puede orientarnos mucho para saber el significado que proclamar la resurrección tenía en aquel contexto. Hoy nadie persigue a quien proclame la resurrección de Jesús o simplemente a Jesús y su mensaje. ¿Por qué? Este porqué puede iluminarnos sobre la vigencia o la pureza actual del mensaje que predicamos como «resurrección de Jesús».
-              Los relatos de las apariciones de Jesús, y su resurrección misma ha sido entendidos muy literalmente, como narraciones directas de hechos físicos acontecidos exactamente así... Ello ha conllevado en el pueblo cristiano (en nosotros) la creación de un imaginario sobre la resurrección y el más allá de la muerte también muy "cuasi-físico", como si fuera enteramente conocido o cognoscible, describible, desprovisto de todo misterio... ¿Cabe hoy mantener el sentido profundo de la fe en la resurrección de una forma más crítica, sin hablar a la ligera de la misma, reconociendo que no "sabemos" casi nada de ella, y sospechando que mucho de lo que clásicamente hemos dicho al respecto sea sólo imaginación, símbolos inadecuados y no -desde luego- descripciones cuasi-físicas que haya que considerar como "materia de fe"?
-              Léase el artículo de Jon Sobrino «El resucitado es el crucificado» (http://servicioskoinonia.org/relat/219.htm) y coméntese ese enfoque de interpretación del significado de la resurrección de Jesús.
-              En todo caso: ¿cómo entender pues hoy el contenido profundo de la fe en la resurrección? ¿Y qué significaría hoy «dar testimonio de la resurrección»?

Para la oración de los fieles

-              Para que la Iglesia dé testimonio de su fe y su esperanza, anunciando de palabra y obra al Dios de vivos que ha resucitado a Jesús. Oremos...
-              Para que toda la humanidad avance en el camino de la paz, la justicia y el respeto a los derechos humanos. Oremos...
-              Para que las desigualdades y las injusticias sociales nos hagan ver la necesidad de transformar nuestra sociedad, haciéndola conforme al Reino de Dios. Oremos...
-              Para que cesen el hambre, la pobreza, la discriminación, la explotación, la guerra, la violencia. Oremos...
-              Para nos esforcemos en tener un conocimiento cada día más profundo de las Escrituras que nos lleve a sentir más cercano a Dios y a ser más solidarios con los hermanos. Oremos...
-              Para que nuestra comunidad viva la Eucaristía de manera que nos lleve a mayores exigencias y compromisos. Oremos...

Oración comunitaria

          Dios Padre nuestro: te rogamos que tus hijos e hijas nos llenemos de gozo y esperanza al celebrar el triunfo pascual de Jesús. Que este gozo nos fortalezca para permanecer fieles al amor y a la Justicia, seguros de que también triunfarán. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.

          Te invocamos, Fuerza y Misterio del Universo, a quien reconocemos como energía original, Padre y Madre, Dios Universal. Nosotros creemos que en Jesús de Nazaret, y en los maestros espirituales de todas las religiones del mundo, Tú has salido al encuentro de la humanidad, para hacernos entrever el misterio inescrutable en que vivimos, nos movemos y hacia el que caminamos. Respetuosos con tu silencio, expresamos nuestro deseo de contribuir a que todo ser humano descubra que Tú eres Vida y nos llamas a la Vida. Te lo expresamos caminando tras los pasos de Jesús de Nazaret, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.


Lunes 1 de mayo de 2017
José Obrero (s. I)

Gén 1,26−2,3: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza
Salmo 89: Señor, consolida las obras de tus manos
Mt 13,54-58: ¿No es éste el hijo del carpintero?



El discípulo de Jesús sabe que se revela en los sencillos y humildes, y que su Reino comienza con lo mínimo. El papa Francisco en Santa Cruz de la Sierra (2015) denunció esta sociedad donde hay tantos campesinos sin tierra, familias sin techo y trabajadores sin derechos. Estas realidades destructoras responden a un sistema globalizado, que ya no se aguanta, ni la madre tierra. Se preguntó: “¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora si apenas gano para comer. Yo artesano, vendedor ambulante, transportista si ni siquiera tengo derechos laborales. Yo campesina, indígena, pescador que apenas puedo resistir ante las grandes corporaciones. Yo estudiante, joven, militante, misionero con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para los problemas? ¡Mucho! ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho, el futuro de la humanidad está en sus manos, en su capacidad de organizarse buscando «las tres t»: Trabajo, Techo, Tierra. ¡No se achiquen!”


Martes 2 de mayo de 2017
Atanasio (373)


Hch 7,51-59: Señor Jesús, recibe mi espíritu
Salmo 30: En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu
Jn 6,30-35: Mi Padre es quien da el verdadero pan del cielo



En el AT la consigna del maná era no acaparar y en el NT, Jesús nos da la vida verdadera que comienza desde ahora. La realidad del cielo y de la tierra son una sola: por ello Dios nos entrega la vida como pan, para poder vivir como hijos e hijas suyos. Cuántas veces espiritualizamos este texto del evangelio y lo referimos exclusivamente a participar en la mesa de la eucaristía. La eucaristía envuelve todos los anhelos humanos de pan, de la mesa, de la verdad, de la educación, de vida digna y trabajo. Estamos viviendo de una manera dividida como si la vida espiritual fuera diferente de la cotidiana. Jesús es pan del mundo, de vida para ayudarnos a saciar todas las necesidades. Todo lo que hace crecer la vida en dignidad de las personas, hace crecer el Reino de Dios. Creer en Jesús es aportar nuestro granito de arena para que Dios reine en el mundo. La eucaristía incluye las tres T de las que nos habla el papa Francisco: Trabajo, Tierra, Techo. 


Miércoles 3 de mayo de 2017
Felipe y Santiago, apóstoles. Exaltación de la Santa Cruz (algunos países)


1Cor 15,1-8: Se apareció a Santiago
Salmo 18: A toda la tierra alcanza su pregón
Jn 14,6-14: Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y no me conocen?



¿Cuánto tiempo hace que somos cristianos, seguidores de Jesús? Sin embargo la mayoría de nosotros seguimos siendo como Felipe: unos verdaderos desconocedores de Jesús y del Padre. Es verdad que la evangelización que hemos recibido no ha sido la mejor. Los católicos no tuvimos la Biblia en nuestras manos y cuando la tuvimos la leímos de manera fundamentalista. Es verdad que fuimos sacramentalizados sin haber sido evangelizados. Es verdad que el misterio que envuelve a Jesús es muy grande y nos sobrepasa inmensamente. Pero es imperdonable que ignoremos cosas elementales sobre Él y su Padre. Aún hoy Jesús nos sigue diciendo como a Felipe: “¿Tanto tiempo con Ustedes y todavía no me conocen?” Jesús es el gran revelador del Padre Dios. Padre de bondad y misericordia. En Él está fundamentada nuestra esperanza y nuestra alegría. Padre que jamás castiga. Padre de nuevas oportunidades, que nos espera con los brazos abiertos. Que su gracia siempre disponible nos haga descubrir la fuerza de la Palabra de Jesús, su amor transformador y el llamado del Padre a seguir los pasos de Jesús.


Jueves 4 de mayo de 2017
Carlos Rodríguez (1963)


Hch 8,26-40: Siguió su viaje lleno de alegría
Salmo 65: Aclama al Señor, tierra entera
Jn 6,44-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo



¿Dónde encontramos hoy a Jesús, Pan de vida? En la Eucaristía, ciertamente. Pero la Eucaristía es mucho más que una misa. Dijo del papa Francisco a los jóvenes: “La memoria de Jesús que salva está presente allí, la memoria de un amor tan grande que ha dado la vida por mí…”. Y el Concilio Vaticano II, dice: “Alimenta al que tiene hambre, porque si no lo haces, lo matas” (Gaudium et Spes 69). Jesús está en los enfermos que necesitan remedios, en la cantidad de gente que busca futuro, respeto, dignidad. Está en la comunidad que se organiza para que el pan se multiplique. Nuestra generación tiene en sus manos las posibilidades para alimentar con suficiencia y dignidad a toda la humanidad. ¿Qué dirá la historia de una generación que pudo saciar el hambre del mundo y no lo hizo? ¿Qué se puede decir de una sociedad que prefirió cerrar los ojos al hambre y abrir el corazón a la codicia? En la memoria de Jesús de Nazaret nuestra sociedad recibe el llamado profético a transformar el mundo.

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