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Servicio
Bíblico Latinoamericano
Semana del 30 de Abril
al 6 de Mayo de 2017 – Ciclo A
Domingo 30 de abril de 2017
Domingo 3º de Pascua
José Benito Cottolengo (1842), Pio V (1572)
Hch 2,14.22-33: Discurso de Pedro en Jerusalén
tras la resurrección de Jesús
Salmo 15: Señor, me enseñas el sendero de la vida
1Pe 1,17-21: Han sido redimidos con la sangre de
Cristo
Lc 24,13-35: Los discípulos de Emaús
En la primera
lectura, de los Hechos de los Apóstoles, encontramos a Pedro pronunciando
su primera predicación pospascual, dirigida tanto a los judíos presentes como a
todos los habitantes de Jerusalén. El sermón es de tipo «kerigmático»
(referentea la predicación del núcleo fuerte del kerigma, del anuncio
esencial), con la presentación de tres aspectos de la vida de Jesús, que
componen el credo de fe más antiguo del cristianismo: un Jesús histórico,
acreditado por Dios con milagros, prodigios y señales; su muerte a mano de las
autoridades judías, y finalmente, su resurrección obrada por Dios para
salvación de toda la humanidad.
Pedro termina su discurso con un sello de autenticidad: de todo esto,
«nosotros somos testigos» (Hch 2,32). Creer en Jesús resucitado era reconocerlo
como Mesías, lo que según las Escrituras, abría las puertas para su segunda
venida y el fin del mundo. Esto explica las actitudes de recogimiento y miedo
que llevan a los discípulos a encerrarse bajo llave. Sin embargo, Pentecostés
cambia para siempre las cosas, pues antes que miedo por el fin del mundo, el
Espíritu les indica que el mundo apenas comienza, y que la iglesia que acaba de
nacer tiene el compromiso de contribuir en la reconstrucción de este mundo con
la clave del amor. Así comenzó la Iglesia su misión, cambiando los miedos del
fin del mundo, por la alegría, el optimismo y el compromiso de hacer que cada
mañana el mundo nazca con más amor, justicia y paz.
La referencia a la primitiva comunidad cristiana nos hace descubrir la
importancia que la praxis del amor y de la solidaridad tuvo en el surgimiento
del cristianismo. No fue sin más una teoría, sino un cambio de vida, una
praxis, una transformación social, lo que estaba en juego. Importante tenerlo
presente, cuando tantos piensan que el cristianismo es cuestión de aceptar
intelectualmente un paquete de verdades, teorías o dogmas.
En la segunda lectura, el apóstol Pedro hace un llamado a
mantener la fidelidad a Dios aún en situaciones de destierro, desplazamiento,
marginación o exclusión, porque Dios, en un nuevo Éxodo, nos libera de una
sociedad sometida a leyes injustas e inhumanas, que protegen sólo al que paga
con oro o plata. Esta liberación fue asumida por Jesús con el sello de su
propia sangre, como una opción de amor, consciente y voluntaria, por los
hombres y mujeres del mundo entero. El precio que debemos pagar a Jesús por
tanta generosidad, no es con oro ni plata, sino, dando vida a los hermanos que
siguen muriendo, víctimas de la injusticia y la deshumanización. Eso será
realmente «devolver con la misma moneda».
En el evangelio, dos discípulos, que no eran del grupo de los
once (v. 33) se dirigen a Emaús. Probablemente se trata de un hombre y una
mujer, casados, (también había mujeres discípulas), que regresaban a su pueblo
natal frustrados por los últimos acontecimientos de la capital. Mientras
conversaban, Jesús se acerca y comienza a caminar con ellos, al fin y al cabo
es el Emmanuel. Pero ellos no pueden reconocerlo, sus ojos están cerrados. ¿Por
qué? Porque en el fondo todavía tenían la idea de un mesías
profeta-nacionalista, que conquistaría el mundo entero para ser dominado por
las autoridades de Israel, un mesías necesariamente triunfador... Por eso,
estaban viendo en la cruz y en la muerte del maestro, el fracaso de un proyecto
en el cual habían puesto sus esperanzas.
Serán las Escrituras las primeras gotas que Jesús echa en los ojos del
corazón de estos discípulos, para que puedan ver y entender que no es con el
triunfalismo mesiánico, sino con el sufrimiento del siervo de Yavé, como se
conquista el Reino de Dios; un sufrimiento que no es masoquismo, sino un cargar
conscientemente con las consecuencias de la opción de amar a la humanidad,
actitud difícil de entender en una sociedad dominada por un poder de dominio
que mata a quien se interpone en su camino. Por la vida, hasta dar la misma
vida, es el testimonio de Jesús ante sus dos compañeros.
El relato de los discípulos de Emaús es una pieza bellísima,
evidentemente teológica, literaria. No es, en absoluto, una narración ingenua
directa de un hecho tal como sucedió. Es una composición elaborada, simbólica,
que quiere dar un mensaje. Y como todo símbolo, que no lleva adjunto un manual
de explicación, permanece «abierto», es decir, es susceptible de múltiples
interpretaciones. Y desde cada nuevo contexto social, en cada nueva hora de la
historia, los creyentes se confrontarán con ese símbolo y extraerán nuevas
lecciones...
En una página adjunta (http://servicioskoinonia.org/biblico/textos/emaus.htm)
presentamos una glosa a este texto de Lucas, leído desde la situación
psicológica de los «militantes latinoamericanos en los 90». La situación,
actualmente, por fortuna, ha cambiado, pero las situaciones de depresión, de
derrota y de desánimo, lamentablemente forman parte esencial de nuestra vida,
por lo que puede ser interesante leer la interpretación que allí se ofrece del
tema de Emaús desde América Latina. En todo caso, sugerimos su lectura más como
una memoria de nuestro pasado, que algo correspondiente a la coyuntura de hoy.
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 127 de la serie «Un
tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Por el camino de Emaús». El
guión, el audio y el comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/article/127-por-el-camino-de-emaus
Para la revisión de vida
Pedro proclama lo esencial de su fe, y lo que
debe ser también el núcleo de nuestra fe: que Jesús fue rechazado y muerto por
su compromiso con el amor y la justicia, pero que Dios se puso de su parte
resucitándolo, y que él y los demás apóstoles son testigos de esta
«parcialidad» de Dios. ¿Me siento yo también testigo de que la razón la lleva
el amor y la justicia? ¿Acaso en otra cosa consiste el ser cristiano?
Para la reunión de grupo
-
El contexto histórico del testimonio de los apóstoles sobre la
resurrección de Jesús es siempre un ambiente de persecución: las autoridades
"políticas y religiosas" de Israel persiguen a quien crea y sobre
todo a quien proclame esa resurrección. ¿Por qué? Este porqué puede orientarnos
mucho para saber el significado que proclamar la resurrección tenía en aquel
contexto. Hoy nadie persigue a quien proclame la resurrección de Jesús o
simplemente a Jesús y su mensaje. ¿Por qué? Este porqué puede iluminarnos sobre
la vigencia o la pureza actual del mensaje que predicamos como «resurrección de
Jesús».
-
Los relatos de las apariciones de Jesús, y su resurrección misma ha
sido entendidos muy literalmente, como narraciones directas de hechos físicos
acontecidos exactamente así... Ello ha conllevado en el pueblo cristiano (en
nosotros) la creación de un imaginario sobre la resurrección y el más allá de
la muerte también muy "cuasi-físico", como si fuera enteramente
conocido o cognoscible, describible, desprovisto de todo misterio... ¿Cabe hoy
mantener el sentido profundo de la fe en la resurrección de una forma más
crítica, sin hablar a la ligera de la misma, reconociendo que no
"sabemos" casi nada de ella, y sospechando que mucho de lo que
clásicamente hemos dicho al respecto sea sólo imaginación, símbolos inadecuados
y no -desde luego- descripciones cuasi-físicas que haya que considerar como
"materia de fe"?
-
Léase el artículo de Jon Sobrino «El resucitado es el crucificado» (http://servicioskoinonia.org/relat/219.htm)
y coméntese ese enfoque de interpretación del significado de la resurrección de
Jesús.
-
En todo caso: ¿cómo entender pues hoy el contenido profundo de la fe
en la resurrección? ¿Y qué significaría hoy «dar testimonio de la
resurrección»?
Para la oración de los fieles
-
Para que la Iglesia dé testimonio de su fe y su esperanza, anunciando
de palabra y obra al Dios de vivos que ha resucitado a Jesús. Oremos...
-
Para que toda la humanidad avance en el camino de la paz, la justicia
y el respeto a los derechos humanos. Oremos...
-
Para que las desigualdades y las injusticias sociales nos hagan ver la
necesidad de transformar nuestra sociedad, haciéndola conforme al Reino de
Dios. Oremos...
-
Para que cesen el hambre, la pobreza, la discriminación, la
explotación, la guerra, la violencia. Oremos...
-
Para nos esforcemos en tener un conocimiento cada día más profundo de
las Escrituras que nos lleve a sentir más cercano a Dios y a ser más solidarios
con los hermanos. Oremos...
-
Para que nuestra comunidad viva la Eucaristía de manera que nos lleve
a mayores exigencias y compromisos. Oremos...
Oración comunitaria
Dios Padre nuestro: te rogamos que tus hijos
e hijas nos llenemos de gozo y esperanza al celebrar el triunfo pascual de
Jesús. Que este gozo nos fortalezca para permanecer fieles al amor y a la
Justicia, seguros de que también triunfarán. Nosotros te lo pedimos por Jesús,
hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.
Te
invocamos, Fuerza y Misterio del Universo, a quien reconocemos como energía
original, Padre y Madre, Dios Universal. Nosotros creemos que en Jesús de
Nazaret, y en los maestros espirituales de todas las religiones del mundo, Tú
has salido al encuentro de la humanidad, para hacernos entrever el misterio
inescrutable en que vivimos, nos movemos y hacia el que caminamos. Respetuosos
con tu silencio, expresamos nuestro deseo de contribuir a que todo ser humano
descubra que Tú eres Vida y nos llamas a la Vida. Te lo expresamos caminando
tras los pasos de Jesús de Nazaret, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.
Lunes 1 de mayo de 2017
José Obrero (s. I)
Gén 1,26−2,3: Hagamos al hombre a nuestra imagen y
semejanza
Salmo 89: Señor, consolida las obras de tus manos
Mt 13,54-58: ¿No es éste el hijo del carpintero?
El discípulo de Jesús sabe que se revela en los
sencillos y humildes, y que su Reino comienza con lo mínimo. El papa Francisco
en Santa Cruz de la Sierra (2015) denunció esta sociedad donde hay tantos
campesinos sin tierra, familias sin techo y trabajadores sin derechos. Estas
realidades destructoras responden a un sistema globalizado, que ya no se aguanta,
ni la madre tierra. Se preguntó: “¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora,
pepenador, recicladora si apenas gano para comer. Yo artesano, vendedor
ambulante, transportista si ni siquiera tengo derechos laborales. Yo campesina,
indígena, pescador que apenas puedo resistir ante las grandes corporaciones. Yo
estudiante, joven, militante, misionero con el corazón lleno de sueños pero
casi sin ninguna solución para los problemas? ¡Mucho! ustedes, los más
humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho, el
futuro de la humanidad está en sus manos, en su capacidad de organizarse
buscando «las tres t»: Trabajo, Techo, Tierra. ¡No se achiquen!”
Martes 2 de mayo de 2017
Atanasio (373)
Hch 7,51-59: Señor Jesús, recibe mi espíritu
Salmo 30: En tus manos, Señor, encomiendo mi
espíritu
Jn 6,30-35: Mi Padre es quien da el verdadero pan
del cielo
En el AT la consigna del maná era no acaparar y en
el NT, Jesús nos da la vida verdadera que comienza desde ahora. La realidad del
cielo y de la tierra son una sola: por ello Dios nos entrega la vida como pan,
para poder vivir como hijos e hijas suyos. Cuántas veces espiritualizamos este
texto del evangelio y lo referimos exclusivamente a participar en la mesa de la
eucaristía. La eucaristía envuelve todos los anhelos humanos de pan, de la
mesa, de la verdad, de la educación, de vida digna y trabajo. Estamos viviendo
de una manera dividida como si la vida espiritual fuera diferente de la
cotidiana. Jesús es pan del mundo, de vida para ayudarnos a saciar todas las
necesidades. Todo lo que hace crecer la vida en dignidad de las personas, hace
crecer el Reino de Dios. Creer en Jesús es aportar nuestro granito de arena para
que Dios reine en el mundo. La eucaristía incluye las tres T de las que nos
habla el papa Francisco: Trabajo, Tierra, Techo.
Miércoles 3 de mayo de 2017
Felipe y Santiago, apóstoles. Exaltación de la
Santa Cruz (algunos países)
1Cor 15,1-8: Se apareció a Santiago
Salmo 18: A toda la tierra alcanza su pregón
Jn 14,6-14: Hace tanto tiempo que estoy con
ustedes, ¿y no me conocen?
¿Cuánto tiempo hace que somos cristianos, seguidores de Jesús? Sin
embargo la mayoría de nosotros seguimos siendo como Felipe: unos verdaderos
desconocedores de Jesús y del Padre. Es verdad que la evangelización que hemos
recibido no ha sido la mejor. Los católicos no tuvimos la Biblia en nuestras
manos y cuando la tuvimos la leímos de manera fundamentalista. Es verdad que fuimos
sacramentalizados sin haber sido evangelizados. Es verdad que el misterio que
envuelve a Jesús es muy grande y nos sobrepasa inmensamente. Pero es
imperdonable que ignoremos cosas elementales sobre Él y su Padre. Aún hoy Jesús
nos sigue diciendo como a Felipe: “¿Tanto tiempo con Ustedes y todavía no me
conocen?” Jesús es el gran revelador del Padre Dios. Padre de bondad y
misericordia. En Él está fundamentada nuestra esperanza y nuestra alegría.
Padre que jamás castiga. Padre de nuevas oportunidades, que nos espera con los
brazos abiertos. Que su gracia siempre disponible nos haga descubrir la fuerza
de la Palabra de Jesús, su amor transformador y el llamado del Padre a seguir
los pasos de Jesús.
Jueves 4 de mayo de 2017
Carlos Rodríguez (1963)
Hch 8,26-40: Siguió su viaje lleno de alegría
Salmo 65: Aclama al Señor, tierra entera
Jn 6,44-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del
cielo
¿Dónde encontramos hoy a Jesús, Pan de vida? En la Eucaristía,
ciertamente. Pero la Eucaristía es mucho más que una misa. Dijo del papa
Francisco a los jóvenes: “La memoria de Jesús que salva está presente allí, la
memoria de un amor tan grande que ha dado la vida por mí…”. Y el Concilio
Vaticano II, dice: “Alimenta al que tiene hambre, porque si no lo haces, lo
matas” (Gaudium et Spes 69). Jesús
está en los enfermos que necesitan remedios, en la cantidad de gente que busca
futuro, respeto, dignidad. Está en la comunidad que se organiza para que el pan
se multiplique. Nuestra generación tiene en sus manos las posibilidades para
alimentar con suficiencia y dignidad a toda la humanidad. ¿Qué dirá la historia
de una generación que pudo saciar el hambre del mundo y no lo hizo? ¿Qué se
puede decir de una sociedad que prefirió cerrar los ojos al hambre y abrir el
corazón a la codicia? En la memoria de Jesús de Nazaret nuestra sociedad recibe
el llamado profético a transformar el mundo.

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