lunes, 28 de diciembre de 2009

Educar en la preadolescencia

Nunca alcanzarás una meta

más elevada

que la que te hayas propuesto.

E. G. White
Es frecuente que con la llegada de la adolescencia se produzcan unos signos de alarma en la educación de los hijos que preocupan enormemente a sus padres. El problema es que entonces muchas veces ya es un poco tarde para aplicar remedios eficaces.

Se habla y se escribe mucho sobre las diversas soluciones para las crisis del adolescente, pero todas valen de poco si su tratamiento no comenzó desde mucho antes. Serían catorce o quince años de educación difíciles de rectificar de la noche a la mañana.

Cuando se busca qué tienen en común las familias que han tenido éxito en la tarea de educar, casi siempre aparece un factor que se repite: establecieron un plan claro de educación de sus hijos desde muy pequeños.

La mayor parte de los problemas que se van a presentar podrán detectarse antes de que lleguen a serlo realmente: es cuestión de actuar a tiempo.

—Pues yo a veces pienso que cada uno es como es, desde su nacimiento. Mis hijos, por ejemplo, que son aún pequeños, se han educado en el mismo ambiente, y sin embargo son muy distintos unos de otros. Eso demuestra que esto de la educación es algo bastante relativo.

No te digo que no. Es verdad que cada uno es como es. Pero me imagino que no querrás abandonar a la ventura su educación con esa excusa. Un chico de diez o doce años es todavía un interrogante abierto, está aún muy por hacer, y de la educación que reciba dependerá en mucho su futuro.

Ciertamente hay mucho impreso en él ya desde su nacimiento, pero coincidirás conmigo en que vale la pena esforzarse por educarle, y que ese esfuerzo aporta más que la simple herencia genética.

—En eso estamos de acuerdo; si no, no estaría leyendo este libro. Lo que te pido por favor es que no me vengas con fórmulas mágicas, porque si las hubiera ni se leerían estos libros ni estarían las cosas como están.

Descuida. No lo haré. No hay recetas mágicas; o, si las hay, por lo menos no existen formas fáciles de llevarlas a la práctica. Sería como preguntar a un campeón de ajedrez o a un gran futbolista cuál es la clave de su éxito. Lo normal es que no obedezca a una buena jugada como tal, sino a un conjunto de ideas que ha sabido conjugar acertadamente.

Hay que lograr combinar, pues, cada uno a su manera, las diversas premisas básicas en educación. Como sucede con el pintor, que casi nunca emplea colores netos, sino que los mezcla en la paleta hasta lograr un resultado final lleno de personalidad.

—Y sé positivo también, por favor.

También procuraré serlo, porque la educación ha de estar siempre presidida por el optimismo acerca de la capacidad de cambiar que tiene el hombre.

Educar ha de ser una labor creadora y positiva, pues –como ha escrito C. S. Lewis–, el objetivo del educador no puede ser talar bosques, sino fertilizar desiertos. Y este es el tono que desde el principio quiere tener este libro.

La calidad de vida de una persona depende en mucho de su educación. Es algo fundamental para el bienestar individual y colectivo. El chico será feliz y estará preparado para el futuro –eso es lo que pretendemos– si quienes estamos comprometidos en su formación logramos inculcar en él ideas sanas, criterios sensatos y valores adecuados. La gente más feliz no es la que más dinero tiene, ni la más dotada por la naturaleza, ni la que disfruta de más comodidades. A veces, incluso esos son los más insatisfechos.

Aprender a ser feliz requiere toda una capacitación, una educación de la interioridad personal. Su felicidad dependerá en gran medida de cómo se desenvuelva más tarde en un ambiente que muchas veces será permisivo y difícil. Y la preparación para esa etapa ha de empezar mucho antes de la pubertad: así lo han comprobado en su propia carne muchos padres, después de llevarse un buen disgusto.

—Oye, y si tanto depende de cómo se educa, ¿por qué hay padres fenomenales con hijos que son un desastre, y padres caóticos con hijos encantadores?

Aunque esos casos parezcan muy numerosos, son proporcionalmente pocos. Lo normal es que los hijos salgan a sus padres: de tal palo, tal astilla.

Lo que es una lástima –y sí es más frecuente–, es encontrarse con padres que son buenos y ejemplares, pero que no se han esforzado por aprender la ciencia y el arte de educar, y no les ha ido nada bien.

El esfuerzo por educar siempre tiene su premio. Además, su primera consecuencia es que hace mejorar al educador como persona. Sólo por eso ya merece la pena tomárselo muy en serio.

DIOS HABLA BAJITO

Nunca sabe un hombre
de lo que es capaz
hasta que lo intenta.

Charles Dickens

-Muchas personas piensan que deben ser más generosas con Dios o con los demás, pero no aciertan a dar el paso, quizá esperando a que se manifieste un signo externo claro que les empuje a darlo, o a que salga de ellos una fuerza con la que no cuentan. Tienen una cierta inquietud, pero no saben bien qué deben hacer. ¿Es eso la vocación?

Quizá ninguna de esas sensaciones sea la vocación, pero a lo mejor Dios está ahí detrás, queriendo decirles algo. En el primer libro de los Reyes, en el Antiguo Testamento, puede leerse cómo Dios se hace presente ante Elías: "He aquí que Yahveh pasaba. Hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebrantaba las rocas ante Yahveh; pero no estaba Yahveh en el huracán. Después del huracán, un temblor de tierra; pero no estaba Yahveh en el temblor. Después del temblor, fuego, pero no estaba Yahveh en el fuego. Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se puso a la entrada de la cueva. Le fue dirigida una voz que le dijo: "¿Qué haces aquí, Elías?"".

La mayoría de las veces, Dios habla bajito, como ese susurro de una brisa suave. Normalmente no podemos esperar una gran emoción, un terremoto espiritual, como el movimiento final de una gran sinfonía que nos confirme solemnemente el querer de Dios para nuestra vida. Tampoco escucharemos una voz celestial, como San Pablo.

-Pero al menos habrá que sentir un cierto entusiasmo por la vocación.

No viene mal que lo haya, aunque no es lo sustancial de la vocación. Desde luego, no podemos exigir a la vocación que nos proporcione un estado de euforia permanente, con el alma siempre henchida de ilusión y el corazón radiante. Es más, el hecho de sentir una cierta nostalgia y un sufrimiento por las cosas que se dejan, es algo totalmente humano y bastante normal.

-¿Se trata entonces de apartar lo emocional y dar mayor protagonismo a lo intelectual?

La mayoría de las realidades interiores tienen una manifestación que los hombres captamos por el sentimiento, y por eso es preciso que la cabeza y el corazón actúen de forma coordinada. Pero hay que procurar no confundir la entrega con una efusión de sentimientos, ni la llamada de Dios con la admiración entusiasta ante lo bueno, con la emoción pasajera, con el ímpetu ardoroso de un instante o con el nerviosismo de un momento concreto. Dios puede servirse de todo eso, pero eso no es la llamada de Dios.

Además, se puede percibir la vocación con bastante claridad en un momento o una época, y pasar luego por otra etapa en que la que apenas sentimos casi nada. Esto sucede con la mayoría de las decisiones importantes de la vida profesional o familiar o social. Siempre hay días malos, o meses malos, o incluso años malos. Sucede en los matrimonios, en la amistad, en el trabajo, en casi todo. Los matrimonios felices no son los que no pasan crisis ni tienen momentos malos, porque momentos malos tiene todo el mundo, sino que los matrimonios felices son los que saben superar esas crisis.

San Francisco de Sales escribió que no es necesario que Dios "nos hable sensiblemente o que nos mande un ángel a manifestarnos su voluntad, y menos aún es necesario el dictamen de diez o doce doctores de la Sorbona para conocer si la inspiración es buena o mala, o si debe o no seguirse; lo que importa es cultivar y corresponder a la primera llamada."

-¿Qué querría decir con lo de la "primera llamada"?

No es fácil saberlo, pero pienso que en las cosas del amor hay siempre una primera llamada, y que las cosas del amor no suelen decidirse tras arduas reflexiones, ni sopesando cuidadosamente los pros y los contras.

Lo que no debemos esperar de la vocación, ni exigir de ella, es una constante e intensa contrapartida afectiva. No podemos pretender estar siempre llenos de entusiasmo, ni aspirar a recibirlo constantemente de los demás. Eso sería un planteamiento demasiado sentimental de la vocación, como una película romántica, con un estremecimiento inicial, una luz cegadora, una emoción incontenible y un final al viejo estilo del "vivieron felices y comieron perdices".

La historia de la vida de los santos muestra que Dios acostumbra a dar a conocer su voluntad de modo sencillo, a través de cosas ordinarias, dentro de la familia, a través de un amigo, de un libro, de una enfermedad, de cosas normales. Si Dios diera a conocer su voluntad mediante estallidos de luz, apariciones, clamores de ángeles o cosas por el estilo, nuestra libertad quedaría muy disminuida bajo la fuerza de la luz divina. Dios prefiere el claroscuro de la fe, a la que se llega por la oración. Se esconde un poco cuando nos llama, quizá porque quiere dejar un poco de margen a nuestra libertad. De otro modo, no sería una historia de amor.

A veces, a la "primera llamada" sigue una etapa en la que nos encontramos más fríos. Puede ser señal de que no era realmente una llamada para nosotros, o bien consecuencia de que nos estamos enfriando precisamente para no escucharla, o incluso de que procuramos no escucharla y por eso nos enfriamos. En cualquier caso, hay que tener presente lo que dice la Sagrada Escritura: "Si escucháis hoy la voz de Dios, no endurezcáis vuestro corazón".

-Dios tiene unos planes para cada uno de nosotros, para todos, pero luego uno mismo también tiene que querer.

Exacto. Para entregarse a Dios es fundamental que queramos aceptar y amar la voluntad de Dios, con más o menos entusiasmo. Es más, solo aquel que quiere hacer la voluntad de Dios conoce si lo que percibe es de Dios o no. Así lo dice San Juan: "Quien quisiere hacer la voluntad de Dios, conocerá si mi doctrina es de Dios" (Jn. 7, 17). El conocimiento tiene mucho que ver con la buena disposición. En realidad, tiene como premisa la buena disposición.

El amor se siente, pero el amor no es solo sentimiento. El amor también se demuestra, se prueba, se madura. La voluntad tiene un papel importante. Así lo contaba San Josemaría Escrivá: "Te decidiste, más por reflexión que por fuego y entusiasmo. Aunque deseabas tenerlo, no hubo lugar para el sentimiento: te entregaste, al convencerte de que Dios lo quería. Y, desde aquel instante, no has vuelto a "sentir" ninguna duda seria; sí, en cambio, una alegría tranquila, serena, que en ocasiones se desborda. Así paga Dios las audacias del Amor".

Nuestra vida no está predeterminada, no está previamente escrita. Esto es algo que debiéramos repetirnos todos los días. Nuestras decisiones desencadenan unos hechos que conducen a otros nuevos. La vida está abierta a nuestras decisiones libres. Dios tiene unos planes para cada uno de nosotros, pero, al crearnos, ha querido correr el riesgo y la aventura de nuestra libertad. Ha querido que la historia de cada uno de nosotros sea una historia verdadera, que depende mucho en cada momento de nuestras decisiones personales. Nuestra historia -como ha escrito José Miguel Cejas- no es como una película con final determinado, ya grabada de antemano. Y lo mismo sucedió a los santos.

El apóstol Pedro podría haber desesperado por su traición al Señor, como le sucedió a Judas. Y quizá entonces los demás Apóstoles hubiesen contemplado, en vez de su arrepentimiento, el balanceo de su cuerpo, colgado de un árbol en Palestina.

Juan Crisóstomo veía clara la llamada de Dios, pero su madre le puso tantas dificultades, y derramó tantas lágrimas, que él se desanimó. Podrían haber quedado las cosas así, y habría sido quizá el mejor orador del foro, pero su viejo amigo Basilio le animó a seguir la llamada de Dios pese al inicial disgusto de su madre.

Agustín de Hipona podría haber acabado sus días siendo lo que fue durante largo tiempo, un hombre enredado en sus frivolidades y sus amoríos. Sus amigos hubiesen movido la cabeza sobre su tumba pensando quizá: "genio y figura... ". Al escuchar de una casa vecina aquel "Toma y lee", podía haber dicho: "Bah, casualidades sin importancia", y haber seguido su paseo tranquilamente.

Tomás Moro podría haber muerto confortablemente como Lord Canciller de Inglaterra, cediendo ante las inmorales razones de Enrique VIII, alegando "poderosas razones de Estado" y traicionando sus principios. Podría haberse ablandado ante los llantos y los razonamientos de su mujer, cuando marchaba hacia la Torre de Londres, camino del cadalso. Podía haber aceptado una "solución de compromiso", diciéndose: "realmente, no están los tiempos para estos heroísmos...".

Y Juan Ciudad podría haber acabado su existencia de cualquier modo. Era un hombre inquieto y alocado, que recorría el mundo en busca de aventuras. Se había salvado una vez de la horca de puro milagro, y lo acabaron expulsando del ejército. Y si llegó hasta Viena en la campaña contra los turcos y hasta Ceuta en sus interminables correrías, la muerte podría haberle esperado en cualquier parte de Europa. Pero murió siendo San Juan de Dios. Cuando escuchó en Granada la predicación de San Juan de Ávila, en vez de arrepentirse de su mala vida pasada, podría haber dicho: "Tengo cuarenta y dos años. Es demasiado tarde para cambiar". O quizá podía haberlo diluido todo en un "pero qué bien habla este cura", y ya está.

Santa Joaquina Vedruna tenía treinta y tres años y ocho hijos cuando falleció su marido en Barcelona en 1816. Podía haber pensado que Dios le había dado ya bastantes ocupaciones con lo que tenía. Se entregó a la educación de sus hijos, pero también a la vida de oración y a la obras de caridad, y acabó descubriendo que Dios quería que fundara una nueva congregación religiosa, las Carmelitas de la Caridad. Pasó por mil penalidades, pero su fundación se extendió de forma prodigiosa y hoy sus religiosas se cuentan por millares y atienden más de doscientos colegios y hospitales en todo el mundo.

Santa Luisa de Marillac también había quedado viuda muy joven, con treinta y cuatro años, en 1625. Conoció por entonces a San Vicente de Paúl, que había fundado unos grupos de personas que se dedicaban a ayudar a los pobres, atender a los enfermos e instruir a los no escolarizados. Esos grupos de caridad existían en numerosos lugares, pero muchos de ellos languidecían y se necesitaba a alguien que los coordinara y animara. Ella podía haberse desentendido, pero se entregó a esa tarea con el convencimiento de que Dios se lo pedía. Fue una aportación providencial, pues durante años recorrió toda Francia con una energía prodigiosa y una actividad desbordante. Más adelante fundó la Congregación de Hijas de la Caridad, y cuando falleció, en 1660, era ya la más grande de las comunidades religiosas femeninas de todo el mundo. Hoy cuenta con unas veintitrés mil religiosas en más de dos mil quinientas casas repartidas por los lugares de más necesidad de los cinco continentes.

Santa Vicenta María López y Vicuña, después de unos ejercicios espirituales que hizo en Madrid en 1866, cuanto tenía diecinueve años, vio que Dios le pedía que fundara una nueva institución, las Hijas de María Inmaculada. Podía haberse desanimado ante las diversas resistencias familiares y de todo tipo que se presentaron, pero supo ser fiel a lo que Dios le pedía y en 1876 tomaron el hábito las tres primeras religiosas, que se dedicarían con ella a dar educación cristiana a las chicas más pobres y abandonadas de la ciudad. La Congregación se extendió enseguida de modo sorprendente por toda España, a pesar de las muchas dificultades. Y aunque falleció bastante joven, con solo cuarenta y tres años, su obra prosiguió después con gran fuerza, de manera que hoy cuenta con ciento treinta colegios y residencias repartidas por todo el mundo.

Los santos no fueron santos inexorablemente. La santidad es una respuesta libre a la gracia, que nunca ahoga la libertad. Ni tu historia, ni la mía, ni la de ellos, está ni estaba escrita de antemano. Nadie está predeterminado para ser un santo, un mediocre o un criminal. Nerón acabó siendo un auténtico degenerado, pero pudo haber sido aquel magnífico emperador que prometía ser en su primera juventud bajo la tutela de Séneca. Los santos supieron encontrar en los acontecimientos cotidianos de la vida el querer de Dios. Supieron ver latir la voluntad de Dios entre en los consejos de un amigo, en las palabras de un niño o en la predicación de un sacerdote. Lo encontraron porque fueron humildes, como San Pedro. Y coherentes, como Santo Tomás Moro. Porque buscaban la verdad, como San Agustín. Porque nunca pensaron que era demasiado tarde, como San Juan de Dios. Porque emprendieron las fundaciones que Dios les inspiraba, pese a los numerosos motivos que tenían para no hacerlo.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

HOY 18 de NOVIEMBRE
CUMPLE AÑOS POMPY DONNARI Y LIDIA SASELSKY

A las dos muchas felicidades.

Dios las bendiga!!!!
Comunicador Católico, ¿ya estás cumpliendo tu Misión?
¿Cónoces el alcance de tu Misión? ¿Te gustaría conocer a los comunicadores misioneros que se encuentran transformando la cultura. Conoce lo que tú puedes hacer para enriquecer esta Gran Misión
Comunicador Católico, ¿ya estás cumpliendo tu Misión?
Comunicador Católico, ¿ya estás cumpliendo tu Misión?
Como Comunicador Católico, ¿qué estás haciendo para que Jesucristo esté presente en la vida de nuestros pueblos y cada discípulo se convierta en un misionero y transmisor de la Buena Nueva del Evangelio?

Durante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe celebrada en la ciudad de Aparecida, Brasil y en el Documento final se nos hizo una invitación muy clara:

485. […] “Puestos al servicio del Evangelio, los medios de comunicación social ofrecen la posibilidad de extender casi sin límites el campo de audición de la Palabra de Dios, haciendo llegar la Buena Nueva a millones de personas. La Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez más. Con ellos la Iglesia ‘proclama desde las azoteas’ (cf. Mt 10, 27; Lc 12, 3) el mensaje del que es depositaria. En ellos encuentra una versión moderna y eficaz del ‘púlpito’. Gracias a ellos puede hablar a las multitudes” 267.

486. A fin de formar discípulos y misioneros en este campo […] nos comprometemos a acompañar a los comunicadores, procurando:
a) Conocer y valorar esta nueva cultura de la comunicación.
b) Promover la formación profesional en la cultura de la comunicación de todos los agentes y creyentes.
c) Formar comunicadores profesionales competentes y comprometidos con los valores humanos y cristianos en la transformación evangélica de la sociedad, con particular atención a los propietarios, directores, programadores, periodistas y locutores.
d) Apoyar y optimizar, por parte de la Iglesia, la creación de medios de comunicación social propios, tanto en los sectores televisivo y radial, como en los sitios de Internet y en los medios impresos.

489. Los medios de comunicación en general no sustituyen las relaciones personales ni la vida comunitaria local. Sin embargo, los sitios pueden reforzar y estimular el intercambio de experiencias y de informaciones que intensifiquen la práctica religiosa a través de acompañamientos y orientaciones. También en la familia deben los padres alertar a sus hijos para un uso consciente de los contenidos disponibles en la Internet, para complementar su formación educacional y moral.


Con el fin de potenciar esta Gran Misión, la Comunidad de Comunicadores Católicos les invita, a que como miembros, participen en el proyecto Misión Aparecida, ¡manos a la obra!, diseñado para enlazar y difundir a todos aquellos apostolados que hoy día se encuentran realizando acciones de evangelización a través de los medios masivos de comunicación permitiendo: el Encuentro con Cristo, la Conversión, el Discipulado, la Comunidad y la Misión.

Sabemos que su apostolado es parte de esa Gran Misión que habrá de transformar la cultura, por ello queremos invitarles a que lo den de alta en nuestra dirección:http://www.misionaparecida2007.catholic.net/

Ello permitirá que millones de usuarios en Hispanoamérica conozcan la gran labor que están emprendiendo, entren en contacto directo, colaboren entre ustedes y se dé la comunión con cientos de otros apostolados que desean que nuestros pueblos tengan vida en Cristo y podamos ser verdaderos discípulos y misioneros.


Dios te bendiga siempre,
Tu hermano en Cristo,
Jorge Hidalgo
Editor, Comunicadores Católicos

Si cuentas con algún apostolado dedicado a la transformación de la cultura, la Evangelización y el Encuentro personal con Cristo, a través de los medios de comunicación, te invitamos a darlo de alta en nuestro proyecto Aparecida Manos a la obra

lunes, 15 de junio de 2009

CAMPAÑA DE CORONACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
EN LOS HOGARES COMO REINA DE LA FAMILIA Y
CONSAGRACIÓN A SU INMACULADO CORAZÓN

MARÍA, REINA DE LA FAMILIA

Coronación de la Virgen de Luján en un hogares un título que faltaba en las letanías y que Juan Pablo II se encargó de añadir. Las familias tenían necesidad de una Reina. Y una Reina fuerte, que fuera parte de una familia, abogada y defensora contra un enemigo abiertamente declarado contra las familias, el Demonio. Hoy tiene el maléfico pensamiento de destruir la familia. Y ya ha hecho bastante mal. Pero se le enfrenta su eterna rival, María Santísima. Todos somos miembros de una familia y todos queremos que las familias se sostengan en el amor y en la unidad. Invoquemos, pues, en familia, a la Reina de la Familia.

En esta oportunidad nos ponemos en contacto con usted para acercarle una propuesta de singular belleza y riqueza espiritual: coronar en los hogares a la Virgen María como Reina de nuestra familia y consagrar a la familia a su Inmaculado Corazón. (1)

En efecto, desde la administración de la Comunidad Cenaculum le proponemos y alentamos fervientemente a usted y su familia a adherir a esta loable y piadosa campaña.

La coronación de la Virgen en los hogares como Reina de la familia, y la consagración de la familia a su Inmaculado Corazón es reconocer y aceptar a María como nuestra Madre y Mediadora de toda gracia; es decirle que "somos tuyos, te ofrecemos hoy nuestra vida y nuestro corazón, tú guárdanos y defiéndenos como una posesión tuya." (2)

Si bien no hay una única ni rígida manera de llevar adelante el acto de coronación y consagración, una alternativa que aquí se propone, sólo con ánimo de sugerencia, podría ser en la intimidad de su hogar, junto a toda su familia, luego de un breve tiempo de preparación espiritual, procurando el máximo decoro posible; realizar el acto de coronación de la Virgen María en cualquiera de las advocaciones reconocidas por la Iglesia y que más devoción suscite en su familia (sea esta una imagen o una estatuilla, con el Niño Jesús en brazos o sin él) recitando algunas oraciones y cantos antes y después de la colocación de la corona sobre la Virgen; y seguidamente realizar el acto de consagración de la familia a su Inmaculado Corazón con alguna oración apropiada o, mejor aún, recitando en familia una oración escrita especialmente para esa ocasión por algún miembro de la familia. Respecto de la corona a utilizar se podrá usar cualquier corona que se pueda adquirir o, mejor aún, fabricar caseramente procurando evitar el mal gusto y los materiales no durables. Es importante que tanto la Virgen a coronar como la corona misma a utilizar sean bendecidas por un sacerdote; y, siempre y cuando fuera posible, se sugiere que un sacerdote acompañe a la familia en la coronación y consagración, profundizándose así el sentido eclesial de la iniciativa familiar.

La fecha elegida para la coronación y consagración, preferentemente un día de una fiesta mariana o de una advocación de la Virgen, es bueno que sea recordada especialmente cada año por la familia con un encuentro especial y el rezo del Rosario, renovando así la adhesión al Corazón Inmaculado de María.

Para una explicación más completa y ordenada acerca de los antecedentes, fundamentación y realización del acto de coronación de la Virgen María en los hogares como Reina de la familia y la consagración de las familias a su Inmaculado Corazón que aquí se propone le sugerimos que haga click aquí .

Quiera Dios que aquellas palabras del papa Pío XII que aún hoy resuenan interpelantes en nuestros oídos sean realidad, y así "María reine en vuestros hogares, no sólo porque tengáis allí su imagen, sino porque le recéis frecuentemente en común, porque recurráis a sus consejos y practiquéis sus virtudes."

En Jesús y María, unidos en la oración solidaria,

miércoles, 27 de mayo de 2009

Con María, recordando la Ascensión

Fuente: Catholic.net
Autor: María Susana Ratero

Cuarenta largos y extraordinarios días han trascurrido, Madre querida, desde el glorioso Domingo de Pascua.

Durante este tiempo, tu humilde corazón de madre repasó una y otra vez sus tesoros escondidos. En ése volver del alma cada acontecimiento vivido cobra ahora, sentido diferente. Pero tú, dulce Madre, a pesar de ser la elegida, la llena de gracia, la saludada por los ángeles y por los creyentes, tú no quieres brillar por esos días, pues Aquél cuya luz es inextinguible aún debe terminar la labor por la que había bajado del cielo a habitar en tu purísimo vientre. Por eso te mantienes casi oculta, limitándote a ser una presencia orante en la Iglesia naciente. Así te encuentro en los Evangelios, pero… necesito que me cuentes, Señora, lo que ha sido para ti el día de la Ascensión.

Y cierro los ojos tratando de imaginar tu rostro, tu mirada, tu voz serena que me responde al alma.

-
El día de la Ascensión fue el final ansiado, presentido, mas nunca totalmente imaginado por mí, de la historia de amor más bella que jamás haya existido. Una historia de amor que comenzó un día, ya lejano, y al mismo tiempo tan cercano, en Nazaret. Una historia que trascurrió durante treinta años, en el silencio y sumisión a mi amor materno, de Aquél por quien el mundo debía salvarse.

- ¡Ah, Señora!, en esa sumisión a ti Jesús glorificó grandemente al Padre, por ello es que tus hijos glorificamos al Padre sometiéndonos a ti (1).

Sonríes…

Tu mirada se pierde ahora en la lejanía.

-
Como te decía, la Ascensión es final y, al mismo tiempo, comienzo y promesa, camino y esperanza… por esos días Jesús se aparecía a sus amigos y les daba, con la fuerza extraordinaria de quien es la Verdad, los últimos consejos, las últimas recomendaciones, y les regalaba al alma, las más hermosas promesas.

Recuerdo claramente el día de su partida… era casi mediodía, el sol brillaba con fuerza, y hasta casi con alegría. Mi Hijo caminaba cerca de Betania con sus amigos, les pedía que fuesen hasta los confines de la tierra enseñando su Palabra. Su voz sonaba segura, serena, protectora, especialmente cuando les entregó aquella promesa que sería luego manantial de fe y esperanza para tantos hijos de mi alma…” Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”

Yo presentía la partida… y Él sabía que necesitaba abrazarlo… como cuando era pequeño, como cuando le hallamos en el Templo, luego de aquella lejana angustia. Él lo sabía y vino hasta mí, me miró con ternura infinita y me abrazó fuerte, muy fuerte, y susurró a mis oídos…:

- Gracias Madre, gracias… gracias por tu entrega generosa, por tu confianza sin límites, por tu humildad ejemplar… gracias.

Cuando se alejaba ya de mí se acercó Juan, el discípulo a quien Jesús amaba mucho. Entonces el Maestro le dijo, mirándome:

- Cuídala Juan, cuídala y hónrala… protégela y escúchala. Ella será para ti, y para todos, camino corto, seguro y cierto hasta mi corazón. Hónrala Juan, pues haciéndolo… me honras.

- Lo haré, Maestro, lo haré…- contestó Juan desde lo más profundo de su corazón.

Jesús y Juan volvieron con los demás. En ese momento mi Hijo, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos y subió al cielo ante sus ojos y una nube comenzó a cubrirlo, delicadamente.

Los apóstoles se arrodillaron ante Él.
Mientras yo levantaba mi mano en señal de despedida y mis ojos se llenaban de lágrimas, sentí que me miraba… y su mirada me hablaba…


- ¿Qué te decía, Señora? ¿Qué te decía Jesús mientras partía?

- “Espérame, Madre, enviaré por ti… espérame…”
Ay! Hija mía, mi corazón rebosaba de gozo. En tanto los amigos de Jesús miraban fijamente al cielo, como extasiados. En ese momento se acercaron a ellos dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: “ Hombres de Galilea, ¿Por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir”( Hch 1,11)

Los hombres tardaron un rato en reaccionar, luego, uno a uno, se fueron acercando a mí.

- Debemos volver a Jerusalén, tal como Él lo pidió- dijo Pedro, quien sentía que debía velar por esa Iglesia naciente, hasta en el más mínimo detalle.

Los demás asintieron. Volvimos y subimos a la habitación superior de la casa. Nos sentamos todos. Pedro comenzó a recitar, emocionado, la oración que Jesús nos enseñó, al finalizar dijo:

- Hermanos, permanezcamos en oración hasta que llegue el día en que, según la promesa de Cristo, seamos bautizados con el Espíritu Santo.

Yo me retiré a prepararles algo para comer. Juan se acercó y me abrazó largamente. Yo sentía que comenzaba a amarlos como a mis hijos… me sentía madre… intensamente madre… y nacía en mí una necesidad imperiosa de repetir a cada hijo del alma, aquellas palabras que pronunciara en Caná de Galilea: “...Hagan todo lo que él les diga”( Jn 2,5)

Así nos quedamos, hija, nos quedamos todos esperando Pentecostés, la Iglesia primera, en una humilde casa de Jerusalén.

Espero haber contestado lo que tu alma me preguntó…


-Claro, Madre amada, claro que sí, como siempre, eres para tus hijos modelo de virtud, camino seguro hacia Jesús… compañera y amiga . Una vez más y millones de veces te lo diría, gracias, gracias por haber aceptado ser nuestra mamá, gracias por ocuparte de cada detalle relacionado a la salvación de nuestras almas, gracias por enseñarnos como honrarte, porque haciéndolo, honramos a Jesús… gracias por defendernos en el peligro… gracias por ser compañera, compañera, compañera….

Ahora, Santa Madre, debes enseñarnos a esperar, adecuadamente, Pentecostés.

Amigos que leen estas líneas, María ansía entrar a sus corazones para contarles las maravillas de Pentecostés… háganle sitio… es la mejor decisión que pueden tomar… no lo duden jamás…

___________________________

(1) San Luis María Grignon de Montfort “Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen” pag 94. Edit. Esin, S.A. -1999
 

lunes, 25 de mayo de 2009

Humanismo sin credos
  • En el Año de San Pablo (6/16). Dos personajes en uno.

    1529 El Jesús presupuesto resume la aspiración mesiánica y redentora de su época, mesianismo y redención que en manos de Pablo pasaron a significar otra cosa completamente distinta. Se produce una transmutación de sentido de tal manera que la una puede ser metáfora...