jueves, 28 de septiembre de 2017

Reconocer la presencia del Espíritu Santo

La presencia del Espíritu Santo en nuestras almas exige de nosotros que nos demos cuenta de ella, que tengamos la dulcísima convicción de que Él habita en nuestros corazones, que vivamos bajo su mirada y lo busque la nuestra. ¡Qué dulce es vivir a la luz de esa mutua mirada! A las veces esa mirada se hace tan profunda que parece hundirse en el seno de Dios, tan clara que su luz semeja la aurora del día eterno, tan dulce que se diría una irradiación de los cielos; entonces es fácil y gustoso vivir en el fondo del alma en amorosa intimidad con el Huésped divino. A las veces empero, el cielo del alma se oscurece y en la inmensa soledad no queda ni un rayo de luz, ni un vestigio de la antigua dulzura, ¡parece que el corazón está vacío y que el alma ha perdido su inefable tesoro! ¡Qué difícil es el recogimiento! ¡Con qué tedio corren las horas y con qué amargura se arrastra el alma por el sendero que conduce a Dios! Pero en medio de esas vicisitudes necesarias de la vida Espiritual hay algo que no cambia, que no acaba, algo muy sólido que no deja extraviar al alma y que como brújula segura le marca el rumbo divino, es la fe que nos descubre siempre lo divino en dondequiera que se encuentre, que nos hace mirar al Huésped dulcísimo lo mismo entre las sombras de la desolación que en medio de la claridad celestial del consuelo; la fe que apoyada en la firmeza inquebrantable de la palabra de Dios no necesita para vivir ni de imágenes ni de sentimientos ni de esplendor ni de dulzura, sino que se afina en la desolación y se perfecciona en el consuelo, siempre firme siempre precisa, siempre recta. (El Espíritu Santo)

La anunciación del ángel a María

Primer misterio gozoso. La anunciación del ángel a María.
El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. (…) Entonces María dijo: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra?”. (Lc 1,35.38)
“He aquí la esclava del Señor” Es lo que tenemos que decir en todos los momentos de nuestra vida. Tenemos que mostrarnos como los siervos de Dios, obrando siempre para Él. (M.S.E.V., 27)

Amar es inevitable

Prescindir de amar, es imposible, sería tanto como dejar de ser lo que somos. Podremos sacrificar tal o cual amor pero en alguna forma es necesario que nuestro corazón esté lleno de amor.

La oración del hombre pobre

Puede ocurrir que no tengas nada que dar al Señor durante la oración. Entonces, deberás darle esa «nada», tu total impotencia. Entrégale todo al Señor, ponte tú mismo a su disposición tal y como eres: insignificante, impotente, pobre de espíritu. Esa será la mejor oración, la mejor porque va de acuerdo con la primera bienaventuranza. La oración del hombre pobre es la oración de alguien vacío, vacío en el sentido de que clama por la llegada del Señor, por la venida del Espíritu Santo. Cuando Dios ve un alma así, despojada de su fuerza, entonces desciende hasta ella con su poder. Bienaventurados los pobres de espíritu: bienaventurados los que hacen la oración del hombre pobre. (Tadeuz Dajczer, Meditaciones sobre la fe)

El amor de Dios es más grande…

Dios nos oye y nos responde siempre, pero desde la perspectiva de un amormás grande y de un conocimiento más profundo que el nuestro. Cuando parece que Él no satisface nuestros deseos concediéndonos lo que pedimos, por noble y generosa que nuestra petición nos parezca, en realidad Dios está purificando nuestros deseos en razón de un bien mayor que con frecuencia sobrepasa nuestra comprensión en esta vida. El desafío es «abrir nuestro corazón» alabando su nombre, buscando su reino, aceptando su voluntad.

¿Quién hallará el verdadero pobre de espíritu y desnudo de toda criatura?

Pocas veces se halla ninguno tan espiritual, que esté desnudo de todas las cosas. Pues ¿quién hallará el verdadero pobre de espíritu y desnudo de toda criatura?
Es tesoro inestimable y de lejanas tierras.
Si el hombre diere su hacienda toda, aún no es nada.
Si hiciere gran penitencia, aún es poco.
Aunque tenga toda la ciencia, aún está lejos: y si tuviere gran virtud y muy ferviente devoción, aún le falta mucho; le falta cosa que le es más necesaria.
Y esta ¿cuál es? Que dejadas todas las cosas, deje a sí mismo y salga de sí del todo, y que no le quede nada de amor propio.
Y cuando ha hecho todo lo que conociere que debe hacer, aún piense no haber hecho nada.
Imitación de Cristo

El Señor viene

Hombres, comprendedme: a todos os amo en la efusión del Espíritu Santo, del que yo, ministro, debía haceros partícipes. Así os miro, así os saludo, así os bendigo. A todos. Y a vosotros, más cercanos a mí, más cordialmente. La paz sea con vosotros. Y, ¿qué diré a la Iglesia, a la que debo todo y que fue mía? -Las bendiciones de Dios vengan sobre ti; ten conciencia de tu naturaleza y de tu misión; ten sentido de las necesidades verdaderas y profundas de la humanidad; y camina pobre, es decir, libre, fuerte y amorosa hacia CristoAmén. El Señor viene. Amén.
Meditación sobre la muerte