martes, 26 de abril de 2016
San Rafael Arnáiz Barón : a pesar de la tempestad que parece el Señor te ha puesto, a pesar de no verle, ama el madero desnudo de la cruz .-Oremos juntos.LuisMaria
San Rafael Arnáiz Barón –
Cisterciense
Nació en Burgos, España, el 9 de abril de 1911. Su inclinación a vivir por y para Dios fue manifiesta en la infancia. «¡Solo Dios llena el alma…, y la llena toda!», decía. En esa época dorada contrajo unas fiebres colibacilares. Cuando sanó, su padre, que había visto en la curación una intervención de María, lo consagró en Zaragoza a la Virgen del Pilar en el estío de 1922. Rafael no olvidó este hecho. «Honrando a la Virgen, amaremos más a Jesús; poniéndonos bajo su manto, comprenderemos mejor la misericordia divina». La enfermedad nunca le abandonaría.
Era elegante, sensible. También caprichoso y tendente a la vanidad. Poseía una brillante inteligencia, con predominio de la intuición, que le permitió sobresalir en los estudios aunque no los cuidara debidamente. Se estableció con la familia en Oviedo, y al término de su formación básica se matriculó en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid. Hizo grandes amistades porque era una persona entrañable y cercana en la que se percibía la huella de Dios.
Estaba vinculado al Apostolado de la Oración, a la Adoración Nocturna y a la Congregación de María Inmaculada. A los 19 años visitó el monasterio cisterciense de San Isidro de Dueñas y le atrajo poderosamente. El 16 de enero de 1934 ingresó en él, dejando atrás las previsiones eventuales de un futuro espléndido, y las posibilidades que le ofrecía cotidianamente el bienestar de su hogar paterno.
Su ilusión por entregarse a Dios a través de una vida penitente y contemplativa era más fuerte que todo. «La verdadera felicidad se encuentra en Dios y solamente en Dios». No contaba con la presencia repentina de la diabetes, temible entonces por sus funestas consecuencias, que le obligó a abandonar la Trapa en tres ocasiones. Comprendió el sentido purificador del dolor: «Cuando me veo otra vez en el mundo, enfermo, separado del monasterio, y en la situación en que me encuentro… veo que me era necesario, que la lección que estoy aprendiendo es muy útil, pues mi corazón está muy apegado a las criaturas, y Dios quiere que lo desate para entregárselo a Él solo». Su experiencia personal le permitía alumbrar la vida de otras personas y conducirlas a Dios. A su tía María, duquesa de Maqueda, le aconsejaba en 1935: «Déjate hacer; sufre, pero sufre amándole, amándole mucho a través de la oscuridad, a pesar de la tempestad que parece el Señor te ha puesto, a pesar de no verle, ama el madero desnudo de la cruz […]. Llora, llora todo lo que puedas y sufre, pero a los pies de la cruz, y sufre amando a Dios ¡qué felicidad!… Cómo te quiere Dios, ya lo verás algún día muy cercano».
Su rica vida interior le había permitido conocer la estrecha simbiosis espiritual que existe entre el dolor y el gozo, experiencia que halla quien busca a Dios con purísimo corazón: «Muchas veces he pensado que el mayor consuelo es no tener ninguno; lo he pensado y lo he experimentado […]. Alguna vez he sentido en mi corazón pequeños latidos de amor a Dios… Ansias de Él y desprecio del mundo y de mí mismo. Alguna vez he sentido el consuelo enorme e inmenso de verme solo y abandonado en los brazos de Dios. Soledad con Dios. Nadie que no lo haya experimentado, lo puede saber, y yo no lo sé explicar. Pero solo sé decir que es un consuelo que solo se experimenta en el sufrir…, y en el sufrir solo… y con Dios, está la verdadera alegría». Sus sentimientos recuerdan a las vivencias místicas de Juan de la Cruz y de Teresa de Jesús: «Es un nada desear más que sufrir. Es un ansia muy grande de vivir y morir ignorado de los hombres y del mundo entero… Es un deseo grande de todo lo que es voluntad de Dios… Es no querer nada fuera de Él… Es querer y no querer. No sé, no me sé explicar… solo Dios me entiende…».
En este camino de perfección iba dejando atrás lastres que en otro tiempo le habían pesado: «Todo va cambiando en mi alma. Lo que antes me hacía sufrir…, ahora me es indiferente; en cambio, voy encontrando los repliegues en mi corazón que estaban escondidos, y que ahora salen a la luz […]. Lo que antes me humillaba, ahora casi me causa risa. Ya no me importa mi situación de Oblato […]. Veo que el último lugar es el mejor de todos; me alegro de no ser nada ni nadie, estoy encantado con mi enfermedad que me da motivos para padecer físicamente y moralmente…». El eje de su vida era Cristo: «Mi centro es Jesús, es su cruz». La conciencia de su indignidad le hacía decir: «He sido un gran pecador… Perdóname, Señor, lo que digo… Yo, Señor, nada quiero, nada me importa… solo Tú… No me hagas caso, Señor… soy un niño caprichoso. Pero Tú tienes la culpa, mi Dios…¡si no me quisieras tanto!».
Resistiéndose a abandonar su vida religiosa, regresó al monasterio una cuarta vez. Tomó la decisión, aún cuando era realmente penosa y suponía un acto heroico para una situación como la suya, con una naturaleza débil que tenía que luchar contra la enfermedad. «Si lo que deseas es… mis sufrimientos, tómalos todos, Señor». Ofreció a Dios en holocausto su personal calvario, dejando brotar el potente caudal de su amor. De él quedan magistrales trazos en sus escritos, prolongación post mortem de su fecunda actividad apostólica. En ellos se detecta la finura y profundidad de esta alma delicada. «Solamente en el silencio se puede vivir, pero no en el silencio de palabras y de obras…, no; es otra cosa muy difícil de explicar… Es el silencio del que quiere mucho, mucho, y no sabe qué decir, ni qué pensar, ni qué desear, ni qué hacer… Solo Dios allá adentro, muy calladito, esperando, esperando, no sé…, es muy bueno el Señor».
Era un esteta que soñó volcar en la pintura la belleza del amor divino que selló su espíritu. Murió a consecuencia de un coma diabético el 26 de abril de 1938. Tenía 27 años. Sus restos yacen en el cementerio del monasterio. El 20 de agosto de 1989, Juan Pablo II, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud de Santiago de Compostela, le propuso como modelo para los jóvenes, declarándolo Beato el 27 de septiembre de 1992 para gozo de la santa Iglesia y prenda de gracias para todo el pueblo de Dios.
El 11 de octubre de 2009, el Papa Benedicto XVI canonizó a Rafael Arnáiz Barón. Su fiesta se celebra el 26 de abril.
ORACIÓN A SAN RAFAEL ARNÁIZ
San Rafael Arnaiz
Señor omnipotente que glorificas a los humildes y abates a los soberbios, te suplicamos por la gloria de tu Santo Nombre ensalces la memoria de San Rafael, concediéndonos la gracia que te pedimos por intercesión del mismo, que vivió y murió para glorificarte a Ti, Señor, que con el Hijo y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
San Marcos, Evangelista:le rogaron a Marcos que recogiera las predicaciones del Apóstol. Oremos juntos. LuisMaria
San Marcos, Evangelista
El ilustre predicador Bossuet refiriéndose a lo bien que supo sintetizar la doctrina de Jesús predicada por San Pedro llamó a nuestro Santo «el más divino de los compendiadores». Lo que sabemos de Juan Marcos se resume a cuanto el libro de San Lucas nos dice de él y la rica tradición de los primeros historiadores que gozan de gran autoridad.- Su madre se llamaba María. La vez primera que hablan los Hechos de él es el Cáp. 12 (12-16) cuando relatan la salida milagrosa de San Pedro de la cárcel por obra del ángel que le abre las puertas y se dirige «a casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde muchos hermanos se hallan congregados en oración». Es fácil que la Casa de María fuera una de tantas, que -a partir de la famosa predicación de San Pedro en que se convirtieron más de tres mil a la fe de Jesucristo-, habría en Jerusalén y donde se reunirían los cristianos para hacer la oración, celebrar la Eucaristía y distribuir los bienes a los necesitados... Por ello la casa de Juan Marcos era bien conocida por Pedro. Éste se lo llevará consigo cuando pase algún tiempo.
Quizá era un niño o jovencillo cuando Jesús fue condenado a muerte. Dice su Evangelio que cuando Jesús fue apresado en el Huerto de los Olivos le seguía un joven envuelto en una sábana para curiosear a ver en qué paraba todo aquello. Era verosímil que este joven fuera el mismo Juan Marcos. Es fácil que también Jesús tuviera estrecha amistad con los padres de Juan Marcos y que éste escuchara en muchas ocasiones los discursos de Jesús. Uno de los primeros bautizados por San Pedro fue Juan Marcos. El que era un niño el año 30, por el 44 ya era todo un hombre y decidió marcharse con su primo José Bernabé hacia la ciudad de Orontes.
Juan Marcos acompañó a Pablo y Bernabé en sus correrías apostólicas por Chipre y otras ciudades. Quizá añoraba su patria chica, es posible que fuera una realidad lo que San Pablo dirá que ha padecido «peligros de los ladrones», «peligros de los caminos», «peligros de la soledad»... Lo cierto es que abandonó a sus amigos y volvió a Jerusalén. Aquí pasó diez o doce años al lado de Pedro ayudándole en sus correrías y haciendo de «intérprete y consejero». El Señor Jesús no escribió ni mandó a los Apóstoles que escribieran. Parece ser que lo que interesaba era la predicación oral. Pero la memoria es flaca y alguien pensó en tener algunos apuntes de cuanto Pedro predicaba y le rogaron a Marcos que recogiera las predicaciones del Apóstol.
Así lo hizo. Pedro amaba con cariño a Marcos. Le llama «mi hijo Marcos» (1 Pe 5, 13). El evangelista Marcos escribe con fluidez, sencillez, en estilo directo y sólido a la vez. Es el más breve de los Evangelios (16 capítulos) y se propone probar la Divinidad de Jesucristo. Marcos se halla en Roma el año 67 cuando mueren los dos Apóstoles San Pedro y San Pablo. Juan Marcos ha jugado un papel muy importante en la evangelización como lo demuestran estas palabras de San Pablo que el 62 dice a Timoteo: «Trae contigo a Marcos, pues lo necesito para el ministerio evangélico». Después extendió el Evangelio por diversos países: Egipto, Aquilea, Cirene... Quizá expiró el año 68.
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Oremos
Señor, tú que diste a San Marcos el carisma de anunciar el Evangelio, haz que sepamos aprovecharnos de sus escritos y por ellos aprendamos a seguir fielmente a Jesucristo. Que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, que es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
San Isidoro Arzobispo de Sevilla:un puente entre la Edad Antigua que se acababa y la Edad Media que comenzaba.-Oremos Juntos.LuisMaria
26 de Abril
San Isidoro
Arzobispo de Sevilla
(año 636)
San IsidoroIsidoro significa: "Regalo de la divinidad (Isis: divinidad. Doro: regalo).
Nació en Sevilla en el año 556. Era el menor de cuatro hermanos, todos los cuales fueron santos y tres de ellos obispos. San Leandro, San Fulgencio y Santa Florentina se llamaron sus hermanos.
Su hermano mayor, San Leandro, que era obispo de Sevilla, se encargó de su educación obteniendo que Isidoro adquiriera el hábito o costumbre de dedicar mucho tiempo a estudiar y leer, lo cual le fue de gran provecho para toda la vida.
Al morir Leandro, lo reemplazó Isidoro como obispo de Sevilla, y duró 38 años ejerciendo aquel cargo, con gran brillo y notables éxitos.
Isidoro fue el obispo más sabio de su tiempo en España. Poseía la mejor biblioteca de la nación. Escribió varios libros que se hicieron famosos y fueron muy leídos por varios siglos como por ej. Las Etimologías, que se pueden llamar el Primer Diccionario que se hizo en Europa. También escribió La Historia de los Visigodos y biografías de hombres ilustres.
San Isidoro es como un puente entre la Edad Antigua que se acababa y la Edad Media que empezaba. Su influencia fue muy grande en toda Europa y especialmente en España, y su ejemplo llevó a muchos a dedicar sus tiempos libres al estudio y a las buenas lecturas.
Fue la figura principal en el Concilio de Toledo (año 633) del cual salieron leyes importantísimas para toda la Iglesia en España y que contribuyeron muy fuertemente a mantener firme la religiosidad en el país.
Se preocupaba mucho porque el clero fuera muy bien instruido y para eso se esforzó porque en cada diócesis hubiera un colegio para preparar a los futuros sacerdotes, lo cual fue como una preparación a los seminarios que siglos más tarde se iban a fundar en todas partes.
Dice San Ildefonso que "la facilidad de palabra era tan admirable en San Isidoro, que las multitudes acudían de todas partes a escucharle y todos quedaban maravillados de su sabiduría y del gran bien que se obtenía al oír sus enseñanzas".
Su amor a los pobres era inmenso, y como sus limosnas eran tan generosas, su palacio se veía continuamente visitado por gentes necesitadas que llegaban a pedir y recibir ayudas. De todas las ciencias la que más le agradaba y más recomendaba era el estudio de la Sagrada Biblia, y escribió unos comentarios acerca de cada uno de los libros de la S. Biblia. Cuando sintió que iba a morir, pidió perdón públicamente por todas las faltas de su vida pasada y suplicó al pueblo que rogara por él a Dios. A los 80 años de edad murió, el 4 de abril del año 636.
La Santa Sede de Roma lo declaró "Doctor de la Iglesia".
Casi toda ocupación, iglesia, país, enfermedad, etc.; tiene un Santo patrono. Estos Santos se escogen como protectores o guardianes. A su vez, cada Santo se escoge hoy día basado en un interés, talento, o porque un evento en la vida del Santo se adapta con el área de interés a la cual buscamos un patrono. Un patrono nos ayuda a seguir su ejemplo de vida santa y a pedir en oración su intercesión ante Dios.
El internet no se podía quedar sin su Santo patrono. Por eso el Vaticano, durante el papado de Juan Pablo II, se pronunció por nombrar a San Isidoro de Sevilla como el guardián del internet, de los usuarios de computadoras y sus técnicos. Por qué esta distinción o escogencia a este santo, pues porque San Isidoro creó la primera base de datos en el siglo 7; cuando recopiló todo el saber de su tiempo, ordenándola en forma racional. Es por eso que en 1999 fue nominado “protector” de la WWW.
Es interesante saber que existe una oración creada por el Padre John Zuhlsdorf, la cual fue aprobada por un obispo. Esta oración ha sido traducida del inglés a muchos idiomas, aquí les presento la versión en español.
Oración Antes de Ingresar a Internet
Dios Todopoderoso y eterno,
tú que nos has creado a imagen y semejanza tuya,
y nos has mandado a buscar todo lo que es bueno, verdadero y hermoso, especialmente en la persona de tu Hijo Unigénito, Señor nuestro Jesucristo.
Te rogamos, que por intercesión de San Isidoro de Sevilla, Obispo y Doctor de la Iglesia,
hagas que durante nuestra peregrinación en la Internet
dirijamos nuestros ojos y nuestras manos solamente a lo que te es grato y que tratemos con caridad y paciencia a todas las almas que encontremos.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
martes, 4 de noviembre de 2014
2014-75.-Sagrado Corazón de Jesús, Diversos elementos del culto al corazón de Jesús.- Oremos
| 31 de oct. (hace 4 días)![]() | ![]() ![]() | ||
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Diversos elementos del culto al corazón de Jesús
Si retomamos ahora un poco los diversos elementos de este culto veremos cuánto se justifica.
El objeto propio y directo es el corazón físico. Este corazón es, en efecto, digno de adoración. ¿Por qué? Porque forma parte de la naturaleza humana y porque el verbo se unió a una naturaleza perfecta: Perfectus homo(1). La misma adoración que damos a la persona divina del Verbo alcanza a todo lo que le está unido personalmente, todo lo que subsiste en ella y por ella. Esto es acierto acerca de la naturaleza humana de Jesús entera, es verdad en lo relativo a cada una de sus partes que la componen. Elcorazón de Jesús es el corazón de un Dios.
Pero este corazón que honramos, que adoramos en esta humanidad unida a la persona del Verbo, sirve aquí de símbolo(2). ¿Símbolo de qué? Del amor. En el lenguaje usual, el corazón es aceptado como el símbolo del amor. Cuando Dios nos dice en la Escritura: "Hijo mío, dame tu corazón", comprendemos que el corazón significa aquí el amor. Se puede decir de alguien: le estimo le respeto, pero no puedo darle mi corazón; se destaca por esas palabras que la amistad, la intimidad y la unión son imposibles.
En la devoción al Corazón Sagrado de Jesús, honramos, pues, el amor que nos alcanza el Verbo encarnado. Primeramente amor creado. Cristo Jesús, simultáneamente, Dios y Hombre, Dios perfecto: es el misterio mismo de la encarnación. En su Calidad de "Hijo del hombre", Cristo tiene un corazón como el nuestro, un corazón de carne, un corazón que late por nosotros con el amor más tierno, más verdadero, más noble, más fiel que pueda haber.
En su carta a los Efesios, San Pablo les dice que oraba a Dios con insistencia para hacerles conocer la extensión, la altura y la profundidad del misterio de Jesús, tanto que estaba boquiabierto por las riquezas inconmensurables que encerraba. Habría podido decir otro tanto del amor del corazón de Jesús por nosotros; por otro lado, lo dijo cuando proclamó "que este amor sobrepasaba toda ciencia"(3).
Y, en efecto, no agotaríamos jamás los tesoros de ternura, de amabilidad de benevolencia, de caridad, cuyo horno ardiente es el corazón del Hombre-Dios. Basta abrir el Evangelio; veremos, en cada página, explotar la bondad, la misericordia, y la condescendencia de Jesús respecto de los hombres. He intentado, exponiendo algunos de la vida pública, mostrar lo que este amor tiene de profundamente humano, de infinitamente delicado.
Este amor de Cristo no es una quimera, es muy real, porque se funda sobre la realidad de la encarnación misma. La Virgen María, S. Juan, Magdalena, Lázaro, lo saben bien. No es solamente un amor de voluntad, sino también de sentimiento. Cuando Cristo Jesús decía: "Tengo piedad de la multitud"(4), sintió realmente que la compasión le removía las fibras de su corazón de hombre; cuando veía a Martha y Magdalena llorar a su hermano, lloró con ellas: lágrimas muy humanas, que brotaban de la emoción que le estremecía el corazón. Por ese motivo fue que los judíos que fueron testigos de ese espectáculo dijeron: "Cuánto le quería".
Cristo no cambia nunca. Fue ayer, es hoy, permanece en el cielo el corazón más amante y más amable que se pueda encontrar. San Pablo nos dice en términos propios que debemos tener plena confianza en Jesús porque es un pontífice compasivo que conoce nuestros sufrimientos, nuestras miserias, nuestras enfermedades, ya que se hizo igual a nosotros excepto en el pecado. Sin duda, Cristo no puede sufrir más: Mors illi ultra non dominabitur(5), pero sigue siendo aquel que se emocionó de compasión, que sufrió, que rescató a los hombres por amor: Dilexit me et tradidit semetipsum pro me.
Este amor humano de Jesús, este amor creado, ¿de dónde sacaba su fuente? ¿De dónde se derivaba? Del amor increado y divino y del amor del Verbo eterno al que la naturaleza humana está indisolublemente unido. En Cristo, aunque haya dos naturalezas perfectas y distintas, que guardan sus energías específicas y sus operaciones propias, no hay sino una sola persona divina. El amor creado de Cristo no es sino una revelación de su amor increado. Todo lo que ese amor creado realiza lo hace en unión con el al amor increado y por causa de él: el corazón de Cristo iba a sacar su bondad humana del océano divino(6).
Sobre el calvario, vemos morir a un hombre como nosotros, que fue presa de la angustia, que sufrió, que fue aplastado por los tormentos, más que ningún hombre lo será alguna vez: comprendemos el amor que este hombre nos muestra. Pero este amor, que por sus excesos sobrepasa nuestra ciencia, es la expresión concreta y tangible del amor divino. El corazón de Jesús, traspasado sobre la cruz nos revela el amor humano de Cristo; pero detrás del velo de la humanidad de Jesús, se muestra la inefable e incomprensible amor del Verbo.
¡Qué extensas perspectivas nos abre esta devoción! ¡Cómo está en su naturaleza atraer al alma fiel! Porque ella suministra el medio de honrar lo que hay de más grande y más elevado, de más eficaz en Cristo Jesús, Verbo encarnado: el amor que entrega al mundo y cuyo horno es su corazón.
Beato Columba Marmion,OSB
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1 Símbolo atribuido a S. Atanasio.
2 Prov. XXIII, 26.
3 Mat XV.
4 Mat XV
5 Rom VI, 9
6 "En el Sagrado Corazón encontrarán el símbolo y la imagen sensible de la caridad infinita de Jesucristo, de esta caridad que nos leva a amarlo en reciprocidad". León XIII, Bula Nahum sacrum, 25 de mayo de 1899
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" ACTO DE CONFIANZA EN EL CORAZÓN DE JESÚS
Oh, Corazón de Jesús, Dios y Hombre verdadero, delicia de los Santos, refugio de los pecadores y esperanza de los que en Ti confían; Tú nos dices amablemente: Vengan a Mí; y nos repites las palabras que dijiste al paralítico: Confía, hijo mío, tus pecados te son perdonados, y a la mujer enferma: Confía, hija, tu fe te ha salvado, y a los Apóstoles: Confíen, Yo Soy, no teman.
Animado con estas palabras acudo a Ti con el corazón lleno de confianza, para decirte sinceramente y desde lo más íntimo de mi alma: Corazón de Jesús en Ti confío.
Sí, Corazón de mi amable Jesús, confío y confiaré siempre en tu bondad; y, por el Corazón de tu Madre, te pido que no desfallezca nunca esta confianza en Ti, a pesar de todas las contrariedades y de todas las pruebas que Tú quisieras enviarme, para que habiendo sido mi consuelo en vida, seas mi refugio en la hora de la muerte y mi gloria por toda la eternidad. Amén.
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2014-43- Homenaje Sabatino:Stabat Mater Dolorosa .-Oremos juntos
| 1 de nov. (hace 3 días)![]() | ![]() ![]() | ||
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Stabat Mater Dolorosa
Iuxta Crucem Lacrimosa
Dunt Pendebat Filius.
Estaba La Dolorosa
Junto Al Leño De La Cruz
Que Alta Palabra De Luz
Que Manera Tan Graciosa
De Enseñarnos La Preciosa
Lección Del Callar. Doliente
Tronaba El Cielo, Rugiente,
La Tierra Se Estremecía,
Bramaba El Agua....Y María…
Estaba Sencillamente.
José María Peman
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Dios te salve, María,
llena de gracia, el Señor es contigo.
Bendita eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
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