sábado, 23 de enero de 2010

VIRGEN DEL POZO, PATRONA DE LOS DEPRIMIDOS

El Obispo de nuestra Diocesis trajo a la iglesia una imagen de “La Virgen del Pozo”, a la que presentó como “La Patrona de los que sufren depresión”. En un mundo donde más y más gente cae en el pozo de la depresión, ésta advocación Mariana viene a oficiar como bastón y ayuda de quienes desean encontrar en el amor a Dios el camino de salida de la tristeza extrema. Un mal moderno por definición, la depresión nos invade poniendo un vacío que nos distancia de la esperanza y la alegría de ser hijos de Dios. Puede ser clasificada claramente como un desierto espiritual, que el hombre debe aprender a sobrellevar como una cruz que Jesus nos invita a compartir con El. Vista de este modo, la tristeza o depresión adquieren un valor espiritual inmenso, porque nos unen con la angustia que el Señor sufrió en el Getsemani, la noche en que iba a ser traicionado y entregado. Jesús verá con agrado nuestra ofrenda, y nos sacará a la luz de la esperanza cuando nuestra alma esté lista para recibir Su Gracia.

De este modo, La Virgen del Pozo es la perfecta intercesora con Aquel que, todo amor, nos espera con los Brazos abiertos para ser nuestro motivo de alegría y esperanza, fe y amor. María es, una vez más, el camino más corto y simple para reencontrarnos con Jesús.

La Virgen del Pozo

El origen de la devoción a la Advocación Mariana de La Madonna del Pozzo se remonta al siglo XIII, en la Roma de la edad media. La tradición indica que alguien arrojó, voluntariamente, una imagen de María realizada sobre una pieza de piedra dentro de un pozo cisterna o pozo de agua. El profundo hoyo se encontraba ubicado en el establo de la residencia de un Cardenal en las inmediaciones de Roma. En la noche entre el 26 y el 27 de septiembre del año 1256 se produce el prodigioso hecho de que el agua empieza a brotar con tal fuerza desde el pozo, que eleva a la superficie la imagen de la Virgen retratada en piedra. Los testigos advirtieron no sólo el fluir violento del agua sino de modo mucho más resaltable, que se elevaba a la superficie la piedra con la imagen de la Virgen. El hecho fue inmediatamente reconocido como un milagro, al punto que el propio Pontífice realizó una procesión hasta el lugar de los hechos. Desde entonces esta advocación de María es conocida como la Virgen del Pozo, o la Madonna del Pozzo.

En la actual Iglesia-Santuario ésta imagen es venerada en una Capilla, donde muchos fieles se acercan cotidianamente para beber el agua del antiguo pozo, que luego de tantos siglos sigue brotando.

El contiguo convento de los Siervos de María fue abierto en el año de 1513, que era anteriormente convento de la Observancia y después de Mantua. Desde el año 1803 forma parte de la Provincia de Romaña, hoy Provincia de Piemonte-Romaña de los Siervos de María. Los sacerdotes servitas custodian este santo lugar, señalado por la Gracia de Dios.


Oración:

Virgencita del Pozo, luz de luz, alegría de alegría
esperanza de los tristes, amor de los afligidos
consuelo de los pobres de espíritu
linterna que alumbra las noches de oscuridad.

Danos tu luz, omnipotencia suplicante
elévanos en la oración, sujetos a tu calcañal
humildes en la espera, firmes en la confianza
entregados a tu Maternidad Divina.

Tu, Señora de la Alta Gracia
llévanos a tu Hijo, Jesús
ábrenos al Divino Espíritu de Amor
enséñanos a conocer el Amor del Padre.

Que tu luz sea nuestra luz
Que tu amor sea nuestro amor
Que tu esperanza sea nuestra esperanza
Que tu fe sea nuestra fe

Virgencita del Pozo, serena nuestros corazones
para que unidos a tu Inmaculado Corazón
y con la alegría de ser tu fiel reflejo
seamos capaces de unirnos a tu santa corredención


Para quienes visitan Roma, los datos para visitar a nuestra Virgencita del Pozo son los siguientes:

Comunidad de los Siervos de María
Convento Santa Maria in Via
Via del Mortaro, 24
00187 ROMA RM
Italia
Tel. (+39) 06. 697 6741 - 2 - 3
Fax (+39) 06. 697 674 34
E-mail: santamariainvia@vicariatus.urbis.org

VIRGEN DEL POZO, PATRONA DE LOS DEPRIMIDOS

Virgen del Pozo, Patrona de los deprimidos
María es nuestro sostén en las horas de oscuridad

Esta devoción Mariana fue traída a Argentina por nuestro Obispo, Monseñor Oscar Domingo Sarlinga, a cargo de la Diócesis de Zarate-Campana, y es un especial consuelo para los que sufren tristeza crónica y depresión.

Monseñor Sarlinga entronizó en su Diócesis esta hermosa Advocación Mariana para que la veneremos y busquemos en Ella el sostén que el mundo no nos da. Es un dolor inmenso el que sufren los que padecen de depresión psicológica o espiritual, siendo que algo semejante a una noche interior se cierne sobre sus corazones. El ahogo parece no tener fin, pero es en la Madre del Salvador que encontraremos el camino a la Luz.

Esta antigua advocación Mariana tiene una hermosa historia que ofrecemos a ustedes, para mayor conocimiento de las maravillas que Dios le ha encomendado a Su Madre.

viernes, 22 de enero de 2010

CONGREGACION MARIA REINA INMACULADA

La historia de la CMRI

Todas las órdenes y congregaciones religiosas de la Iglesia católica comenzaron como pequeñas comunidades de hombres y mujeres devotos, unidos simplemente por sus principios. Con el transcurso del tiempo, cada orden adoptó reglas y constituciones, que fueron luego aprobadas por la Iglesia. La Congregación de María Reina Inmaculada o CMRI (Congregatio Mariae Reginae Immaculatae) ha seguido los mismos pasos.

Esta congregación comenzó en Coeur d'Alene (Idaho) en 1967, como una asociación de religiosos y religiosas laicos dedicados a difundir el mensaje de Nuestra Señora de Fátima. La Congregación tuvo su primer capítulo general en julio de 1986, en el Monte San Miguel (Spokane, Washington). Durante esta reunión, la CMRI estableció sus reglas y constituciones. En el mismo año, la regla fue aprobada por el obispo Robert McKenna, cuyo linaje episcopal se remonta al arzobispo Pierre Martin Ngo-dinh-Thuc. (El arzobispo Thuc recibió extraordinarios poderes patriarcales del papa Pío XI el 15 de marzo de 1938. Por medio de estas facultades, podía consagrar legítimamente obispos sin el usual mandato de Roma. El papa Pío XII renovó estas facultades el 8 de diciembre de 1939 y nunca fueron rescindidas.)

Al crecer la Congregación, se le pidió que atendiera las necesidades espirituales de los muchos católicos que no estaban dispuestos a aceptar el modernismo del Vaticano II. Con la muerte del papa Pío XII y la convocación del segundo Concilio Vaticano, sobrevino a la Iglesia una situación sin precedentes, que atacó sus mismas doctrinas y su culto. Para asegurar la preservación de la fe católica y el tradicional santo sacrificio de la misa y los sacramentos, los sacerdotes, monjes y monjas de la Congregación María Reina Inmaculada profesan y mantienen la fe católica tal como fue enseñada constantemente a través de los siglos desde los tiempos de Cristo. La CMRI respeta y defiende el Código de Derecho canónico de 1917 y los principios de epikeia que reflejan el pensar de la Iglesia de que «la salvación de las almas es ley suprema.»

El actual superior general de la CMRI es el obispo Mark A. Pivarunas. La madre general de las Religiosas Marianas es la madre María Katrina. Los religiosos de la Congregación María Reina Inmaculada atienden 29 iglesias y capillas en los Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y las Islas Fiyi. También llevan un seminario en Omaha (Nebraska). La residencia principal de las Religiosas está en Spokane (Washington). Los miembros de la CMRI fomentan la verdadera devoción a la Santísima Virgen María y luchan por promover las peticiones de Nuestra Señora de Fatima de rezar el rosario, llevar el escapulario y practicar la reparación y la enmienda de la vida.

MARIA REINA INMACULADA

María Inmaculada: reina del universoHe aquí nuestra santa patrona, María Reina Inmaculada, con todos los emblemas de su realeza: su manto, con ribete de armiño, envuelve el globo y denota soberana majestuosidad. El cetro en su mano derecha, ligeramente inclinado en señal de misericordia, afirma su autoridad y potestad. La deslumbrante blancura de sus vestidos y del lirio que yace a sus pies evocan su pureza virginal. El lado de su manto que está vuelto hacia los hombres es el color del amanecer y les habla de la esperanza. El rosario que lleva puesto nos invita a rezar y las rosas que adornan las grandes cuentas son símbolo de su infinito amor. Camina hacia adelante sobre la esfera, que representa el mundo, para encontrarse con sus hijos y ayudarles en sus tribulaciones; sin embargo, sus pies apenas se deslizan por el globo como recordatorio de que este mundo no es sino un pasaje que conduce a la eterna patria.

miércoles, 20 de enero de 2010

Cuaresma I Domingo de Cuaresma, Ciclo B, Con Jesús en el desierto

I Domingo de Cuaresma, Ciclo B,
Con Jesús en el desierto

Autor: P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Sitio Web: P. Raniero Cantalamessa, ofmcap



Génesis 9, 8-15;
1 Pedro 3, 18-22;
Marcos 1, 12-15

Con Jesús en el desierto

Concentrémonos en la frase inicial del Evangelio: «El Espíritu empujó a Jesús al desierto». Contiene un llamamiento importante en el inicio de la Cuaresma. Jesús acababa de recibir, en el Jordán, la investidura mesiánica para llevar la buena nueva a los pobres, sanar los corazones afligidos, predicar el reino. Pero no se apresura a hacer ninguna de estas cosas. Al contrario, obedeciendo a un impulso del Espíritu Santo, se retira al desierto donde permanece cuarenta días, ayunando, orando, meditando, luchando. Todo esto en profunda soledad y silencio.

Ha habido en la historia legiones de hombres y mujeres que han elegido imitar a este Jesús que se retira al desierto. En Oriente, empezando por san Antonio Abad, se retiraban a los desiertos de Egipto o de Palestina; en Occidente, donde no había desierto de arena, se retiraban a lugares solitarios, montes y valles remotos.

Pero la invitación a seguir a Jesús en el desierto se dirige a todos. Los monjes y los ermitaños eligieron un espacio de desierto; nosotros debemos elegir al menos un tiempo de desierto. Pasar un tiempo de desierto significa hacer un poco de vacío y de silencio en torno a nosotros, reencontrar el camino de nuestro corazón, sustraerse al alboroto y a los apremios exteriores para entrar en contacto con las fuentes más profundas de nuestro ser.

Bien vivida, la Cuaresma es una especie de cura de desintoxicación del alma. De hecho no existe sólo la contaminación de óxido de carbono; existe también la contaminación acústica y luminosa. Todos estamos un poco ebrios de jaleo y de exterioridad. El hombre envía sus sondas hasta la periferia del sistema solar, pero ignora, la mayoría de las veces, lo que existe en su propio corazón. Evadirse, distraerse, divertirse: son palabras que indican salir de sí mismo, sustraerse a la realidad. Hay espectáculos «de evasión» (la TV los propina en avalancha), literatura «de evasión». Son llamados, significativamente, fiction, ficción. Preferimos vivir en la ficción que en la realidad. Hoy se habla mucho de «alienígenas», pero alienígenas, o alienados, lo estamos ya por nuestra cuenta en nuestro propio planeta, sin necesidad de que vengan otros de fuera.

Los jóvenes son los más expuestos a esta embriaguez de estruendo. «Que se aumente el trabajo de estos hombres –decía de los hebreos el faraón a sus ministros-- para que estén ocupados en él, de forma que no presten oído a las palabras de Moisés y no piensen en sustraerse de la esclavitud» (Ex 5, 9). Los «faraones» de hoy dicen, de modo tácito pero no menos perentorio: «Que se aumente el alboroto sobre estos jóvenes, que les aturda, para que no piensen, no decidan por su cuenta, sino que sigan la moda, compren lo que queremos nosotros, consuman los productos que decimos nosotros».

¿Qué hacer? Al no podernos ir a desierto hay que hacer un poco de desierto dentro de nosotros. San Francisco de Asís nos da, al respecto, una sugerencia práctica. «Tenemos --decía-- una ermita siempre con nosotros; allí donde vayamos y cada vez que lo queramos podemos encerrarnos en ella como ermitaños. ¡El eremitorio es nuestro cuerpo y el alma es la ermita que habita dentro!». En este eremitorio «portátil» podemos entrar, sin saltar a la vista de nadie, hasta mientras viajamos en un autobús concurridísimo. Todo consiste en saber «volver a entrar en uno mismo» cada tanto.

¡Que el Espíritu que «empujó a Jesús al desierto» nos lleve también a nosotros, nos asista en la lucha contra el mal y nos prepare a celebrar la Pascua renovados en el espíritu!

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]

¿Por qué tus discípulos no ayunan?

VIII Domingo del Tiempo ordinario, Ciclo B.
¿Por qué tus discípulos no ayunan?

Autor: P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Sitio Web: P. Raniero Cantalamessa, ofmcap



Oseas 2,14b.15b19-20;
2 Corintios 3, 1b-6;
Marcos 2,18-22

¿Por qué tus discípulos no ayunan?

«Como los discípulos e Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: “¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?”. Jesús les dijo: “¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientas el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día”».

De este modo Jesús no reniega de la práctica del ayuno, sino que la renueva en sus formas, tiempos y contenidos. El ayuno se ha convertido en una práctica ambigua. En la antigüedad no se conocía más que el ayuno religioso; hoy existe el ayuno político y social (¡huelgas de hambre!), un ayuno saludable o ideológico (vegetarianos), un ayuno patológico (anorexia), un ayuno estético (para mantener la línea). Existe sobre todo un ayuno impuesto por la necesidad: el de los millones de seres humanos que carecen de lo mínimo indispensable y mueren de hambre.

Por sí mismos, estos ayunos nada tienen que ver con razones religiosas y ascéticas. En el ayuno estético incluso a veces (no siempre) se «mortifica» el vicio de la gula sólo por obedecer a otro vicio capital, el de la soberbia o de la vanidad.

Es importante por ello intentar descubrir la genuina enseñanza bíblica sobre el ayuno. En la Biblia encontramos, respecto al ayuno, la actitud del «sí, pero», de la aprobación y de la reserva crítica. El ayuno, por sí, es algo bueno y recomendable; traduce algunas actitudes religiosas fundamentales: reverencia ante Dios, reconocimiento de los propios pecados, resistencia a los deseos de la carne, solicitud y solidaridad hacia los pobres... Como todas las cosas humanas, sin embargo, puede decaer en «presunción de la carne». Basta con pensar en la palabra del fariseo en el templo: «Ayuno dos veces por semana» (Lucas, 18, 12).

Si Jesús nos hablara a los discípulos de hoy, ¿sobre qué insistiría más? ¿Sobre el «sí» o sobre el «pero»? Somos muy sensibles actualmente a las razones del «pero» y de la reserva crítica. Advertimos como más importante la necesidad de «partir el pan con el hambriento y vestir al desnudo»; tenemos justamente vergüenza de llamar al nuestro un «ayuno», cuando lo que sería para nosotros el colmo de la austeridad –estar a pan y agua-- para millones de personas sería ya un lujo extraordinario, sobre todo si se trata de pan fresco y agua limpia.

Lo que debemos descubrir son en cambio las razones del «sí». La pegunta del Evangelio podría resonar, en nuestros días, de otra manera: «¿por qué los discípulos de Buda y de Mahoma ayunan y tus discípulos no ayunan?» (es archisabido con cuánta seriedad los musulmanes observan su Ramadán).

Vivimos en una cultura dominada por el materialismo y por un consumismo a ultranza. El ayuno nos ayuda a no dejarnos reducir a puros «consumidores»; nos ayuda a adquirir el precioso «fruto del Espíritu», que es «el dominio de sí», nos predispone al encuentro con Dios que es espíritu, y nos hace más atentos a las necesidades de los pobres.

Pero no debemos olvidar que existen formas alternativas al ayuno y a la abstinencia de alimentos. Podemos practicar el ayuno del tabaco, del alcohol y bebidas de alta graduación (que no sólo al alma: también beneficia al cuerpo), un ayuno de las imágenes violentas y sexuales que televisión, espectáculos, revistas e Internet nos echan encima a diario. Igualmente esta especie de «demonios» modernos no se vencen más que «con el ayuno y la oración».

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]

Tus pecados te son perdonados

VII Domingo del Tiempo ordinario, Ciclo B.
Tus pecados te son perdonados

Autor: P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Sitio Web: P. Raniero Cantalamessa, ofmcap



Isaías 43, 18-19.21-22.24b-25;
2 Corintios 1, 18-22;
Marcos 2, 1-12)

Tus pecados te son perdonados


Un día que Jesús estaba en casa (tal vez en la casa de Simón Pedro, en Cafarnaúm), se reunió tal multitud que no se podía de modo alguno entrar por la puerta. Un grupito de personas que tenía un familiar o amigo paralítico pensó superar el obstáculo destapando el techo y descolgando al enfermo por los bordes de una sábana ante Jesús. Él, vista la fe de aquellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».

Algunos escribas presentes piensan en sus corazones: «¡Blasfemia! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino Dios sólo?». Jesús no desmiente su afirmación, pero demuestra con los hechos tener sobre la tierra el poder mismo de Dios: «Para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados –dice al paralítico--: “A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a casa”».

Lo que ocurrió aquel día en casa de Simón es lo que Jesús sigue haciendo hoy en la Iglesia. Nosotros somos aquel paralítico, cada vez que nos presentamos, esclavos del pecado, para recibir el perdón de Dios.

Una imagen de la naturaleza nos ayudará (por lo menos me ha ayudado a mí) a entender por qué sólo Dios puede perdonar los pecados. Se trata de la imagen de la estalagmita. La estalagmita es una de esas columnas calizas que se forman en el fondo de ciertas grutas milenarias por la caída de agua calcárea desde el techo de la cueva. La columna que pende del techo de la gruta se llama estalactita, la que se forma abajo, en el punto en que cae la gota, estalagmita. La cuestión no es el agua y su flujo al exterior, sino que en cada gota de agua hay un pequeño porcentaje de caliza que se deposita y hace masa con la precedente. Es así que, con el paso de milenios, se forman esas columnas de reflejos irisados, bellas de contemplar, pero que si se miran mejor se parecen a barrotes de una celda o a afilados dientes de una fiera de fauces abiertas de par en par.

Lo mismo ocurre en nuestra vida. Nuestros pecados, en el curso de los años, han caído en el fondo de nuestro corazón como muchas gotas de agua calcárea. Cada uno ha depositado ahí un poco de caliza --esto es, de opacidad, de dureza y de resistencia a Dios— que iba haciendo masa con lo que había dejado el pecado precedente. Como sucede en la naturaleza, el grueso se iba, gracias a las confesiones, a las Eucaristías, a la oración. Pero cada vez permanecía algo no disuelto, y ello porque el arrepentimiento y el propósito no eran «perfectos». Y así nuestra estalagmita personal ha crecido como una columna de caliza, como un rígido busto de yeso que enjaula nuestra voluntad. Se entiende entonces de golpe qué es el famoso «corazón de piedra» del que habla la Biblia: es el corazón que nos hemos creado nosotros mismos, a fuerza de convenios y de pecados.

¿Qué hacer en esta situación? No puedo eliminar esa piedra con mi voluntad sola, porque aquella está precisamente en mi voluntad. Se comprende pues el don que representa la redención obrada por Cristo. De muchas maneras Cristo continúa su obra de perdonar los pecados. Pero existe un modo específico al que es obligatorio recurrir cuando se trata de rupturas graves con Dios, y es el sacramento de la penitencia.

Lo más importante que la Biblia tiene que decirnos acerca del pecado no es que somos pecadores, sino que tenemos un Dios que perdona el pecado y, una vez perdonado, lo olvida, lo cancela, hace algo nuevo. Debemos transformar el remordimiento en alabanza y acción de gracias, como hicieron aquel día, en Cafarnaúm, los hombres que habían asistido al milagro del paralítico: «Todos se maravillaron y glorificaban a Dios diciendo: “Jamás vimos cosa parecida”».

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]