viernes, 12 de diciembre de 2008

Curso Educar Para El Perdón

Todos queremos ser felices y tenemos en nuestras manos una de las claves para lograrlo, el perdón. Este curso afronta el tema, profundiza en la belleza del perdón y ofrecen algunas soluciones para aplicarlo a la vida diaria.

Curso Educar Para El PerdónCurso Educar para el Perdón.Autor: comunidad de Educadores CatólicosFuente: Mons. Francisco Ugarte Corcuera, “Del Resentimiento al Perdón. Una Puerta para la Felicidad”. 12ª reimpresión, 2008.Fechas:Del 21 de enero al 22 de abril 2009¿Ya perdonaste? Es muy frecuente oírlo y creemos haberlo logrado, pero casi siempre la herida se cierra en falso, por dentro queda el malestar que con el paso del tiempo supura y hay necesidad de volver a abrir para sacar el mal de raíz. Olvidar sin perdonar sólo hace que el corazón resulte dañado porque el rencor volverá algún día tarde o temprano, y el mal se verá agrandado y hasta con intereses.El perdón siendo tan difícil, nunca vendría a nuestras fuerzas humanas, si no tenemos el auxilio de la fe, y el ejemplo de Cristo que desde lo alto de la cruz escribió la página más bella de amor y de perdón a todos los hombres, pues perdonó y disculpó a todos: “perdónalos, porque no saben lo que hacen”, sin olvidarnos que el mismo Cristo puso como única condición para perdonarnos: “Perdónanos… como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.Todos queremos ser felices y tenemos en nuestras manos una de las claves más bellas para lograrlo: el perdón. Es por esto que la Comunidad de Educadores Católicos tiene el gusto de invitarlos al curso en línea “Educar para el perdón" dirigido a los católicos interesados en la formación y vivencia de la fe. Este curso afronta el tema, profundiza en la belleza del perdón y ofrece algunas soluciones para aplicarlo a la vida diaria.Agradecemos de manera especial a Mons. Francisco Ugarte Corcuera que ha querido compartir con nosotros su sabiduría en el tema.Datos generalesTodos los Miércoles Inicio del Curso: Miércoles 21 enero del 2009Fin del Curso: Miércoles 29 abril del 2009Escúchalo también en la radioEste curso también será transmitido en
http://www.radio.catholic.net/, con la colaboración especial de Mauricio I. Pérez, director de http://www.semillasparalavida.catolicas.infoLos Podcast podrán ser descargados a tu PC, los encontrarás en cada sesión del curso.Temario y calendario del cursoPrimera parte: Lo que es el resentimiento1. Los estímulos y la respuesta personal (21 de enero 2009)2. El auxilio de la inteligencia y de la voluntad (28 de enero 2009)3. Un veneno que debemos evitar (4 febrero 2009)Segunda parte: La persona resentida1. Estar o ser resentido (11 febrero)2. Aliados del resentido (18 febrero)3. ¿Cómo combatir a los Aliados? (25 febrero)Tercera parte: El perdón1. Diferencia entre disculpar y perdonar (4 marzo)2. Consecuencias para quien perdona (11 marzo)3. La misericordia Divina (18 marzo)Cuarta parte: el misterio del perdón1. Por qué perdonar (25 marzo)2. Cómo perdonar (1 abril)3. Efectos del perdón y la belleza del perdón de Dios. (8 abril)Quinta parte: Perseverar en el perdón (15 abril)Inscripción al curso1. Llenar la forma de inscripción al curso. Al enviarla recibirás una respuesta de confirmación.Inscríbete aquí2. Suscribete al Foro curso Educar para el perdón , donde se entregarán los comentarios al tema de discusión sugerido.Click aquí para registrarte en el foro del curso.Es muy importante leer las Normas de Conducta antes de participar en el foro3. En el foro también podrás formular comentarios, dudas y opiniones con los otros participantes y con los tutores de curso.Metodología1. A partir del 21 enero 2009, cada miércoles, recibirás en tu correo el tema correspondiente. 2. También recibirás una pregunta o un tema de discusión que deberás comentar en el foro. 3. Cada tema también será publicado en el Foro del Curso y en la Comunidad de Educadores Católicos4. Durante todo el curso contarás con las tutorías deP. Llucià Pou Sabaté Dr. en teología moralP. Pedro Mereu SDB Sacerdote Italiano, Acompañamiento espiritual.Esteban Noguer Gelma director de CAPYF (Red de gabinetes de Orientacion Familiar en varias ciudades Españolas) y Presidente de la AEOAF (asociación Española de Orientadores y Asesores Familiares)Salvador Casadevall Especialidad: Espiritualidad conyugal, etapas del matrimonio, perdón, solidaridad y educación de los hijos.Pastor Alberto López Ortega Especialidad: Educación personalizada en las Universidades5. Si tienes cualquier duda de cómo entrar en el foro, dudas de cómo participar, etc. puedes consultar a Mayra Novelo de Bardo moderadora del curso.Para obtener el diploma del CursoEl Curso es totalmente gratuito para todo aquél que quiera estudiarlo. Para aquéllos que estén interesados no sólo en aprender, sino también en obtener un certificado impreso de haber realizado y acreditado el Curso "Educar para el perdón", el Diploma será otorgado por Catholic.net 1) Estudiar los materiales y cumplir puntualmente con los trabajos y comentarios en el foro.2) Publicar el resumen final del curso en los foros3) Depositar en nuestra terminal virtual, al finalizar el curso, el monto establecido para recibir el diploma, que será de $15 usd. Más adelante les haremos llegar la información completa de cómo realizar este depósito.

La Guadalupana, tu madre

Autor: P. Mariano de Blas
Fuente: Catholic.net

Tenemos miedo de tantas cosas, la enfermedad, falta de dinero, que nos roben, miedo al futuro. Pero Ella nos dece: “No temas..."

El nombre más repetido en las mujeres mexicanas es el de GUADALUPE. Por eso muchas celebran su santo el 12 de Diciembre, fecha en que una mujer vestida de princesa, se le apareció a un natural de esta tierra, a Juan Diego, en la Colina del Tepeyac. Santa María de Guadalupe es el nombre de la celestial Señora. Ella pidió que se construyera un templo, y el templo se construyó. Más aún, hace algunos años se construyó un nuevo santuario más grande y moderno para dar cabida a un número mayor de peregrinos. Hoy se encuentran muchísimos templos en todo México dedicados a la Virgen de Guadalupe. Casi todas las ciudades tienen el suyo. ¿Para qué pidió un templo? Para que todos nos sintiéramos en su casa cuando fuéramos allí a rezar, para poder decir a cada habitante de nuestro país las mismas palabras que dirigió a Juan Diego: “No temas, ¿no esto yo aquí que soy tu Madre?” Hermosas palabras que nos quiere decir a cada uno todos los días, pero sobre todo en esos días amargos, días de dolor y desesperanza. “No temas, ¿no esto yo aquí que soy tu Madre?...” Tenemos miedo de tantas cosas, miedo de perder la salud, el dinero, a que nos roben, miedo al futuro. Existe mucho miedo en el ambiente. “No temas...”, nos dice Ella. El 12 de Diciembre hasta los más duros se ablandan, van de rodillas ante la Guadalupana. Santos y pecadores, borrachos y mujeriegos, quizá hasta le juren a la Virgencita que van a cambiar para siempre, y al día siguiente vuelven a ser los mismos. Pero hicieron el intento, y cualquier intento es bueno. Ella se los toma en cuenta. Después de tantos intentos fallidos, basta que uno de esos esfuerzos de resultado. Yo me pregunto si México sería el mismo si no hubiera intervenido en su historia la Reina del Cielo. Me impresiona que los mismos inicios de México como nación, interviniera tan amorosamente esa Persona a quién con santo orgullo se le llama “Reina de México”. En aquel momento era necesaria la ayuda y protección de la Madre de Dios. Hoy es mucho más necesaria. Los males de México son tantos y tan duros que se necesita la ayuda del cielo para remediarlos. Creo que no bastan los buenos políticos y los buenos economistas. ¡Reza, México, a tu Reina!, para que puedas ser liberado de este naufragio. Esa Reina no ha devaluado su amor a México ni a los mexicanos, hoy los quiere como entonces, pero se necesitan millones de manos alzadas al cielo, millones de rodillas que toquen la tierra rezando, millones de lenguas y corazones que unan su voz y su amor en una oración gigantesca y sonora a la Reina de México, para que venga a auxiliarnos en esta hora difícil. Para los que tienen fe, hay un faro de esperanza en la Colina del Tepeyac que se llama Santa María de Guadalupe. El tesoro más rico que México y el mundo entero tiene es una tilma sencilla donde la Madre de Dios se pintó a sí misma para que al contemplarla oyéramos todos su dulce mensaje: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?” ROSAS EN EL TEPEYAC Las veo en la ladera del bosque; son grandes, muy variadas: Todas llevan en su cáliz perlas del rocío de la noche. Las ha plantado una mano celestial. La Madre de Dios tiene preferencia por las rosas de Castilla, le gustan las rosas. En su jardín del cielo debe haber plantado rosas a granel, y deben muchos ángeles cuidarlas con primor. Son las rosas de la Madre del Señor. “Rosas en mi jardín no hay ya, todas han muerto”, diría un día el poeta. ¡Qué tragedia! Mustios pétalos por el suelo es todo lo que queda de la gloria de las rosas. Habrá que pedirle a la dueña del Tepeyac algunos retoños de rosal de los que plantó en la colina para plantarlos en el jardín. Esos rosales siempre ostentan rosas, son frescas y hermosas; nunca se marchitan porque son de Ella. La imagen de Guadalupe está pintada con pétalos de rosa, con rocío de la noche, con amor materno. No importa que el lienzo sea lo más pobre, porque esa tilma recoge la obra maestra que un pincel grabó en ella. ¿Un serafín? ¿Sabía pintura la Virgen? Los de brocha de aquí abajo no aciertan a descifrar con qué arte de dibujo fue impresa tan magnífica pintura en una tela tan pobre.

Con María de Guadalupe

Autor: P. Fernando Pascual LC
Fuente: Catholic.net
La Iglesia en México, en América, en el mundo entero, tendrá siempre presente unas palabras de cariño: “¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?”

Lucas 1, 39-48.

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor. "Entonces dijo María: "Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava".

Reflexión

En el cruce de un camino, en lo alto de una iglesia, en la puerta de la casa, dentro de un coche, en un cuarto, en la pantalla de una computadora, se encuentra la imagen de la Virgen. De modo especial, encontramos su retrato guadalupano. El milagro de las apariciones en el Tepeyac nos recuerda lo que la Iglesia ha meditado durante siglos: que María está al lado de todos los creyentes, que no nos deja solos, que somos sus hijos, aunque a veces no nos portemos de verdad como cristianos. María, la Madre de Jesús, nos acompaña, nos sonríe, nos alienta en todos los lugares, en cualquier tiempo del año. En el momento del dolor y de la prueba, allí está Ella. En las alegrías y las esperanzas, allí está Ella. En un encuentro de familia, en la reunión de los amigos, en el trabajo o en la escuela, no puede faltar Ella. En el momento de la agonía, cuando llega la hora de recoger el equipaje para presentarnos ante Dios, María nos asiste y nos da fuerzas como la mejor de las madres. María es Madre: no puede olvidar a ninguno de sus hijos. Podremos ser malos, podremos vivir como vagabundos, podremos tal vez olvidar o renegar de nuestro nombre de cristianos. Ella continúa con su amor: espera que el rebelde, tarde o temprano, cansado o herido, vuelva a casa. Nos prepara la acogida de la esperanza y del amor: no quiere que le demos explicaciones. Le basta el vernos allí, de nuevo, en familia. La Iglesia en México, en América, en el mundo entero, tendrá siempre presente un cerro en el que la Virgen nos alentó con su cariño: “¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?” Son palabras que nos unen directamente al Calvario, cuando Cristo, el crucificado, le dijo a María: “He ahí a tu hijo”. Son palabras que nos alivian en las mil aventuras de la vida, en los peligros, en las pruebas, en los fracasos. María nos espera a todos, como a hijos. México estará muy cerca de Dios si sabe conservar, en la fe de cada mexicano, su amor a la Virgen, Nuestra Señora del Tepeyac. Cuando rompamos las fronteras de la muerte y encontremos al Dios de la justicia y del perdón, sentiremos en lo más profundo del corazón el cariño de María de Guadalupe. Un amor fiel, un amor fresco, un amor de Madre, en el tiempo y en la eternidad.

MADRE MIA!!!

MARIA INMACULADA

jueves, 4 de diciembre de 2008

María Inmaculada, redimida por preservación

1. La doctrina de la santidad perfecta de María desde el primer instante de su concepción encontró cierta resistencia en Occidente, y eso se debió a la consideración de las afirmaciones de san Pablo sobre el pecado original y sobre la universalidad del pecado, recogidas y expuestas con especial vigor por san Agustín.
El gran doctor de la Iglesia se daba cuenta, sin duda, de que la condición de María, madre de un Hijo completamente santo, exigía una pureza total y una santidad extraordinaria. Por esto, en la controversia con Pelagio, declaraba que la santidad de María constituye un don excepcional de gracia, y afirmaba a este respecto: "Exceptuando a la santa Virgen María, acerca de la cual, por el honor debido a nuestro Señor, cuando se trata de pecados, no quiero mover absolutamente ninguna cuestión, porque sabemos que a ella le fue conferida más gracia para vencer por todos sus flancos al pecado, pues mereció concebir y dar a luz al que nos consta que no tuvo pecado alguno" (De natura et gratia, 42).
San Agustín reafirmó la santidad perfecta de María y la ausencia en ella de todo pecado personal a causa de la excelsa dignidad de Madre del Señor. Con todo, no logró entender cómo la afirmación de una ausencia total de pecado en el momento de la concepción podía conciliarse con la doctrina de la universalidad del pecado original y de la necesidad de la redención para todos los descendientes de Adán. A esa consecuencia llegó, luego, la inteligencia cada vez más penetrante de la fe de la Iglesia, aclarando cómo se benefició María de la gracia redentora de Cristo ya desde su concepción.
2. En el siglo IX se introdujo también en Occidente la fiesta de la Concepción de María, primero en el sur de Italia, en Nápoles, y luego en Inglaterra.
Hacia el año 1128, un monje de Canterbury, Eadmero, escribiendo el primer tratado sobre la Inmaculada Concepción, lamentaba que la relativa celebración litúrgica, grata sobre todo a aquellos "en los que se encontraba una pura sencillez y una devoción más humilde a Dios" (Tract. de conc. B.M.V., 1-2), había sido olvidada o suprimida.
Deseando promover la restauración de la fiesta, el piadoso monje rechaza la objeción de san Agustín contra el privilegio de la Inmaculada Concepción, fundada en la doctrina de la transmisión del pecado original en la generación humana. Recurre oportunamente a la imagen de la castaña "que es concebida, alimentada y formada bajo las espinas, pero que a pesar de eso queda al resguardo de sus pinchazos" (ib., 10).
Incluso bajo las espinas de una generación que de por sí debería transmitir el pecado original -argumenta Eadmero-, María permaneció libre de toda mancha, por voluntad explícita de Dios que "lo pudo, evidentemente, y lo quiso. Así pues, si lo quiso, lo hizo" (ib.).
A pesar de Eadmero, los grandes teólogos del siglo XIII hicieron suyas las dificultades de san Agustín, argumentando así: la redención obrada por Cristo no sería universal si la condición de pecado no fuese común a todos los seres humanos.
Y si María no hubiera contraído la culpa original, no hubiera podido ser rescatada. En efecto, la redención consiste en librar a quien se encuentra en estado de pecado.
3. Duns Escoto, siguiendo a algunos teólogos del siglo XII, brindó la clave para superar estas objeciones contra la doctrina de la Inmaculada Concepción de María.
Sostuvo que Cristo, el mediador perfecto, realizó precisamente en María el acto de mediación más excelso, preservándola del pecado original.De ese modo, introdujo en la teología el concepto de redención preservadora, según la cual María fue redimida de modo aún más admirable: no por liberación del pecado, sino por preservación del pecado.
La intuición del beato Juan Duns Escoto, llamado a continuación el "doctor de la Inmaculada", obtuvo, ya desde el inicio del siglo XIV, una buena acogida por parte de los teólogos, sobre todo franciscanos.
Después de que el Papa Sixto IV aprobara, en 1477, la misa de la Concepción, esa doctrina fue cada vez más aceptada en las escuelas teológicas.Ese providencial desarrollo de la liturgia y de la doctrina preparó la definición del privilegio mariano por parte del Magisterio supremo.
Ésta tuvo lugar sólo después de muchos siglos, bajo el impulso de una intuición de fe fundamental: la Madre de Cristo debía ser perfectamente santa desde el origen de su vida.
4. La afirmación del excepcional privilegio concedido a María pone claramente de manifiesto que la acción redentora de Cristo no sólo libera, sino también preserva del pecado.
Esa dimensión de preservación, que es total en María, se halla presente en la intervención redentora a través de la cual Cristo, liberando del pecado, da al hombre también la gracia y la fuerza para vencer su influjo en su existencia.
De ese modo, el dogma de la Inmaculada Concepción de María no ofusca, sino que más bien contribuye admirablemente a poner mejor de relieve los efectos de la gracia redentora de Cristo en la naturaleza humana.
A María, primera redimida por Cristo, que tuvo el privilegio de no quedar sometida ni siquiera por un instante al poder del mal y del pecado, miran los cristianos como al modelo perfecto y a la imagen de la santidad (cf. Lumen gentium, 65) que están llamados a alcanzar, con la ayuda de la gracia del Señor, en su vida.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Naturaleza del culto mariano

1. El concilio Vaticano II afirma que el culto a la santísima Virgen «tal como ha existido siempre en la Iglesia, aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración, que se da al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, pero lo favorece muy poderosamente» (Lumen gentium, 66).
Con estas palabras la constitución
Lumen gentium reafirma las características del culto mariano. La veneración de los fieles a María, aun siendo superior al culto dirigido a los demás santos, es inferior al culto de adoración que se da a Dios, y es esencialmente diferente de éste. Con el término «adoración» se indica la forma de culto que el hombre rinde a Dios, reconociéndolo Creador y Señor del universo. El cristiano, iluminado por la revelación divina, adora al Padre «en espíritu y en verdad» (Jn 4, 23). Al igual que al Padre, adora a Cristo, Verbo encarnado, exclamando con el apóstol Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20, 28). Por último, en el mismo acto de adoración incluye al Espíritu Santo, que «con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria» (DS, 150), como recuerda el símbolo niceno-constantinopolitano.
Ahora bien, los fieles, cuando invocan a María como «Madre de Dios» y contemplan en ella la más elevada dignidad concedida a una criatura, no le rinden un culto igual al de las Personas divinas. Hay una distancia infinita entre el culto mariano y el que se da a la Trinidad y al Verbo encarnado.
Por consiguiente, incluso el lenguaje con el que la comunidad cristiana se dirige a la Virgen, aunque a veces utiliza términos tomados del culto a Dios, asume un significado y un valor totalmente diferentes. Así, el amor que los creyentes sienten hacia María difiere del que deben a Dios: mientras al Señor se le ha de amar sobre todas las cosas, con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente (cf. Mt 22, 37), el sentimiento que tienen los cristianos hacia la Virgen es, en un plano espiritual, el afecto que tienen los hijos hacia su madre.
2. Entre el culto mariano y el que se rinde a Dios existe, con todo, una continuidad, pues el honor tributado a María está ordenado y lleva a adorar a la santísima Trinidad.
El Concilio recuerda que la veneración de los cristianos a la Virgen «favorece muy poderosamente» el culto que se rinde al Verbo encarnado, al Padre y al Espíritu Santo. Asimismo, añade, en una perspectiva cristológica, que «las diversas formas de piedad mariana que la Iglesia ha aprobado dentro de los límites de la doctrina sana y ortodoxa, según las circunstancias de tiempo y lugar, y según el carácter y temperamento de los fieles, no sólo honran a la Madre. Hacen también que el Hijo, Creador de todo (cf. Col 1, 15-16), en quien "quiso el Padre eterno que residiera toda la plenitud" (Col 1, 19), sea debidamente conocido, amado, glorificado, y que se cumplan sus mandamientos» (
Lumen gentium, 66).
Ya desde los inicios de la Iglesia, el culto mariano está destinado a favorecer la adhesión fiel a Cristo. Venerar a la Madre de Dios significa afirmar la divinidad de Cristo, pues los padres del concilio de Éfeso, al proclamar a María Theotókos, «Madre de Dios», querían confirmar la fe en Cristo, verdadero Dios.
La misma conclusión del relato del primer milagro de Jesús, obtenido en Caná por intercesión de María, pone de manifiesto que su acción tiene como finalidad la glorificación de su Hijo. En efecto, dice el evangelista: «Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos» (Jn 2, 11).
3. El culto mariano, además, favorece, en quien lo practica según el espíritu de la Iglesia, la adoración al Padre y al Espíritu Santo. Efectivamente, al reconocer el valor de la maternidad de María, los creyentes descubren en ella una manifestación especial de la ternura de Dios Padre.
El misterio de la Virgen Madre pone de relieve la acción del Espíritu Santo, que realizó en su seno la concepción del niño y guió continuamente su vida.
Los títulos: Consuelo, Abogada, Auxiliadora, atribuidos a María por la piedad del pueblo cristiano, no oscurecen, sino que exaltan la acción del Espíritu Consolador y preparan a los creyentes a recibir sus dones.
4. Por último, el Concilio recuerda que el culto mariano es «del todo singular » y subraya su diferencia con respecto a la adoración tributada a Dios y con respecto a la veneración a los santos.
Posee una peculiaridad irrepetible, porque se refiere a una persona única por su perfección personal y por su misión.
En efecto, son excepcionales los dones que el amor divino otorgó a María, como la santidad inmaculada, la maternidad divina, la asociación a la obra redentora y, sobre todo, al sacrificio de la cruz.
El culto mariano expresa la alabanza y el reconocimiento de la Iglesia por esos dones extraordinarios. A ella, convertida en Madre de la Iglesia y Madre de la humanidad, recurre el pueblo cristiano, animado por una confianza filial, a fin de pedir su maternal intercesión y obtener los bienes necesarios para la vida terrena con vistas a la bienaventuranza eterna.
Saludos
Me complace saludar ahora a los peregrinos de lengua española. De modo particular, a las Religiosas Misioneras de Santo Domingo, a los miembros del Institut industrial de Terrassa, a los fieles de Oropesa, España, así como a los demás grupos de México, Argentina y Costa Rica. A todos os invito a acudir con confianza a María, Madre de la Iglesia y Madre de la humanidad, mientras os imparto con afecto la bendición apostólica.
(En italiano)Como sabéis, el domingo pasado proclamé Doctora de la Iglesia a santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. A vosotros, queridos jóvenes, la propongo como auténtica maestra de fe y de vida evangélica; a vosotros, queridos enfermos, como modelo de sufrimiento cristiano; y a vosotros, queridos recién casados, como ejemplo de amor vivido en la existencia diaria.

viernes, 21 de noviembre de 2008

FESTIVIDAD de la SANTÍSIMA VIRGEN MEDIANERA de TODAS LAS GRACIAS

La mediación universal de la Santísima Virgen María es una doctrina que parece deducirse cada día más claramente de la enseñanza tradicional de la Iglesia. Hasta tal punto está ligada la solicitud maternal de María por todo el género humano a la misión redentora de su Hijo, que forma un todo con ella, y se extiende a todas las gracias que nos ha adquirido Cristo. La fiesta de María Medianera de todas las gracias la instituyó el papa Benedicto XV en 1921; en ella se nos invita a recurrir siempre con confianza a esta mediación incesante de la Madre del Salvador.
1.- LA SANTISIMA VIRGEN ES MEDIADORA
Reconocer a María como mediadora es una consoladora y entrañable verdad que aparece ya desde la primitiva cristiandad. Los Padres de la Iglesia la comparan con Eva; ésta primera mujer fue causa de la muerte y María es presentada como causa de la vida.
La Virgen María es Mediadora entre Dios y los hombres, en cuanto que Ella presenta a su Hijo los bienes y súplicas de nosotros a Dios y, a la vez, transmite la vida divina que se nos ofrece en Cristo Jesús.
Hay que saber, sin embargo, que la mediación de Cristo es única en cuanto que es por virtud propia y exclusiva. Como dice san Pablo: "Porque uno es Dios y uno también el mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Tim. 2,5). En cambio, la mediación de María es, por voluntad de Jesús, participada y subordinada a la de Cristo, pero es verdadera mediación: en virtud de su Maternidad divina que establece una especial unión con la Trinidad, y en virtud de su Maternidad espiritual que establece una relación especial con todos los hombres. Así, es Mediadora en cuanto que se encuentra sirviendo de lazo de unión entre dos extremos: Dios y los hombres (Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, nn.38-42).
Dice Santo Tomás que nada impide que existan entre Dios y los hombres, por debajo de Cristo, mediadores secundarios que cooperen con Él de una manera dispositiva o ministerial; es decir, disponiendo a los hombres a recibir la influencia del mediador principal o transmitiéndosela, pero siempre en virtud de los méritos de Jesucristo (S. Th., III, 26, a.1).
En el Antiguo Testamento eran mediadores los profetas y los sacerdotes del orden levítico. En el Nuevo Testamento son mediadores los Sacerdotes, como ministros del Mediador su­premo, pues en su nombre ofrecen el Sacrificio del altar y administran los Sacramentos. La Iglesia enseña que también María es Mediadora en virtud de su plena asociación a la Obra redentora de su Hijo.

1.1 Errores sobre su mediación
Los principales errores sobre la mediación de María provienen de las doctrinas protestantes y jansenistas.
Los protestantes. Estos, citando el texto paulino: "Uno sólo es el mediador entre Dios y los hombres" (1 Tim. 2,5), niegan toda posible mediación creada, sea de la Virgen, de los Sacerdotes o de los Santos.

Ciertamente, Cristo es el único Mediador entre Dios y los hombres, pero ello no impide que haya otros mediadores secundarios. El Señor quiso asociar estrechamente a su Madre en la tarea de la reparación del género humano. Por eso, María es Corredentora y de ahí también proviene su función de Mediadora. En el caso de los sacerdotes católicos, éstos ejercen su oficio ministerial, sobre todo, en el Sacrificio de la Misa y en el sacramento de la Reconciliación, actuando "in Persona Christi" (en la Persona de Cristo); es decir, son "ipse Christus" (el mismo Cristo). Esta semejanza explica o da razón del lugar propio que tienen, como mediadores, entre Dios y los hombres.
Los jansenistas. Ellos reducen la mediación de María a un mero papel de orante en favor de los hombres, igual que lo sería el papel de los santos en el cielo como intercesores.
El poder de intercesión de los santos es proporcional a su grado de gloria (S.Th. II-II, q.83, a.2). Si María tiene la plenitud de la gracia y el mayor grado de gloria, su poder de intercesión es incomparablemente superior a todos los santos. Pero, además, por su función de Corredentora es mediadora y, por lo mismo, su poder de intercesión es omnipotente (. Conc. de Trento, DZ. 984; Conc. Vat. II, Lumen gentium, n.66).

El Magisterio De La Iglesia
De las abundantes citas y declaraciones de la Iglesia, sobre la mediación de María, a modo de ejemplo, destacamos las siguientes:

Pío IX, Bula Ineffabilis Deus;
León XIII, Enc. Fidentem piunique;
San Pío X, Enc. Ad diem illum;
Pío XI, Enc. Caritate Christi compulsi;
Benedicto XV, que aprobó el Oficio y la Misa de Santa María Mediadora de todas las gracias (S.C. de Ritos, 21-I.­1921).
El Concilio Vaticano II, en su Constitución dogmática Lumen gentium, capítulo VIII, números 60 a 62.


Maria Es Dispensadora Universal De Todas Las Gracias
La Santísima Virgen es Dispensadora universal de todas las gracias, tanto por su divina Maternidad: que las obtiene de su Hijo, como por su Maternidad espiritual: que las distribuye entre sus otros hijos, los hombres. Esto lo hace subordinada a Cristo, pero de manera inmediata. Y ello por una específica y singular determinación de la voluntad de Dios, que ha querido otorgar a María esta doble función: ser Corredentora y Dispensadora, con alcance universal y para siempre (San Pío X, Enc. Ed diem illum, 09-II-1904).
San Bernardo decía: "Dios quiso que nada consiguiéramos que no nos viniera por manos de María" (Sermo in Nativitate, Sermo 3,10).

Razones Teológicas
La intercesión universal de María se desprende tanto de su cooperación a la Encarnación como a la Redención, y por su íntima relación con la Iglesia. Esto se explica por las siguientes razones:

v Si María por la Encarnación nos ha dado la Fuente de todas las gracias (Cristo), es lógico que también coopere en la distribución de todas ellas;
v Sí María por ser Corredentora es Madre espiritual de todos los hombres, es conveniente que por su intercesión cuide de la vida sobrenatural de todos sus hijos;
v si María es Madre de la Iglesia, y toda gracia se comunica por la Iglesia, es lógico que toda gracia del cielo pase por sus manos.

Frecuentemente el Magisterio de la Iglesia y la Tradición designan a María con el título de omnipotencia suplicante, porque desde el cielo sigue intercediendo por nosotros, como lo hizo en las Bodas de Caná (Juan 2,5), y con una intercesión eficacísima para obtenernos las gracias ante Dios, de manera que nuestra Madre no pide nunca una gracia que no se obtenga. Sí éstas, a pesar de su intercesión no se logran, será por las pocas o inadecuadas disposiciones del sujeto humano para quien estaban destinadas.
Recordemos aquella locución a Santa Teresa de Ávila: "Teresa, Yo quise, pero los hombres no quisieron"

Su Poder De Intercesión En La Tierra Y En El Cielo
Su intercesión, durante su vida:
v ;A través de Ella santifica Jesús al Precursor, el Bautista;
v por Ella se confirma la Fe de los discípulos en Caná de Galilea;
v por Ella se confirma la Fe de San Juan en el Calvario;
v Ella sostiene la Fe vacilante de los discípulos hasta Pentecostés;
v a Ella desciende el Espíritu Santo junto con los Apóstoles.

Su intercesión en el cielo
La Virgen desde el cielo en su calidad de Madre espiritual de todos los hombres, más que la mejor de las madres, conoce todas las necesidades materiales y espirituales de sus hijos y, en especial, de todo lo que se relaciona con su salvación eterna. Por su inmensa caridad ruega por nosotros y, como es todopoderosa ante el corazón de su Hijo por el mutuo amor que les une, nos obtiene todas las gracias que recibimos, todas las gracias que llegan a quienes no quieren obstinarse en el mal (. Pablo VI, Exh. Ap. Signum magnum, 1976).



Acuérdate,
Oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir, que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia, y reclamando tu socorro, haya sido abandonado por ti.
Animado con esa confianza, a ti acudo, Madre, la más excelsa de las vírgenes; a ti vengo, a ti me acerco, yo, pecador contrito. Madre del Verbo, no desprecies mis palabras, antes bien escúchalas y acógelas benignamente. Así sea.